Sexualidad en la experiencia adictiva

Sexualidad en la experiencia adictiva

La experiencia adictiva

La práctica sexual tiene características en común con los comportamientos adictivos. A nivel neuroquímico, las relaciones sexuales produce reacciones similares al consumo de drogas. La experiencia adictiva se relaciona con la dificultad para lograr un estado de equilibrio emocional que es provocado por: experiencias traumáticas, vergüenza y aislamiento. El sufrimiento que caracteriza a la experiencia adictiva se expresa a través de una ausencia de confianza en la frontera de contacto, por eso,  las personas se anestesian para no experimentar el dolor. 

La experiencia adictiva crea patrones de movimiento rígidos sobre todo en el acto de ceder. Esta tendencia hacia la desconfianza y la capacidad de mezclarse íntimamente con el otro, les impide ajustarse a la condición emergente. La persona en experiencia adictiva tiene problemas para establecer una relación de intimidad con el entorno, por tanto, experimenta una constante condición de amenaza emocional.

La sexualidad es un tema  complejo, con múltiples dimensiones a nivel relacional y existencial. La vida sexual está constituida por aspectos biológico, psicológicos, socioculturales y espirituales. Un tema poco explorado es la sexualidad en personas que viven la experiencia adictiva. En el presente artículo evitamos crear una escisión de la experiencia humana, sin embargo, es relevante  explorar las implicaciones de la sexualidad en las personas en experiencia adictiva.

La sexualidad está relacionada con la capacidad para crear un vinculo de intimidad y pasión con otro ser humano. La experiencia sexual se caracteriza por una entrega, es decir, un ceder total para crear una espacio de encuentro. Las personas en experiencia adictiva generalmente se encuentran restringidas en su capacidad para establecer un contacto intimo con el otro. La intimidad implica confianza, por eso, la persona en experiencia adictiva crea una relación segura con la sustancia o con la conducta sexual compulsiva.

La experiencia adictiva crea una ausencia que impide a las personas atender a las cualidades estéticas en su relación con el entorno. Presentando una dificultad para disfrutar la vida, la falta de intimidad con el otro produce un experiencia de insatisfacción. La experiencia adictiva comparte condiciones similares con las disfunciones sexuales, como ejemplo: la incapacidad para establecer un contacto profundo con el otro.

 

La desconfianza que caracteriza a la experiencia adictiva afecta a los procesos en el between (entre), la frontera de contacto se encuentra alterada co-creando una vivencia de incertidumbre y malestar. La inquietud que siente la persona crea un campo de desconfianza e incertidumbre que altera el ritmo y movimiento corporal. La agitación motora limita la capacidad para apreciar la belleza que surge en la interacción con el entorno.

 

La exacerbación cenestésica y emocional que vive la persona en experiencia adictiva es trasladada a su práctica sexual. En las relaciones sexuales la persona experimenta una urgencia de mitigar el malestar emocional, descargar todo la tensión acumulada por la incapacidad para expresar su experiencia emocional. El acto sexual implica una entrega total al encuentro con el otro, además genera una experiencia de vitalidad y satisfacción. Contrario a esto, en la  experiencia adictiva la persona mantiene un patrón relacional monótono que produce opacidad e insatisfacción.  

 

La vida sexual en la experiencia adictiva.

 

La naturaleza de la vida sexual consiste en un proceso de aproximación, intimidad, contacto, asimilación y retirada. La experiencia adictiva genera un patrón de práctica sexual adictiva, donde la otra persona es cosificada para disminuir la experiencia de riesgo que produce la desconfianza hacia el entorno. La objetivación del otro afecta el proceso de satisfacción en la experiencia sexual, provocando malestar y una sensación de estar incompleto. Por tanto, la persona desarrolla una patrón repetitivo de práctica sexual compulsiva para intentar disminuir la experiencia de inquietud.

En ocasiones las personas en experiencia adictiva recurren al consumo de sustancias para tener mayor confianza en su desempeño sexual. Así mismo existen disfunciones sexuales primarias que anteceden al consumo de drogas. Las personas encuentran en las drogas un remedio momentáneo para el malestar que produce la disfunción sexual.

 

El consumo de drogas cumple 2 funciones principales en la práctica sexual:

 

La primera función consiste en estimular el deseo, aumentar la potencia sexual y prolonga la duración del encuentro sexual. Lo anterior se produce con el consumo de drogas como la cocaína, heroína, crack, metanfetaminas, etc.  Muchos pacientes desarrollan un consumo dependiente como un intento de solucionar las disfunciones sexuales. En el caso de los hombres la problemática mas común es la eyaculación precoz, y con las mujeres la anorgasmia.

