Algunos comentarios sobre el espíritu de guerra

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Algunos comentarios sobre el espíritu de guerra

20 Mayo 2013
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    Escrito en 1962 para una conferencia en la universidad de Columbia, es notable cómo el pensamiento de Goodman es relevante para los eventos del mundo, incluso 40 años después. En el momento en que esta conferencia fue escrita, Goodman se encontraba aún practicando la terapia gestalt, aunque de forma limitada. Cuando aceptó ser co-autor (con Perls y Herfferline) de Gestalt Therapy: Excitement and Growth in the Human Personality, Goodman era relativamente desconocido. Cuando este ensayo apareció en Drawing the Line: un panfleto, Goodman había alcanzado la cúspide de su fama como autor de Growing Up Absurd (edición en castellano: Problemas de la Juventud en la Sociedad Organizada. Ediciones Península). Nuestro agradecimiento a Frank-M. Stammler por brindarnos, una vez más, esta pieza clásica de Goodman. El Dr. Stammler asumirá la dirección editorial de The Gestalt Journal al iniciar la primavera, publicado en 2002.

    Joe Wynsong

    Editor

    The Gestalt Journal

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    En un perturbador estudio de los efectos paralizantes del espíritu de guerra y los preparativos de guerra: The arms race as an aspect of popular culture ("La carrera armamentista como un aspecto de la cultura popular"), el profesor Robert Engler de Columbia nos advierte de la dislocación de los científicos y la formación profesional; la dislocación del patrón normal de la economía y la industria; del creciente espíritu del estado de sitio: censura, propaganda embustera, la infiltración de los militares (retirados) al sistema industrial; la locura competitiva de avances en armamentos y la carrera espacial; la asombrosa distorsión de los valores de la comunidad en los negocios del sector privado. La gente acepta el menoscabo progresivo de las reducidas libertades civiles. Existe distorsión incluso en los juegos y los sueños de los niños.

    Debemos también formularnos la pregunta opuesta: ¿por qué la gente es susceptible? ¿Qué, en nuestra sociedad y cultura, hace que esta tendencia sea posible? ¿Qué parálisis en la administración pública permite que estos preparativos se conviertan en letales? Éste es un cuestionamiento muy útil, porque en la medida en que podemos responderlo podemos tratar de sustraer la energía de las condiciones y sentimientos que acechan en el fondo del espíritu actual.  

    Las ventajas económicas de la guerra fría (para algunos) deben ser mencionadas en primer lugar. Y podemos usar la política económica como un índice infalible de la posición secreta del gobierno en Washington. El gobierno puede manifestarse escandalosamente como desee ante la gente del mundo diciendo que quiere el desarme a través de inspecciones, etc; pero mientras no existan planes económicos reales y preparativos que se estén efectuando para reconvertir la industria en útil [NdTT: Goodman exponía que la industria de su epoca - y la actual - era inútil, enfocada en el consumismo y no en las necesidades] para tiempos de paz y ocuparse de la pérdida de empleo que supondría el desarme, no podemos creer en el gobierno. No existen tales planes y preparativos, aunquehay una agencia para el desarme, y aunque el profesor Melman les ha propuesto una filosofía en The Peace Race ("La carrera pacifista").

    John Ullman de Hofstra ha demostrado que incluso aparte del presupuesto, nuestra estructura política, en sí misma, nos predispone para el espíritu de guerra; pues combina los prejuicios y la regimentación, el fariseísmo y la violencia. Y todos los estudios del actual régimen en Washington muestran que éste se ha convertido en una inmensa máquina para librar la guerra fría. Incluso los intereses económicos creados deben sucumbir, para que el gobierno pueda crear o arruinar una empresa mediante la manipulación de los contratos armamentísticos.

    Permítanme ahora, no obstante, recordar algunos factores psicológicos que se dan en el fondo de la cultura estadounidense, que hacen de la guerra fría una situación "ventajosa". Nuestros tiempos modernos son opulentos y decepcionantes, activos e impotentes, técnicos y sin propósito. Este entrelazamiento es la guerra fría.

    En Estados Unidos, el tan mencionado estándar elevado de vida, el urbanismo, la revolución sexual llevada a cabo solo en parte, han dado notoriamente como resultados excesivas ocupaciones con escasas recompensas de felicidad; y una estimulación excesiva con una inadecuada descarga sexual o creativa. Las personas están cohibidas por la inhibición general de la ira y de la agresión física en nuestras ciudades y oficinas, por la burocratización de la industria y los comités de quejas. Y ya que no se puede estar enojado, tampoco se puede ser afectuoso.

