Unas reflexiones personales acerca del trabajo con los sueños

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Unas reflexiones personales acerca del trabajo con los sueños

09 Diciembre 2014
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    1. REFLEXIONES.

    1.1. LA RESISTENCIA A LOS SUEÑOS: CONSCIENCIA YOICA Y CONSCIENCIA DEL SELF.

    Algo que siempre me ha impresionado del mundo de los sueños es la resistencia que la conciencia ordinaria ejerce sobre ellos. Esta resistencia se manifiesta primero en la dificultad de recordarlos; segundo en la facilidad con la que una vez recordados vuelven a ser olvidados; y tercero en la dificultad de otorgarles significación. Esto nos permite reflexionar sobre un hecho que aunque conocido, nos impacta aún más con el fenómeno de los sueños: como lo neurótico nos aparta de nuestra verdad más profunda y, sin embargo, y  al mismo tiempo del esfuerzo de esta verdad por llegar a nuestro yo desde un más allá de él, un más allá en ocasiones llamado self  (sí mismo, ser) desde el cual el sueño se erige en un reflejo sobre nuestra debilitada consciencia nocturna que va más allá del  yo y su autoconcepto… En un poema de Yorgos Seferis se citan los siguientes versos:

    El papel en blanco rígido espejo

    sólo devuelve lo que eres.

     

    El papel en blanco habla con tu voz,

    tu propia voz

    no con la que te agrada;

    tu música es la vida

    esa que has derrochado.

    Es posible, si quieres, recuperarla

    si te aferras a eso tan indiferente

    que te echa para atrás

    allí donde te pones en camino.

     

    Has viajado, has visto muchas lunas, muchos soles,

    has tocado muertos y vivos

    has sentido el dolor del muchacho

    y el gemido de la mujer

    la amargura del niño aún no maduro–

    lo que has sentido sin fundamento se derrumba

    si no confías en este vacío.

    Tal vez halles allí lo que creías perdido:

    el brote de la juventud, la zozobra certeza de la edad.

     

    Tu vida es lo que has dado

    ese vacío es lo que has dado

    un papel en blanco. [1]

     

    Evidentemente ese esfuerzo de reconocimiento de nuestra propia verdad, de nuestra propia voz como dice el poeta, no de la aparente, es el camino que los sueños nos ofrecen y que se constituye en un camino con un claro objetivo: el progresivo esclarecimiento de la conciencia ordinaria, entendida esta como una consciencia restringida y distorsionada.  E insisto en esa idea de consciencia ordinaria porque ella nos acerca a una visión que me resulta original. Y es que la existencia de los sueños y el testimonio que dan de la dinámica inconsciente pone de relieve que, en un estado como el del sueño, accedemos a una consciencia menos distorsionada que da cuenta y refleja más la totalidad de nuestro  ser.  Lo sorprendente es que los sueños dan testimonio de que esta consciencia ya está…  De que el espejo que refleja nuestro ser ya es,  tan sólo que en lo ordinario está perturbada por la consciencia yoica como una consciencia “conservadora” que sustenta el autoconcepto del yo.

    Es frecuente observar en terapia como un cliente que dice que sueña habitualmente, cuando se trabaja con él un sueño en sesión, en muchas ocasiones, los sueños dejan de recordarse… A menos que terapeuta y paciente no pongan especial fuerza en intentar que los sueños vuelvan a recordarse, estos pueden desaparecer por una larga temporada producto de esta censura que impone la consciencia ordinaria.

