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Llamando (A) la atención (DEL) otro

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Llamando (A) la atención (DEL) otro

02 Febrero 2021
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“¿Cuál es entonces la función del sufrimiento prolongado frecuente en los seres humanos? Vamos a arriesgarnos a suponer que es para incitarnos a dirigir nuestra atención al problema presente inmediato” (PHG, página 173)

Hay un tema relacionado con las niñas y niños que se repite bastante en la vida diaria y también en mi consulta. En muchas ocasiones los adultos dicen que un niño/a está llamando la atención. Es una expresión bastante frecuente que se expresa, en mi opinión, cuando existe alguna conducta llamativa por parte de un menor sobre la que no se encuentra sentido o explicación clara. Este “está llamando la atención” se ha convertido en un atajo del pensamiento, en una frase hecha tan tópica como otras “el niño es hiperactivo” que se convierte en una pantalla que impide ver que hay más allá.

Desde la teoría de la comunicación son necesarios tres elementos para que esta exista: un emisor, un receptor y un mensaje. La expresión “el niño llama la atención” habla de un emisor claro, pero no aclara nada sobre quién es el receptor ni sobre el mensaje que contiene su llamada. Es decir, nos deja mucha información importante por descubrir.

Creo que si introducimos unas pequeñas variaciones en esta expresión nos vamos a aproximar más claramente al sentido de esta acción. Podríamos decir “ella o él está llamando A la atención DE. Lo hace para llamar  A la atención DE alguien. Como cuando escribimos una carta o un email y colocamos en el asunto A/A (a la atención de) una persona determinada, para que quede claro a quién va dirigida y que sea ella y no otra persona quien reciba y lea el contenido. Es decir esa llamada, ese mensaje busca un receptor ya que desde el punto de vista de la Terapia Gestalt “no existe ninguna función animal que se complete a sí misma sin objetos y entorno”. (PHG, página 6).

 Otro punto importante a resolver es PARA QUÉ emite su mensaje, qué deseo, necesidad o intención va con él.

El niño necesita atención para comprender su intención. Necesita ser atendido para ser entendido. Es decir llama a la atención del otro, más que llamar la atención simplemente.

Porque es con el OTRO que puede ENTENDER-SE, de forma reflexiva, (a sí mismo a través del reflejo que le devuelve el OTRO) y ser ENTENDIDO.

Necesitamos atenderle para entenderle. Solo así lo que IN-SISTE podrá EX-ISTIR y transformarse. Solo así podremos abrir la puerta a su llamada. En el llamar  a la atención, ese a  habla de algún otro, habla a algún otro al que alcanzar. Porque las preposiciones nos relacionan con el mundo (a otro, ante otro, contra algo, para algo o para alguien, etc). La preposición es una proposición al entorno. Y en el caso de una llamada, de una intención comunicativa, la preposición se termina convirtiendo en una proposición al receptor para que dé una respuesta.

Una llamada que se repite insistentemente y con fuerza es señal de la urgencia con que debe ser atendida y descifrada, la repetición es una invitación constante a la reparación y a la resolución. “Cualquier situación inacabada muy apremiante asume la dominancia y moviliza todos los esfuerzos disponibles hasta que la tarea se complete” (PHG, página 63).

El mensaje de un niño generalmente va dirigido a sus padres o a uno de ellos, son ellos los responsables de entender y hacerse cargo de la situación. Si no son capaces de ello, hacer terapia  podría ayudar a ser más conscientes y dar nuevas respuestas eficaces. “la relación sentida como perturbada, es irreductible a las partes. El hijo y los padres, por lo tanto, deben ser tratados juntos”. (PHG, página 167).

He podido observar como en algunas de las llamadas “rabietas”, lxs niñxs  de repente  se quedan lamentándose y mirando alrededor, a un lado y otro, buscando a alguien que le pueda ayudar a salir de ese estado, de esa situación. Parecen estar pidiendo guía, apoyo y contención para manejar y regular un sentimiento del que no son capaces de salir solos.

En ocasiones los padres se sienten impotentes, perdidos y temerosos ante esta situación que no comprenden. El miedo puede paralizarles y la frustración les puede llevar en ocasiones a una respuesta agresiva, lo que retroalimenta la rabia de su hijo. Pero si son capaces de manejar estos sentimientos y de ser conscientes de la llamada que su hijo les hace podrán poner en marcha su responsabilidad (habilidad de responder) y contestarle adecuadamente.

Así serán capaces de contactar con él más plenamente, mirarle, que se sienta visto y les vea. Podrán usar mensajes más claros, darle contención y ayudarle a regularse emocionalmente, que era lo que él-con su llamada- desesperadamente les pedía. Se ajustarán de modo creativo a la situación, con lo cual serán capaces de transformarla.

 

David Boix García

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