    Al mismo tiempo, la gente común hoy en día, como parte del mismo complejo tecnológico-urbano-político-económico, es extraordinariamente impotente. Pocos llegan a tomar alguna vez decisiones, individualmente o en un encuentro cara a cara, sobre muchas de las materias más importantes. Los obreros no deciden sobre el producto que fabrican, ni el proceso del mismo, ni su utilidad o su distribución. Estas cuestiones son burocratizadas, con los inevitables pequeños retrasos y tensiones. Hay una ausencia casi total de una democracia que sea más real que formalUna reunión local, por ejemplo, una reunión entre padres y maestros, no tiene el poder para decidir, solo puede ejercer presión, lo cual suele ser eludido hábilmente. Los votantes no deciden sobre temas o políticas, sino que su eleccion es entre varias personalidades destacadas que son equivalentes. Las corporaciones dominan la economía y las pequeñas empresas son desestimuladas. El patrón vital, especialmente en el estilo de vida de la clase media, está programado hasta el último minuto del día y la espontaneidad es penalizada. Incluso los bienes de consumo son comprados por emulación más que por la satisfacción final. Con la vigilancia policíaca incrementa la timidez y la conformidad. Con el incremento de riquezas crece la inseguridad.

    De acuerdo con la teoría sobre el masoquismo de Wilhelm Reich, la cual se ha estandarizado bastante, el resultado de tal estimulación excesiva e inadecuada descarga, es una necesidad de "explotar", de ser perforado, golpeado, etc. Con el fin de liberar los sentimientos que han sido contenidos [NdTT: Para mayor información, ver Análisis del Carácter de Wilhelm Reich. Paidós, 2006]. Por supuesto, son las personas mismas quienes se están encarcelando; podrían liberarse a sí mismas si no fuera por su unánime temor e ineficacia. Es decir, no pueden liberarse a sí mismas. En lugar de eso, sienten que la liberación debe venir de eventos o agentes externos. De una manera más sana, esto se siente como una excitación en la destrucción y el peligro; en lo atractivo de los deportes atrevidos y peligrosos; en una dicha inocente al contemplar una casa incendiándose o en atravesar huracanes y terremotos (y comentarlos sin fin). Y, como es característico en una pobre humanidad, las personas, una vez reciben el permiso cósmico de la Necesidad, actúan con el sentido de comunidad y el heroísmo que está en ellas desde el principio. El caso es más obscuro, doloroso y sádico cuando la gente, de forma ávida aunque generalmente más privada, lee sobre las catástrofes aéreas. Asimismo, la fobia nuclear de muchos pacientes es una proyección de sus propios deseos de auto-destrucción y de destrucción, que desaparecen cuando se analizan, que es cuando el paciente puede reconectar las imágenes de catástrofes a las cosas reales que quiere hacer estallar, quemar, envenenar, aniquilar.

    Similares son las fantasías de enemigos destructivos, quienes harán el trabajo por nosotros. Y la cosa empeora si dos enemigos opuestos cooperan en sus proyecciones, de manera que cada uno reconoce una amenaza en el otro y se arma consecuentemente, proporcionando así una prueba más tangible de la amenaza. (Este fenómeno de proyecciones especulares ha sido un poco estudiado por el profesor Osgood.)

    Un factor menos familiar, pero a mi parecer muy importante, es la respuesta inhibida al tono insultante y nauseabundo de nuestra comercializada cultura popular y de la publicidad. Las personas experimentan un asco de sí mismas y un deseo de aniquilación, de vomitar este estilo de vida; pero retienen su náusea, se sienten impotentes para abandonar esta cultura -es todo lo que hay. No pueden ni siquiera apagar sus televisores.

    Sobre estas razones, nosotros podemos hablar del espíritu de guerra como un deseo epidémico de cometer suicidio en masse, como una comunidad. ¡Acabar con la frustración! ¡Deshacerse de toda esa basura de una vez! De este modo, una explicación importante de la parálisis del publico para salvaguardarse de la irracionalidad obvia y del peligro de la política de guerra, o simplemente para descartarlos, es que a las personas les traiciona interiormente un deseo por la catástrofe a la se oponen racionalmente.