    1.2. SOBRE EL IMPACTO DE LOS SUEÑOS EN LA CONSCIENCIA: EL EMERGENTE DEL PRESENTE.

    Recordar y elaborar los sueños como reflejo en la conciencia de aquello que soy en cada instante modifica o transforma el yo. Creo que ese es uno de los fenómenos más sorprendentes del trabajo con sueños como diferencia de un trabajo más centrado sobre el yo que implica una noción más “muscular” del proceso terapéutico. El impacto del sueño se debe a un doble efecto: la revelación que ofrece  y la revelación que proviene de esa consciencia más amplia que nos llega del self (sí mismo, ser). Pero, y ese es un tema importante en el trabajo con los sueños, ese doble impacto causa transformación si es sostenido, si el trabajo con los sueños es regular y constante. No hay duda que el trabajo puntual de un sueño ofrece claridad… pero el efecto transformador, el efecto de cambio que proviene del propio inconsciente parece provenir del contacto comprometido con él. Los que trabajamos con nosotros mismos a través de los sueños sabemos de la importancia de la serie de sueños que durante un tiempo parece trabajar sobre un núcleo particular que es nuestro emergente vital… Su efecto es como el de un estilete o una perforadora, que poco a poco pero sin pausa va profundizando más y más hasta llegar al encuentro con esa verdad profundamente perturbadora y reveladora, y esencialmente sanadora, que nuestro self pulsa por hacernos llegar con su fuerza transformación.

    1.3. SOBRE LA FUNCIÓN CREATIVA DEL SELF.

    Uno de los aspectos más sorprendentes es apreciar aquello que se ha llamado dinámica de lo inconsciente. Es cierto que, en un primer nivel, el inconsciente está constituido por aspectos de la experiencia y de la personalidad que son reprimidos o negados (esta sería la aproximación más psicoanalítica y, en cierta manera, gestáltica en el sentido de reapropiación de aspectos alienados de la personalidad), pero también es cierto que el inconsciente parece tener una función creativa y directiva en relación con el yo como centro de conciencia (Jung). Eso se observa especialmente en las series de sueños y su manera de abordar el núcleo del asunto que tratan, así como en los sueños arquetípicos que nos introdujo Jung en referencia a ese estrato del inconsciente que llamó inconsciente colectivo y que constituye justamente una de las bases de la dimensión transpersonal en la concepción junguiana del self, única formulada como tal:

    … cuanto más consciente se vuelve uno de sí mismo gracias al autoconocimiento y los actos correspondientes, tanto más tenderá a desvanecerse ese estrato personal  inconsciente superpuesto a lo inconsciente colectivo. Este hecho se ve seguido por la aparición de  una conciencia que ya no está atrapada en el reducido universo egocéntrico de nuestra susceptibilidad personal y que participa en un  universo más amplio, el del objeto. Esta consciencia ampliada ya no es ese ovillo susceptible y egoísta de deseos, miedos, esperanzas y ambiciones personales que ha de ser compensado e incluso corregido por tendencias personales inconscientes de signo opuesto, sino una función vinculada con el objeto, con el mundo, que hace que el individuo entre en una relación de comunión incondicional, obligatoria e indisoluble de la realidad. Los problemas que surgen en este estadio ya no son conflictos egoístas entre deseos, sino dificultades que nos afectan tanto a mi como a mis semejantes. En último término los problemas los problemas propios de esta estadio son problemas colectivos que ponen en movimiento la dimensión colectiva de lo inconsciente, ya que tienen necesidad de una compensación no personal, sino colectiva.[2]

    2. APROXIMACIONES GESTÁLTICAS AL TRABAJO CON SUEÑOS.

    2.1. EL SUEÑO COMO MENSAJE EXISTENCIAL.

    Perls, en una aproximación parecida a la que Jung ya había formulado, considera el sueño como un mensaje existencial:

    ... el sueño ni es la realización de deseos ni una profecía de futuro. Para mí es un mensaje existencial, le dice al paciente que situación vive y esencialmente como cambiar la pesadilla de su existencia en un darse cuenta de qué lugar histórico ocupa en la vida. [3]

    Es decir que el sueño, en el mismo sentido que Jung también ya había propuesto, se transforma en uno de los vínculos que nuestro self (sí mismo, ser) establece con nuestro yo para realizar nuestro camino hacia la totalidad:

    En los sueños encontramos los huecos en la personalidad. Encontramos que la persona no tiene ojos o no tiene alma o piernas en las que apoyarse. Cualquier cosa que falte en el sueño falta en la existencia de esa persona. El sueño señala directamente lo que se evita para estar completo. [4]

    Podemos entender el devenir completo o el tender hacia la totalidad como aquello que Jung definió como Proceso de Individuación, aquel proceso por el cual un ser humano tiende a desarrollar su propia potencialidad, aquella que progresivamente le va llevando a andar su propio camino más allá de las convenciones sociales y colectivas en las que se halla inmerso:

    La individuación es un proceso de moldeado por el ideal arquetípico de la totalidad, que a su vez depende de la relación vital entre ego e inconsciente. El objetivo no es dominar la psicología personal, llegar a ser perfecto, sino familiarizarse con ella. Así, la individuación implica una creciente percepción de nuestra realidad psicológica única, incluyendo fortalezas y limitaciones personales, y al mismo tiempo una apreciación más profunda de la humanidad en general. [5]

    Serge Singer menciona este aspecto como un trabajo entre la polaridad de lo neurótico y lo sano:

    El trabajo sobre la gestalts inacabadas es un ejemplo típico de la atención que presta la terapia gestalt a las huellas del pasado que se convierten parásitos para el presente: no se trata de “deshacerse” por arte de magia de una carga interna embarazosa a través de una puesta en acción psicodramática, sino más bien de integrar este elemento pesado de la vida en un conjunto significativo, como si constituyera una de las polaridades de la existencia del cliente. [6]

    Ahora bien, por mi experiencia personal tanto en el trabajo con mis propios sueños desde hace ya veinte años, como con el de mis pacientes, creo que cabe precisar que la idea de mensaje existencial hay que referirla a que los sueños nos muestran en el presente del paciente el emergente psíquico a abordar o aquel con el que nos es más crítico familiarizarnos en relación a su proceso. Cuando se trabaja con los sueños de manera habitual no deja de sorprender esa función directiva y creativa que les guía y la manera con la que ese emergente psíquico es abordado a la luz de su clarificación progresiva en la conciencia hasta cristalizar en toda su intensidad y comprensión en lo que el psicoanalista Jean Michel Quinodoz llama sueños que vuelven una página, sueños clave en el proceso de integración de ese emergente en la psique del paciente...

    … estos sueños sorprenden a menudo al psicoanalista al manifestar con una claridad y una coherencia inhabituales la estructura de las fantasías inconscientes subyacentes a los conflictos intrapsíquicos de la persona que sueña; este se produce paradójicamente en el momento en que dichos conflictos están en vías de solución. En otras palabras, este tipo de sueños revela los aspectos fundamentales de la “matriz originaria de la fantasía”  (M y R Perron, 1986). Esta matriz ha permanecido inconsciente no sólo para  el paciente sino también para el psicoanalista hasta su aparición en el sueño: “Es como si viéramos aparecer el programa que ordena los datos que habitualmente son los únicos que vemos en una pantalla.[7]

    2.2. EL SUEÑO ES UNA PROYECCIÓN PSÍQUICA DEL SOÑANTE.

    Todos conocemos el mecanismo de la proyección como aquel por el que ponemos fuera aquello que nos es propio... La postura gestáltica respecto a los sueños es una extensión de ese mecanismo, y por el cual entendemos que todos los contenidos de un sueño son proyecciones del soñante, dicho lo cual, es por ello que también podemos entender que es precisamente este mecanismo de proyección el que transforma los contenidos del sueño y el sueño en sí mismo como símbolos en el sentido en el que este concepto se entiende psíquicamente:

    “todo fenómeno psicológico […] que dice y significa más cosas y otras cosas que las que dice y significa.” [8]

    Esta definición de símbolo en relación al mecanismo de la proyección, y esto es importante, cabe extrapolarla a los propios sueños y escenas de los sueños a los que podríamos considerar símbolos dinámicos, donde las escenas y el propio sueño constituyen escenas y tramas simbólicas que se caracterizan por la interrelación en un argumento de los elementos simbólicos que las caracterizan. Esa misma concepción nos permite reflexionar la serie de sueños – y esa es una hipótesis que propongo – como un gran escenario simbólico dinámico que da finalmente expresión a un núcleo esencial de nuestro guion inconsciente de vida en un momento dado, es decir, en el presente del paciente.

    El hecho de que consideremos los contenidos del sueño o el sueño mismo como una proyección psíquica del soñante ya nos adelanta una de las técnicas de trabajo implícitas en el trabajo con sueños: la reapropiación de la proyección, es decir, el hacer propio lo proyectado.