En otros casos el consumo de drogas cumple la función de inhibir las represiones sexuales e intensificar la experiencia sensorial. Esto sucede en el consumo de drogas como la marihuana, heroína, el alcohol, LSD, etc. Algunas personas reportan haber desarrollado el habito de consumir drogas antes de mantener relaciones sexuales porque les permite tener una experiencia sensorial más intensa, liberarse de sus inhibiciones, y tener una sexualidad más placentera

Desde la perspectiva de la terapia gestalt se considera que la disfunción sexual no es síntoma individual, sino una expresión de un problema relacional con el entorno. La disfunción es una manifestación de una inflexibilidad en los procesos en la frontera de contacto. Esta condición problemática no se manifiesta solamente en la disfunción sexual, sino que afecta a la persona de manera global en las distintas dimensiones de su vida cotidiana.

El trabajo terapéutico gestáltico no se enfoca de manera particular  en el consumo de drogas, ni en la disfunción sexual. Por el contrario, centra su atención en el restablecimiento de las funciones de contacto,  la movilización del organismo hacia novedad, así como, en la recuperación de la intimidad y espontaneidad en el encuentro con el otro.

El encuentro terapéutico es una posibilidad para apoyar al campo en la creación de nuevas formas en la frontera de contacto. El terapeuta favorece un espacio propicio para crear una experiencia de intimidad, donde el cliente se sienta incluido en la relación con el otro. La otredad es la posibilidad de que tiene el cliente para diferenciarse del entorno y descubrir sus necesidades genuinas. Tanto en la experiencia adictiva como en las disfunciones sexuales, la desconfianza y desconexión dan origen al sufrimiento.

La práctica sexual puede incluirse en la experiencia adictiva como una conducta compulsiva por tener relaciones sexuales. La hipersexualidad es un condición relacionada con la experiencia adictiva, de tal manera que, la compulsión adictiva se encuentra relacionada con la sexualidad creando una experiencia disfuncional.

Las personas en ocasiones mantienen una patología dual entre la experiencia adictiva a sustancias y la conducta sexual compulsiva. En otros casos, cuando las personas se abstienen de consumir drogas la experiencia adictiva es desplazada hacia la conducta sexual compulsiva. Por ese motivo, algunas veces es complicado diferenciar el origen de la experiencia disfuncional.

La práctica sexual en la experiencia adictiva se caracteriza por una disminución en los procesos volitivos además por: pensamiento obsesivo, ansiedad y fantasías sexuales. El sexo se convierte en una figura fijada que impide a la persona disfrutar de las experiencias de la vida. La incapacidad para atender las necesidades produce un malestar constante que moviliza al organismo hacia una práctica compulsiva que alivia parcialmente el malestar.

La experiencia adictiva relacionada con el sexo puede formar parte de una inhibición del proceso de contacto. La persona busca responder a las exigencias del entorno, por consiguiente, la compulsión sexual  se presenta como un ajuste creativo para restablecer el equilibrio del campo. En la experiencia adictiva se co-crea un campo donde no es posible organizar las experiencias novedosas que permitan el surgimiento de nuevas formas que sean funcionales ante la situación presente.

Durante la experiencia adictiva la persona desarrolla desordenes en las funciones del self, se caracteriza por una tendencia hacia el egotismo teniendo dificultades para establecer contacto con el entorno.  El proceso de egotismo se convierte en una postura rígida con relación al entorno, se vive como un ajuste creativo que responde a una autoimagen disminuida que busca compensarse ante los otros.

Las personas en experiencia adictiva presentan un self inflexible afectado en la función yo, la persona se considera muy vulnerable para exponerse a ser avasallado en el encuentro con el entorno.  Por tanto, las fronteras se muestran inflexibles y estereotipadas, de manera que los procesos volitivos se ven limitados. El consumo de drogas o la práctica sexual son las opciones disponibles para alcanzar  un estado de seguridad emocional.

El trabajo terapéutico relacionado con el consumo de drogas y las disfunciones sexuales se enfoca en co-crear una situación de confianza, donde tanto el terapeuta como el cliente asuman el riesgo de exponerse a un encuentro genuino que tome en cuenta el proceso de alteridad ante la presencia del otro. La relación crea nuevas posibilidades para explorar la experiencia de intimidad e intersubjetividad que se co-crea en el encuentro con el otro.