     

    Hasta aquí, lo negativo. Pero existe un lado positivo. Las personas, impotentes y no inventivas en las situaciones decisivas de todos los días de la vida, las personas encuentran cada vez más excitación en los hechos de las Personalidades en escenarios ajenos, y en las Grandes Noticias de los periódicos. Esto ocurre en todos lados en la forma de espectadoritis y televisionado. Un acontecimiento puede estar pasando fuera de la ventana, pero la gente lo estará viendo en la pantalla de la televisión; desde ahí, es purificado, magnificado y legitimado por los medios nacionales. Lo que es patrocinado por la red nacional es la Realidad. Y por supuesto, de estas Grandes Noticias, la más importante es el drama de los Poderes en Guerra, que juega con los apremios orgásmico-destructivos de cada hombre, y continuamente amenaza con satisfacerlo. La Política Arriesgada, el Juego del Gallina y las Pruebas de petardos cada vez más grandes -por muy estúpido e inmediatamente rechazable por la razón común que sea- son, no obstante, tomados como las maniobras más serias. La impotencia del pequeño obtiene consuelo por identificación con las Élites poderosas, y las personas dicen “Nosotros” y “Ellos”, refiriéndose a un bloque o al otro.

     

    El desahogo de la hostilidad represada es canalizado antiséptica e inocentemente a través de la diplomacia beligerante, del interés en la tecnología impersonal y de la excitación de la teoría de los juegos de guerra. El botón que se pulsa y la guerra aérea son especialmente como un sueño. Es prohibidamente satisfactorio en sus efectos, aunque uno sea apenas responsable de ello, pues prácticamente jamás ha tocado un arma. La teoría de juegos tiene la inocencia mecánica de un computador.

     

    Mi suposición es que en las condiciones contemporáneas de la tecnología y el estándar de vida, los norteamericanos sufren algo más que los rusos las presiones psicológicas que he citado antes, pues éstos siguen privados de los bienes de consumo y esperan ingenuamente obtener de ellos una importante satisfacción. Los norteamericanos tienen una mayor necesidad de la guerra fría que los rusos. Se la pueden permitir más y, por la misma razon, la necesitan más. Como los rusos la pueden pagar menos, también la necesitan menos. (Me han dicho, sin embargo, que en Rusia la producción de armas ha ido tan lejos que ellos también tienen una industria militar tan compleja que ahora marcha por sí misma.) Por otro lado -de nuevo ésta es mi suposición- en una dictadura existe más el miedo animal subyacente, miedo de que los conocidos de repente se desvanezcan, miedo de hablar claro; por lo tanto su Espiritu de Guerra podría implicar una audacia desesperada, una mayor necesidad de pequeñas victorias demostrativas, porque la gente siente más inseguridad interior. También -se dice que esto es verdad con los chinos- cuando existe hambruna y una total miseria de vida, solo las acciones extremas pueden soldar a la gente y mantenerla unida. (El remedio para esto es bastante simple, alimentarlos.)

     

    En general, la manía alarmista de los estadounidenses por los refugios antibombas familiares y privados parece explicarse mejor en estos términos. A causa de la amenaza de envenenamiento y fuego, la política pública ha ido entrando en un conflicto obvio con la seguridad biológica más elemental. Aun así es imposible cambiar la política pública y deshacerse del complejo industrial militar, pues la guerra es deseada y la identificación con lo Poderoso es necesaria para el engreimiento de cada individuo impotente. El refugio antibombas privado es la forma de salir del forcejeo: permite que la guerra suceda retirando la confianza en la política pública, la cual es evidentemente demasiado peligrosa que se pueda confiar en ella. Es un hazlo-por-ti-mismo. Incluso satisface un poco los instintos biológicos de seguridad -si uno lee más Life que a científicos escrupulosos. Naturalmente, es mucho mejor si los refugios pueden ser armonizados con los negocios, como de costumbre, y convertirse en un lujo emulativo, parte de una vida de alto standing.

     

    El argumento completo de este ensayo es resumido en el boletín oficial de la Oficina de Defensa Civil, cuando dice, "La lluvia radioactiva no es más que un hecho físico de esta era nuclear. Puede ser enfrentado como cualquier otro hecho". Aquí tenemos la auténtica alucinación: la caída de las bombas es pensada como un hecho físico más que como un hecho social. Y esta afirmación vergonzosa y tonta también es tragada como todo lo demás.

    Pero como Margaret Mead ha señalado recientemente, este vuelo privado de los norteamericanos dentro de sus refugios ha despertado el horror y el shock en los europeos, que están igualmente en peligro. Ellos no se pueden identificar con los Poderes; y muchos de ellos -británicos, holandeses, rusos- saben lo que es ser bombardeados y sufrir en la guerra. (Los alemanes parecen estar ansiosos por asumir el rol del matón ellos mismos otra vez). Naturalmente, la solución de la profesora Mead es ¡un refugio antibombas internacional para los fértiles y talentosos académicamente!