    Veamos a modo de ejemplo la siguiente escena de un sueño:

    Estoy en un ambulatorio, hospital o parecido. Sale gente de un ascensor y siento peligro. Corro por un pasillo hasta llegar a una  puerta. La abro y la entrecierro como para ocultarme y al mismo tiempo poder ver. . Me giro y de repente veo a un loco: pequeño, delgado, con una cara simiesca, melena larga y desaliñada… con un embudo en la cabeza… Todo su cuerpo realiza un movimiento constante y espasmódico en un pequeño espacio de una habitación vacía y aséptica. No parece haberse dado cuenta de que estoy allí. No sé como pero la puerta se cierra y siento miedo de estar allí con aquel ser. Sigue sin darse cuenta de mi presencia, ensimismado en sus cortos y espasmódicos movimientos de ida y vuelta. Espero y deseo que siga así. Misteriosamente, y sin saber cómo, la puerta se abre de nuevo. Miro cuidadosamente a su través y veo como sacan a una persona de su habitación. Presiento que las registran mientras vuelvo a ajustar la puerta, pero al contemplar de nuevo al loco, la vuelvo a abrir y salgo.

     

    El paciente, impactado por el personaje que aparece en esta escena, realizó el siguiente dibujo:

    Dibujo del paciente

    Veamos una parte del trabajo realizado, la identificación del paciente con el personaje del simio:

    T: Te conté el otro día que los personajes de un sueño son partes de uno mismo… Quiero que ahora te acerques y entres en ese personaje para ver con que te pone en contacto… poco a poco ve entrando en él… y habla como él, expresa lo que hay en ese personaje,

    S: Estoy triste… [Baja la cabeza]

    T: ¿Qué se siente triste en ti…?

    S: Que no puedo vivir…

    T: ¿Qué no puede vivir?

    S: Estoy encerrado en un hospital... También ahora veo que tengo aspecto animal y humano...

    T: ¿Qué dice tu parte animal?

    S: No puedo vivir... No puedo vivir, estoy agarrotada... [Su cuerpo se encoge]

    T: ¿Y tú parte humana?

    S: Sin ella yo también estoy encerrado, estoy incompleto.

    T: ¿Quiero que ahora pongas atención en tu cabeza de chimpancé… a ese embudo que llevas sobre la cabeza… qué te sugiere?

    S: Yo no estoy loco… [Dice con voz muy baja]  No estoy loco… [Se emociona visiblemente]

     

    El embudo al revés, curiosamente y a nivel simbólico, es un símbolo en ocasiones relacionado con la locura o con lo inadecuado (el mundo al revés).

     

    T: Bien, ahora quiero que digas lo mismo que has dicho aplicándotelo a ti mismo...

    S: Estoy triste... porque no puedo vivir... No puede vivir mi parte animal como sin ella tampoco lo hace mi parte humana...  Estoy encerrado en un hospital como un loco...  y  no estoy loco, no estoy loco...

    T: ¿A qué te suena esto de tí?

    S: Si... a que mi parte animal, mi parte más agresiva está muy reprimida... Si, y esto me pone triste.

     

    La piedra de la locura (El Bosco) y El Mago de Oz

    Vemos aquí el trabajo de identificación con el personaje del paciente y su dramatización con la posterior reapropiación de lo proyectado.

    Obviamente la afirmación de que el sueño y sus elementos son una proyección psíquica del soñante significa que el sueño habla del mundo interno del paciente. Es por ello que los emergentes que los sueños presentan son tan determinantes en el proceso terapéutico, puesto que nos indican que aspecto del mundo interno y que dinámicas de ese aspecto del mundo interno de nuestro paciente es fundamental de abordar en el momento presente.

     

    2.3. EL SUEÑO ES LA HIPÓTESIS.

    A diferencia de Freud, Jung ya postulo que un sueño dice lo que quiere decir:

    Los sueños no son creaciones deliberadas ni arbitrarias, sino fenómenos naturales que sólo son lo que pretenden ser. No engañan, no mienten, no distorsionan, ni disfrazan nada... Invariablemente buscan expresar algo que el ego no sabe y no comprende.[9]

    Esto es lo que hace que en Gestalt podamos decir que el sueño es una hipótesis de trabajo en la que el terapeuta interno (el self) le propone una hipótesis de trabajo a su paciente (el yo) y cuyo objetivo es aumentar su darse cuenta. La función del terapeuta externo no es más, si éste es un terapeuta gestáltico, que llevar a explorar a su paciente esta hipótesis y lograr su descodificación, puesto que como ya sabemos, el sueño se plantea como una proyección que transforma sus elementos en símbolos a descifrar.