Tanto la experiencia sexual como el consumo de drogas producen intensas descargas de dopamina en el cerebro. El malestar posterior al consumo de drogas o  la experiencia sexual se caracteriza por una caída en los niveles de dopamina. Esta experiencia provoca un malestar debido a  la búsqueda de restablecer el equilibrio. Con base en lo anterior, podemos decir que las personas que realizan una práctica compulsiva del consumo de drogas o de las relaciones sexuales generan comportamiento de supervivencia porque su cerebro experimenta una sensación de urgencia.

La experiencia adictiva provoca una incesante búsqueda de alivio para el malestar que genera la insatisfacción cotidiana. La cultura del consumo en la que vivimos nos ofrece una gran numero de opciones para sobreestimularnos y olvidarnos por un momento del sufrimiento del día a día. La voracidad, la inmediatez y  la falta de intimidad son elementos que  configuran la experiencia adictiva a todos niveles. Entre las oportunidades que tiene una persona para alienarse de la experiencia presente están: las drogas, compras compulsivas, los juegos de azar, las relaciones sexuales compulsivas, etc. 

EL consumo de drogas en algunos casos se presenta como una manera de mitigar el malestar emocional que producen las disfunciones sexuales, o bien, como un apoyo para incrementar el placer sexual. En el caso de los adolescentes el consumo de drogas favorece que inicien su vida sexual a diferencia de los que no las usan. Además los jóvenes que tienen relaciones sexuales suelen consumir más drogas recreacionales que los que no lo son.

La compleja interacción entre la experiencia adictiva y la vida sexual.

La interacción entre el consumo de drogas, las disfunciones sexuales y las prácticas sexuales compulsivas mantiene una relación compleja y dinámica. Queda claro, que la experiencia adictiva mantiene una patrón relacional que puede incluir estos elementos. Un problema en la experiencia adictiva es que la persona no puede lograr un contacto final. 

La inflexibilidad del self dificulta la formación de una figura clara para tomar contacto y ser capaz de lograr la asimilación y el crecimiento de organismo. En el contacto final el self se involucra con la figura emergente para lograr un momento de confluencia o de entrega total donde la persona puede nutrirse, asimilar y retirarse. La insatisfacción produce un estado constante de malestar e incertidumbre.

Las disfunciones sexuales están relacionadas con la recaída en el consumo de drogas. Esto sucede, principalmente en el caso de los hombres, por ejemplo es común que los varones consumidores de metanfetaminas u otras drogas estimulantes presenten problemas de eyaculación precoz. Cuando se abstienen del consumo de drogas la problemática se hace presente generando un estado de vergüenza y sufrimiento, que generalmente desemboca en una recaída en el consumo de drogas a causa del problema en el control eyaculatorio.

Otro factor a tomar en cuenta es que gran parte de las personas en experiencia adictiva han sufrido de abuso sexual. La experiencia traumática lastima la frontera de contacto provocando un desconfianza constante en la interacción con el entorno. En la experiencia adictiva la  función de yo del self se encuentra lastimada por el dolor que le ha infringido el entorno, de esta manera, la persona presenta un disminución en su capacidad de regulación en el campo organismo/entorno.

Las alternaciones que sufre el self en la experiencia adictiva afectan a  los procesos de actualización en la función personalidad, es decir, la persona se queda fijada en una figura( asunto inconcluso), y desde ahí, configura una sistema de defensa ante las demandas o amenazas del entorno. Por su parte, la función ello se restringe  como un mecanismo de anestesia para aminorar el dolor que produjo  la experiencia traumática.

La experiencia adictiva no solo está vinculada al consumo de drogas, incluye otras conductas compulsivas que funcionan como una válvula de escape para responder al sufrimiento. La función yo del self, se queda fijada en una figura difusa que provoca conductas repetitivas y compulsivas ante la afectación de la función ello.

 

 

 

El trabajo terapéutico

Las personas en experiencia adictiva han crecido en familias con un  ambiente de incertidumbre donde recibieron : maltratos, sobreprotección, desprotección, abusos, burlas, amenazas, desatención o ausencia. Una vivencia común en la experiencia adictiva es que sienta un descontrol emocional constante, y una insatisfacción casi permanente en la vida cotidiana. En el trabajo terapéutico se busca co-crear un campo donde puedan recuperar su capacidad para diferenciarse y responder al entorno. El terapeuta enfoca su trabajo en apoyar un nuevo ritmo en la  interacción cenestésica favoreciendo la proximidad corporal y la expresión genuina de necesidades.

El terapeuta realiza autorrevelaciones para apoyar la novedad en el campo, abriendo nuevas posibilidades que apoyen a la función ello en su proceso de actualización. De igual manera, se favorece la energización del campo para movilizarse hacia la figura emergente hasta alcanzar un contacto final que permita la asimilación e integración de la experiencia reciente.  Lo anterior permite el reajuste de la función personalidad y la recuperación de los procesos volitivos en la función yo.