    Historicamente, los teóricos del militarismo se han beneficiado del análisis anterior. Desde los tiempos de Frederick William, la forma de andar y la postura del guerrero han sido diseñadas por competentes profesores de gimnasia para cortar la sensación sexual plena y la ternura: la pelvis retraída, el ano tensionado, el vientre endurecido, la exhalación impedida por la cuadratura de los hombros. El matrimonio y otros vínculos civiles son desalentados (pero no las conexiones económicas y políticas de los generales retirados). Un soldado o un marinero en el pueblo no debe involucrarse emocionalmente con la mujer que recogió. Y el marine, obstaculizado en su virilidad e insultado en su independencia por la cadena de mando y por una disciplina que quebranta su espíritu, vive mediante un engreimiento de dureza y poder, con un refunfuñar servil que le sirve de desahogo. Todos están en un estado de hipertonificación muscular, para quebrarse irreflexiblemente ante una orden. La mandíbula está en una posición vigilante. La glorificacion pública de este poder estúpido es el complemento del masoquismo público; es experimentado como la terrible sublimidad de la guerra.

    ¿Entonces qué? ¿Cómo podemos, bajo estas modernas condiciones,  hacer la paz en vez de la guerra? Necesitamos un vasto incremento en las oportunidades para la iniciativa y la toma de decisiones importantes. Esto supone una considerable descentralización de la gestión, en la industria, en el gobierno, en los asuntos urbanos como la vivienda y la escolarización. (No pienso que esto implique necesariamente menos eficacia, pero esto es otra historia.) Esto supone el uso de nuestra productividad para asegurar una subsistencia mínima, pero también la estimulación de empresas individuales. Debemos llevar a cabo directamente la revolucion sexual, estimular la sexualidad de los niños y los adolescentes, deshacernos de las leyes sexuales y otras leyes morales. Mucha gente puede ofenderse por esta política, puede tener desventajas, pero nuestras condiciones presentes de estimulación y de  descarga inadecuada son simplemente demasiado peligrosas en sus efectos irracionales; no podemos continuar con esto. Debemos reavivar el valor individual y el respeto propio, con trabajos útiles que empleen más las capacidades de cada persona, y con una educacion que haga la cultura y la tecnología comprensibles y apropiadas, de modo que la gente pueda estar en casa con ello y posiblemente de forma inventiva y creativa. Necesitamos una  cultura popular genuina para animar a la comunidad, y una cultura pública noble que nos dé sentido, y lealtad a un self mayor. Y paradójicamente, si hubiera menos falsa cortesía, conformidad y paz civil -una mayor  confrontación llena de energía, fuertes disputas y peleas a puño- habría una menor explosividad suprema y catastrófica. Estas cosas comprenden, en mi opinión, el equivalente moral moderno de guerra que perseguía William James. Son cosas completamente prácticas; y si son utópicas, como lo son los norteamericanos, ahí lo tenemos.

    Una ocacional pelea a puños, un mejor orgasmo, juegos amistosos, un empleo que implique un trabajo útil, la iniciación de empresas, decidir cosas reales en reuniones manejables, y ser movidos por cosas que son hermosas, curiosas o maravillosas: todo esto disminuye el espíritu de guerra porque ata a la gente a la vida. No deberían ser pospuestos mientras nosotros "compramos tiempo" con disuasiones y negociaciones. Por el contrario, si la gente comenzara a insistir en tener más vida, las Portadas llevarían noticias muy diferentes.

    Déjenme añadir un epílogo. Leí estos comentarios para una conferencia de eruditos, expertos en las ciencias sociales, en ingenieria y política, discutiendo el peligro mortal de la guerra fría y la necesidad de salir de ella. La gran mayoría de ellos encontró lo que dije completamente irrelevante. Como se podía prever, se murieron de risa con las referencias a la sexualidad. Nos estamos enfrentando con una situación sin precedentes, una cuestión de vida o muerte, públicamente evidente a todas las personas y ante la cual la gente apenas responde. Aun así, estos expertos creen que los hechos concretos de las vidas de las personas no tienen nada que ver con ello. Creen, siendo supersticiosos como solo los cientificos modernos pueden serlo, que algo puede venir de la nada. Presumiblemente,ninguno de estos hechos de una vida que valga la pena vivir tiene para ellos existencia -no cuando están "pensando". Ellos son "prácticos": afrontan las cuestiones como se presentan. ¿Presentadas por quién? ¿Por qué?

    Un científico, de Washington, habló y dijo: "Usted dice que los norteamericanos tienen un sentimiento neurótico de impotencia. No se da cuenta de los que están en el poder están igualmente frustrados."

     

    Paul Goodman

     

    Traducido en el Laboratorio de Traducción de Gestaltnet.net
    Coordinador de la traducción: Alberto Guzmán Ferraro
    Colaborador: David Picó Vila

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