Dónde, cómo y con qué juegan nuestros niños

Tiempo de lectura
2 minutes
Documentos

Dónde, cómo y con qué juegan nuestros niños

31 Mayo 2013
 0 recomendaciones
0 comentarios

Información destacada

  Autor/a:  
  Idioma/s:  

    Infancia - Juego - Socialización

    Las plazas  hace tiempo dejaron de ser un lugar seguro, los parques de diversiones, cada vez más mecanizados nos  propo­nen juegos  más  violentos, los edificios sugieren menos metraje en sus ambientes, no contamos con veredas, ni patios , ni galerías donde nuestros niños puedan jugar, correr al sol, e intercambiar  experiencias con sus amigos del barrio.

     

    Muchos de nosotros elegimos  irnos  a vivir a sitios retirados, provincias del interior del país, o country,  en la búsqueda de una vida más saludable, resignando la cercanía y los beneficios que suponen el vivir en una “gran ciudad”.

     

    Las jugueterías en respuesta a las series y publicidades masivas ofrecen juguetes mecanizados y rígidos ,  que en ocasiones duran en las manos de un niño indagador, casi minutos sin destruirse con la consiguiente frustración y castigo. Seguro reci­birá de alguna persona la crítica demoledora de “ ¿porque lo rompiste? ”, cuando en realidad no estaba hecho para que dure , ni juegue.  Es que no es un juguete pensado para que sea  didáctico, sólo su fin es comercial.

     

    Los patios escolares se han convertido en testigos de la expresión de raspaduras y golpes entre ellos. No hay rayuelas dibu­jadas en el piso, ni tableros de ajedrez, ni sogas para saltar. Y nuestros niños por falta de lugares para correr, despliegan allí casi de modo desaforado  esa actividad.

     

    Día tras día tienen miles de propuestas extracurriculares  que abundan,  la natación, los idiomas, los cursos de computa­ción, todos orientados para que produzcan más  y llenen su tiempo extraescolar. Todo muy valorable  cuando también hay espacio para que jueguen  libremente y generen  sus propios inventos. El juego es en sí mismo saludable y  contribuye a su crecimiento.  Juegan a aquello que “serán el día de mañana”, de por sí “el jugar  sólo y con otros es alimento”.

     

    La “ciudad de los hombres grises”(1), ya nos ha ganado, corremos contrareloj, sin disfrute de lo que vamos realizando. Todo tiene que ser rápido, eficiente y productivo. Cómo si hacerlo de otro , que puede ser más creativo,  no lograra los mis­mos resultados.

     

    Cuando hablamos de que aprendan un deporte los orientamos a la competencia, y no “a darle la mano al contrincante que gana”, tampoco a la superación personal.

     

    Y que sabemos del ”ponerle la cola al chancho”, y del “teléfono descompuesto”, del “juego de la oca”, de “vestir y desvestir a las muñecas”, de ver sus “caritas de asombros en la escucha de un cuento”. Nuestros niños ansían las play, las wi, los celu­lares entre otras cosas. Y no está  del todo mal, son la representación de lo que la tecnología nos ofrece y nosotros también usamos para comunicarnos rápidamente.  Cómo adultos somos responsables de reglarlo y darle el valor a cada cosa.

     

    Claro  es más  saludable  buscar  un justo  equilibrio, entre las cataratas de ofertas tentadoras que reciben a diario  desde todos los  medios de comunicación,  y lo que podamos trasmitirles nosotros en concordancia con una filosofía que valora “la riqueza del contacto genuino entre nosotros”, del vivir plenamente el  aquí y ahora”, del agradecer cada mañana a nuestra tierra por todo lo que nos dá, y así respetarla.

     

    Pocos  de nuestros niños comparten una tarde de café con leche, o  una chocolatada  con sus amigos, “no hay tiempo para eso”.  Nuestros niños comen palitos y  chizitos, productos todos elaborados  industrialmente, sentados frente al televisor,  viendo series que en pocos casos trasmiten valores como la solidaridad, la cooperación.  Ya no hacemos galletitas , ni ama­samos  con ellos, no tocamos instrumentos, ni escuchamos música juntos.  Dedicar un tiempo  para  todo eso “vale la pena”.

     

    Necesitamos acompañar  a nuestros niños  plenamente de un modo amoroso. Escuchar lo que tienen  para decirnos, fomen­tar  la expresión de sus necesidades y sentimientos. Se trata de “maternar, paternar, abuelar”, con todo nuestro ser, revi­sando a cada paso nuestras vivencias,   reflexionando en pos de revertir lo que  nos  duele y  hoy  afecta a  nuestros niños.

     

    Ellos  serán padres y madres mañana, es fortalecedor que hoy construyamos junto a ellos una infancia rica en experiencias compartidas en familia y con amigos, que dé lugar a espacios de creatividad y juego, “sobre todo de juegos”.

     

                  Lic. Liliana Calvo y Lic. Anabella Ossani*

    * Ambas son: La Directora del Grupo ConVivir y la Coordinadora del Área Psicoterapéutica de dicha Institución: www.convivirgrupo.com.ar

    (1) Personajes del cuento Momo de Michel Ende Editorial Alfaguara

    Patrocinados