De las argucias intelectuales al chingue su madre.

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De las argucias intelectuales al chingue su madre.

02 Junio 2015
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Autoría propia. UNAM. México. 2015.

    La sugerencia que muchas veces me dio mi maestro, Rodolfo Valencia, fue: Omar, vaya usted a la rabia (Rodolfo Valencia Gálvez, 1925-2006).Y seguro que a muchos de sus alumnos y a muchos más de mis compañeros también se las hizo. Es comprensible que un hombre heredero de la gran Revolución Cubana, abiertamente de izquierda, comunista y testigo de las grandes guerras del s. XX, por la libertad y la igualdad, hiciera tal sugerencia. Sin embargo, la sugerencia es solo legítima en el organismo que la considera legítima.

    Rodolfo Valencia no consideró esta última variante: la legitimación de la legitimación, una verdadera catástrofe. Un razonamiento epistémico y óntico perverso y, entre otras, una de las razones de la caída del comunismo.

    Fenomenología.

    Cuando yo legitimaba la legítima sugerencia de mi maestro -ir a mi rabia- el proceso era, inequívocamente, hacer de mis sensaciones un objeto intrínseco y al mismo tiempo separable de mí, y esta es la argucia para la opresión: lo intrínseco resulta separable. Y yo, como buen Yo, operé siempre sobre lo separable y nunca como intrínseco, para activar a partir de su sugerencia mi sensación de rabia. Y a la postre, eliminar lo inseparable en mí hasta cosificar mi sensación de rabia, que era viable de ser manipulada a partir de un uso genuino y, allí sí, legítimo de la respiración. Ergo, fui manipulado para legitimar su legítima sugerencia. ¡Vaya, vaya!

    Por cierto, que aquel que por simpatía intente ofrecerle a mi maestro el chisguete del lenguaje, reserve sus frustraciones para otro día, pues la inteligencia de aquel fue suficiente para rechazar las venias que no contribuyeran a la clarificación. Y aclaro lo obvio, que esta opinión mía versa sobre un posible proceso del conocimiento y por tanto de la posibilidad de ser, por primero, míos.

    En principio es posible ir a la rabia solo si existe la inclinación para enfermar, porque la rabia es un virus, es decir, un patógeno externo. El estado rabia, por ende, se produce como parte del contacto y posterior contaminación del organismo. Ir a la rabia, es decir, al virus que cohabita en el entorno es, por lo tanto, un intento de suicidio, pues ese virus es mortal. Apartando esta realidad, quedémonos solo con el sustantivo rabia que otorga significado a una afección emocional humana caracterizada por el aumento del calor corporal, el aumento en la presión sanguínea, la resequedad bucal, la dilatación de las pupilas, la contracción muscular, el sudor frío y la producción de bilis. Estado similar a los síntomas de la enfermedad rabia. Y de la misma forma que ocurre con la enfermedad, la afección emocional denominada rabia ocurre cuando el organismo toma contacto con un agente cohabitante en el entorno que tenga la posibilidad de aquejarle la rabia. De aquí que la sugerencia de mi maestro es legítima si, y solo si, se considera que él tuvo capacidad para, en el más orgánico de los casos, distinguir sus emociones. Y claro que la tuvo, soy testigo lúcido de ello. Lo subsecuente es una aberración, para ir a la rabia, una emoción intrínseca e inseparable del contacto organismo/entorno, o, me la paso buscando agentes que me provoquen rabia, o, me inyecto el virus, o, cosifico mi sensación de lo que me parece es mi rabia. La última es la opción del neurótico en busca de una psicosis... ¿neurótica?, la creencia de que puede abrir una puerta para ”crear la emoción” (Rodolfo Valencia, nota de clase).

    Ir a la rabia es, al fin y al cabo, solo una sugerencia. Una legítima experiencia ajena, que al proponerse activa de inmediato la conciencia de la supuesta existencia rabia dentro del organismo, que, por efecto busca “dentro de sí” para hallar eso que se nombra rabia. ¿Qué experiencia rabiosa previa hubo para acertar sobre encontrar la rabia dentro de sí? Seguro muchas. Pero, ¿qué legitima que en el preciso momento de la introspección que lleva a cabo ese individuo, al cual se le sugirió ir a la rabia, lo que “encuentra” es la rabia, cuando, lo único que puede legitimar esta experiencia es el contacto con un agente externo que le provoque rabia? La fantasía. Ir a la rabia, y hacerlo, no es real ni posible. Creer que se logra es revolcarse en espinas, y eso sí es legítimo, es ir a donde solo hay supuestos, y enrabiarse por no hallar la rabia. Como dijo Perls, atacar hacia dentro, como si de dentro surgieran los demonios.