    En terapia gestáltica, la expresión “trabajo de sueños” generalmente se emplea para hablar, no de la codificación del mensaje del sueño, sino de su decodificación. [10]

    Por lo tanto la función del terapeuta gestáltico con su paciente es trabajar en la decodificación del mensaje del sueño que esconde el material proyectado sobre las imágenes oníricas vistas así como símbolos. No obstante, quisiera indicar que, en ocasiones, el mensaje de los sueños puede ser sumamente directo como, por ejemplo, lo fue el mensaje del siguiente sueño que tuvo para mí un profundo impacto:

    Me hallo en una especie de claustro paseando al lado de C. G. Jung. Le estoy explicando que el año que viene deseo ir a profundizar su psicología en Khusnat (sede del Instituto C.G. Jung, cerca de Zurich)... Le pido entonces si él puede hacerme una carta de recomendación... Jung se para y mirándome me dice que sí, que él puede hacerme una carta y, literalmente, añade: pero una carta acerca de quién eres tú, no sobre lo que sabes.

    Huelgan las palabras para “decodificar” el mensaje de este sueño... Oír pronunciada la frase “una carta acerca de quién eres tú, no sobre lo que sabes” a través de la imagen del propio Jung (proyección de la figura del viejo sabio en mi inconsciente) fue suficiente para llevarme a reflexionar unas cuantas cosas sobre mí. En ese sentido fue interesante también mi identificación con el claustro, cuya etimología latina claudere se traduce por cerrar o también por clausura y su relación con la vida monacal y que me recordó en muchos sentidos el trabajo de reconciliación, que luego ha sido uno de mis grandes trabajos en la vida entre conocimiento y experiencia, entre retiro y contacto.

    2.31. Sobre el trabajo parcial de un sueño o sobre su trabajo global

    Desde la consideración de que el sueño es una hipótesis en sí mismo yo soy partidario de trabajar un sueño en su integridad. Centrarse en una parte del sueño puede ser interesante pero corre el riesgo de sesgar su significado más extenso: el significado de un sueño se halla en su integridad. En ocasiones se dice que al ser demasiado largo un sueño no puede trabajarse en una misma sesión… Nada impide trabajarlo en dos sesiones o tres si son necesarias. En ocasiones el trabajo extenso sobre un sueño completo puede ser sumamente revelador para un paciente como he comprobado en diversas ocasiones.

    2.4. EL SUEÑO COMO ESTRUCTURA DRAMÁTICA.

    Ya Freud se apercibió de la estructura dramática de los sueños, es decir, de su organización como si de una pieza teatral se tratara. Salomon Resnick, psicoanalista, dice en su libro “El teatro de los sueños”:

    El sueño es una representación en la que todos los actores forman parte del mundo del soñante, el cual ante la multiplicidad de sus papeles, se convierte, a la vez, en escenógrafo y en público. El sueño es una representación ante sí mismo... Lo mismo que en el teatro, los preparativos de la puesta en escena constan de toda una serie de experiencias perceptivas e imaginativas del estado de vigilia: en la escena van a aparecer varios lugares verdaderos o imaginarios, pero el escenógrafo añadirá sus “ideas”, las transformará y adaptará al argumento del sueño.[11]

    Freud destacó los elementos propios de una estructura dramática como son las escenas del sueño con sus escenarios  así como con sus personajes y acciones desarrolladas.