La atención en la experiencia adictiva consiste asumir intensamente la vivencia presente en el campo. Es decir, el terapeuta asume las manifestaciones fenomenológicas presentes en el campo, promoviendo en todo momento una dinámica que permita la excitación de la energía contenida en la figura para encausar las necesidades hacia acciones vinculadas a la satisfacción.

En el trabajo terapéutico es necesario respetar el ritmo que surja de la experiencia de campo, permitiendo a cada persona manifestarse de manera genuina e intuitiva para re-descubrirse en el encuentro. Las tareas terapéuticas consisten en:  contacto con la experiencia presente, el cierre de asuntos inconclusos, y la atención a experiencias anacrónicas. Por consiguiente, permiten a la persona lograr la asimilación e integración de nuevas posibilidades en los procesos del self.

 

Ante los procesos y estados de frontera que se encuentran inflexibles el terapeuta necesita donar su persona al campo con la finalidad de posibilitar la creación de un entorno que brinde asistencia hacia el surgimiento de la creatividad existencial.  El encuentro terapéutico mantiene un ritmo adecuado en el proceso de contacto/retirada. Se  busca integrar aspectos de la personalidad que se encontraban disminuidos y flexibilizar los que se mantenían rígidos.

 

La conducta sexual es un aspecto muy intimido, por lo cual, es necesario que el terapeuta mantenga respeto a la experiencia del otro. Con el propósito que la  persona pueda realizar los ajustes necesarios para alcanzar un estado saludable. Con base en esto, se busca el rescate de aspectos valiosos que permanecían alienados.

Las personas con problemas de adicción están acostumbradas a recibir malos tratos o confrontaciones en sus tratamientos, por eso, en un principio puede prevalecer la desconfianza.  Nuestra propuesta terapéutica se sustenta en la creación de un instante que posibilite la expresión genuina de  emociones y movilice al campo hacia el descubrimiento de nuevas posibilidades de vida.

El terapeuta Gestalt procura establecer una relación terapéutica que promueva un dialogo genuina y una experiencia profundamente humana. Estar con el otro compartiendo sus experiencias más dolorosas es la labor principal del terapeuta. Cuando el dolor es compartido con alguien toma una dimisión distinta permitiendo la resignificación de las experiencias pasadas.

La intimidad en la situación terapeuta se produce cuando el terapeuta mantiene una actitud estética ante el sufrimiento en la experiencia de campo. De esta manera, es posible apreciar la experiencia somática-cenestésica, y desarrollar una actitud fenomenológica para identificar los procesos de intención de contacto.

El terapeuta requiere una actitud contemplativa que atienda a la necesidad de inclusión por parte del cliente. La presencia del terapeuta apoya a la confirmación del otro,  co-creando una relación segura con otro ser humano. Ir hacia el otro y permanecer en la frontera de contacto es una experiencia novedosas para el cliente. La tarea terapéutica es apoyar la expresión del dolor y la vulnerabilidad.  Permitirse asumir el riesgo de mantenerse en la fragilidad y provocar el movimiento hacia el encuentro con el otro.

La intimidad es una experiencia estética que activa la capacidad creativa en la relación terapéutica, produciendo un campo lleno de energía que impulsa el movimiento hacia nuevas formas que configuran una figura novedosa. Este proceso apoya la co-creación de una instante de belleza. Recuperar la capacidad de conexión afectiva, la conciencia de coexistencia, y la aceptación del horizonte próximo; son las tareas que buscamos lograr en el trabajo terapéutico en la experiencia adictiva y la sexualidad.

La terapia busca fomentar la recuperación de la capacidad para disfrutar la vida e incluir el dolor como una experiencia que potencialmente puede producir belleza y salud. La persona aprende a  nutrirse en el encuentro con otro ser humano, incluyendo las siguientes condiciones: la pasión, compromiso, sensualidad e intimidad.

 

Datos del Autor:

Francisco Javier Díaz calderón

Psicoterapeuta de la Comisión Nacional Contra las Adicciones.

Asesor de Clínicas de rehabilitación de adicciones y centros de rehabilitación.

Supervisor de casos clínicos en CETYS Universidad.

Coordinador de los programas de educación continua en Consejería en Adicciones.

Presidente de la Asociación de Psicoterapia Humanista Integrativa del Noroeste.

Especialidad en promoción de la salud y prevención del comportamiento adictivo por la Universidad Autónoma de México.

Master en Prevención y tratamiento de adicciones por la Universidad de Valencia.

 

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