    Así, la legitimación de lo legítimo es, si la suerte se inclina hacia  lo desafortunado, el aval del sometimiento. Si aceptamos como posible la máxima ontológica del nihilismo: “El hombre es una cuerda tendida entre la bestia y el súper hombre.” (Nietzsche, 1844-1900), para ir a la rabia es imperativo matar al mismo tiempo a la bestia y al súper hombre, siendo así posible permanecer en el hombre que se revuelca en espinas buscando su rabia; a saber, el proceso no importa ni es interesante -a pesar de que se indique lo contrario-, sino solo la fijación del estar: ir a... Cuando “el sentido es él mismo estar.” (Nancy, Jean Luc, 1999), hablamos sobre la posibilidad de correr el riesgo de estar, de construir sentido solo a partir de la presencia, incluso si la presencia se fija en sus maniqueos, o como lo propondría Genet: el ser se define hasta su muerte, aunque siga vivo. Vacío fértil (Goodman, 2002).

    Este suceso ocurre quizá justo antes de la toma de contacto, momento en el que la introyección y la confluencia se activan (Robine, Manifestarse gracias al otro, 2006) y se hace del de enfrente -incluso el que hizo la sugerencia- un probable parapeto para edificar las argucias intelectuales, muchas veces necesario. Indispensable para el desarrollo de la humanidad en lo general, y categóricamente necesario también para el desarrollo de un humano.

    ¿Lo postmoderno de la rabia o la rabia postmoderna?

    Argucias intelectuales para rellenar recovecos dolorosos con argucias intelectuales, ad infinitum. Nada hay que no haya ya habido y no ha habido nada que haya por haber. Si la rabia es una consecuencia, etiológicamente es necesaria la configuración de antecedentes, y no como pasado sino como suceso del acontecer; la actualización de los elementos necesita también de su sucederse, lo que coloca a la rabia en una acción sensible que certifica la toma de contacto, ir a la rabia es legítimo para el organismo que la experiencia cuando para este es el recurso inmediato en el campo organismo/entorno. La argucia intelectual se pronuncia como parte del entorno cuando: o bien se reprime la rabia porque..., o bien cuando es la única emoción expresada una y otra vez porque... La justificación de la expresión rabiosa condena al rabioso a su propia prisión, una prisión intelectual. En un mundo en el que las alternativas se disparan y fragmentan las conciencias arrojándolas a la desesperación, ir a la rabia implica, sin más, amarrar la esperanza y decantar hacia la neurosis sobre la existencia. El reconocimiento de la rabia como objeto de llegada o salida hace muy clara la actualización del sujeto que la experiencia: argucia intelectual para rellenar el dolor con argucia intelectual. Siguiendo esta línea la esperanza se decodifica constantemente, y los horizontes de paz se hacen reales: solo serán horizontes.

    La posibilidad de experienciar y experimentar un conflicto se anula, dado que ir a la rabia paraliza el proceso porque de antemano el organismo “va” a la rabia. Este fenómeno es análogo al valor, al coraje, a la fuerza y demás emociones y/o sentimientos que promueven los espíritus heroicos, los que defienden la esperanza de la humanidad, quienes, sin darse cuenta, disecan la misma y segregan la desesperación: postmodernidad, argucias intelectuales.

    La esperanza no es nada en sí misma, la abstracción evoca requerimientos arquetípicos incrustados en la fugacidad de la vida. La esperanza es una fijación actualizada constantemente, no así una decodificación del horizonte por venir. Desde este punto de vista, la compasión y la fe, sentimientos del ser-en-sí, serían entonces la esperanza que, trágicamente, solo se conciben frente al momento del contacto organismo/entorno, y los que, la humanidad postmoderna y posthumanista, no desea sentir. La experiencia de estar-para-ser, la incertidumbre de la existencia, de la vida, es inenarrable, indecible, apabullante, demoledora.

    Considerando una visión gestáltica de campo, ir a la rabia vaticina una pérdida de contacto, es decir, ir a donde sea como una sugerencia ajena de la función Personalidad vaticina una pérdida de contacto. Observando el postulado sartriano que anuncia “....un hombre libre no puede más que desear la libertad de los otros.” (Sartre, 1946), no hay por ningún lado  una obligada revolución. Se atisba el paso de la angustia existencial. Así, los hombres postmodernos posthumanistas nos hemos arrebatado el derecho natural a la conciencia cada vez que, timoratos e hipócritas, atropellados en la inconsciencia de no poder ser más que conscientes, nos rehusamos al delicioso sabor de la sangre ajena, y entonces, adjetivamos con verbos enclíticos: exhortamos, invitamos, sugerimos, recomendamos, aconsejamos; y rellenamos con eufemismos miserables: Se predica con el ejemplo. Vaya usted a la rabia. Salvemos a los animales. No a las corridas de toros. Alto a la corrupción. Eres el único al que amo. Etcétera.

    Si este no es el deseo, luego el contacto organismo/entorno lo revelará inmanente e inminente. La trascendencia del ser es su finitud, y esto se revela durante la experiencia de contacto. Alteridad. Una cualidad de los sentimientos de compasión y fe es que son indistinguibles, solo se les puede describir, pero así quedan sujetos a la idea y no a la experiencia. Y se revelan con regularidad en la experiencia trágica. O sea, en el contacto con el semejante. En tiempos en los que el hombre soporta su fijación a la opresión, el derecho natural por la conciencia es reprimido por lo que llaman inconsciente, la esperanza es constantemente decodificada, y la paz se concreta en el horizonte, la compasión y la fe se ocultan frente al dolor y el miedo.

    Libertad. Contacto. Alteridad.

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