    Jung también lo vio así aunque se centró más en la dinámica de la estructura dramática destacando así la localización, la intriga y el desenlace del sueño así como de sus escenas, mientras que Perls llevó este elemento dramático aun con más consecuencia al llevar al sueño a su representación por parte del cliente asumiendo e interpretando todas las partes que se contienen en él para así reapropiarse de sus partes proyectadas en ellas como partes alienadas de su yo:

    Creo que cada parte del sueño es una parte de uno mismo no solamente el protagonista, sino cada detalle, cada matiz afectivo... hago representar al paciente todos los papeles, porque sólo representándolos puede llegar a la identificación total, y sólo la identificación contrarresta la alienación. [12]

    3. UNA CONSIDERACIÓN FINAL.

    Quizá por todo esto que llevo dicho hasta ahora, el camino del que los sueños pueden ser guía, espíritu tutelar, lleva implícitamente el desarrollo de una actitud fundamental: la humildad. Y evidentemente no se trata aquí del ideal de humildad como virtud cristiana, sino más bien del que se deriva del taoísmo, cuya fuerza se manifiesta por ejemplo en estos dos textos que aparecen como comentarios del I Ching alrededor de la modestia y la pérdida de importancia (la merma del I Ching):

    La verdadera modestia se manifiesta con vigor poniendo orden, y en ese sentido se comenzará con el propio yo antes de empezar con la acción exterior.

    Cuando se quiere servir a los demás, es necesaria una noble conciencia de sí mismo y una consecuente e intransigente seriedad para consigo mismo.[13]

    Efectivamente, la humildad en el taoísmo se refiere a una exquisita comprensión del lugar que ocupo en cada momento… ¿Y no es acaso eso lo que continuamente están haciendo los sueños sobre nuestra conciencia ordinaria, sobre nuestro enmarcado – encorsetado - yo? Los sueños compensan tanto las actitudes inflacionadas como deflacionadas y constantemente intentan corregir nuestra desocupación del lugar en el que estamos.

    También la humildad se refiere a la pérdida de la importancia. Y en este sentido la prueba definitiva para el yo es el abandono del control neurótico dejando que su yo sea configurado por algo que no es el mismo yo:

    El sabio ve las partes con compasión,

    Porque comprende todo.

    Su práctica constante es la humildad.

    No resplandece como una joya

    Sino que deja que el Tao le de forma,

    Tan fuerte y común como una piedra.[14]

     

    Por eso hay ese convencimiento de que el logro es producto de un largo y perseverante dejarse “afectar” por algo que mí yo no controla, y que, no obstante,  me modifica:

    …aquello que ha requerido una prolongada acción y efecto, aparece como obvio y fácil.[15]

    La versión literaria de esta frase la tenéis en el texto que pronuncia el maestro del “Mago de Terramar”:

    ... a medida que un hombre adquiere más poder y sabiduría, se le estrecha el camino, hasta que al fin no elige, y hace pura y simplemente lo que tiene que hacer...

    ¿Y no es ese acaso el trabajo que el inconsciente (o la consciencia del self) va realizando sobre nuestro yo?[16]

     

     

    [1] Seferis, Yorgos. Poesía Completa. Alianza editorial, pág.

    [2] Jung, C. G. Los símbolos y la interpretación de los sueños. Obra Completa Vol. 18, par. 275. Podéis encontrar este comentario en el libro de C. G. Jung y otros autores “El hombre y sus símbolos”, del que hay versiones muy económicas.

    [3] Perls F. Terapia gestalt y las potencialidades humanas, pág. 18

    [4] Baumgardner, P. y Perls, F. Terapia Gestalt; teoría y práctica. Editorial el árbol, México, pág. 173

    [5] Sharp, D. Lexicón junguiano. Cuatro Vientos Editorial, pág. 107

    [6] Singer, S. Terapia gestalt una terapia de contacto, pág.

    [7] Quinodoz, Jean Michel. Sueños que vuelven la página. Sueños integrativos de contenido paradójico regresivo. Psicoanálisis, Biblioteca Nueva. Pág. 21

    [8] Jung, C. G. Tipos psicológicos. Ver definiciones: símbolo, par. 904 Edhasa.

    [9] Jung, C. G. Psicología analítica y educación. Obras completas Vol. XVII, par.

    [10] Naranjo, Claudio. La vieja y novísima gestalt. Cuatro Vientos Editorial, pág. 165

    [11] Salomón Resnick. Teatros del sueño. Pág. 21

    [12] Ver nota 4, pág. 172

    [13] Wilhem, Richard. I Ching. Pocket Edhasa.

    [14] Tzé, Lao. Tao Te King. Pocket Edhasa.

    [15] Ver nota 13.

    [16] Leguin, Úrsula K. El Mago de Terramar. Edit. Minotauro.

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