LOS ESTRATOS DE LA NEUROSIS

LOS ESTRATOS DE LA NEUROSIS

El neurótico es aquella persona que continuamente está interrumpiendo el proceso de formación y de eliminación de gestalt. No percibe claramente cuáles y cómo son sus necesidades y sus emociones, y si acaso se van clarificando y haciendo más nítidas, trata de ignorarlas reprimiéndolas o negándolas. Esta forma de actuar le hace perder la oportunidad de completar sus gestalt y, por tanto, de satisfacer sus necesidades. Esto le crea un estado de insatisfacción continuo.

 Nunca le parece bien lo que hace o realiza; siempre está descontento, y haga lo que haga termina con la sensación de insatisfacción consigo mismo y con los demás. De esta manera, sus intercambios con el ambiente siempre son pobres y deficientes, no correspondiendo a lo que necesita o a lo que desea en cada momento. 

 El neurótico ni toma del ambiente aquello que necesita para mantener su equilibrio y una sana supervivencia, ni contribuye a dar al ambiente aquello que el ambiente reclama de él y que serviría para conformarlo, al contribuir como uno más del grupo al que pertenece. En este intercambio, tanto el individuo como el ambiente y la sociedad se van configurando mutuamente en un continuo dar y tomar. Ambos se van transformando por influencias mutuas, y sin esa interrelación, uno u otro deja o interrumpe este proceso, ambos, ambiente e individuo, se verán afectados.

 La persona debe aprender a darse cuenta de cuáles son sus necesidades y cuáles son las necesidades de la sociedad o comunidad a la que  ertenece, para que los intercambios se realicen de la mejor manera posible.

 Es por el mecanismo homeostático o de autorregulación, anteriormente mencionado, por el que la persona se da cuenta de sus necesidades dominantes, y de cuáles tiene que satisfacer si quiere conservar el equilibrio y la salud, tanto física como psíquica.

 Pero, ¿qué sucede cuando las necesidades dominantes de la persona entran en conflicto con las de la sociedad? Aquí es el individuo el que tiene que distinguir si puede diferir la satisfacción de su necesidad, si lo cree factible por considerar que es mejor hacerlo de ese modo, o si su necesidad es tan imperiosa que tiene que satisfacerla aunque tenga que enfrentarse con la sociedad en que vive y, en consecuencia, con su rechazo y desaprobación. Esta elección no siempre es fácil.

 El conflicto y el desequilibrio surgen cuando la persona y la sociedad experimentan necesidades opuestas -cuando se habla de sociedad nos referimos a todas las demandas que proceden del mundo exterior, tales como padres, pareja, hijos o el trabajo- y la persona es incapaz de distinguir cuál es la necesidad dominante, si la suya o la de la sociedad. Es aquí cuando la persona tiene que tomar una decisión precisa si no quiere enfrentarse con la duda continua y, finalmente, con la insatisfacción por la opción tomada.

 Pero cuando no puede discriminar, ni tomar una decisión precisa, ni sentirse satisfecho con la que ha tomado, ambos, individuo y ambiente, se ven afectados.

 Este proceso de intercambio con el ambiente puede verse distorsionado, ya sea porque los intercambios que se realizan son pobres o porque son malos o insatisfactorios para uno y otro, afectando al buen funcionamiento. Cuando esto se produce, aparecen dos clases de signos: unos subjetivos, que son todos los que el paciente nos transmite (depresión, tristeza, apatía), y otros objetivos, que son los que observa el terapeuta, como pueden ser sus movimientos, sus gestos, sus conductas repetitivas, su lenguaje, su mirada o su aspecto físico en general.

En toda terapia subyace una idea de salud, y es hacia ese lugar donde el terapeuta orienta, de uno u otro modo, su quehacer y a su paciente. De la misma manera, subyace una idea de enfermedad que, además de utilidades diagnósticas, implica y determina toda la estructura del proceso terapéutico. Para abordar el funcionamiento anormal del organismo desde la Gestalt  se hace necesario considerar dos puntos importantes. 

  • El primero es que  los trastornos no son mentales sino del organismo. La división mente y cuerpo en Gestalt no existe, trastorno es,   una interferencia con el proceso de formación y asimilación de la gestalt. Interferencias que distorsionan y desequilibran la tendencia del organismo a la integración y la autorrealización. 
  • El otro punto es que estos trastornos del funcionamiento no son categorías fijas, solamente representan al paciente en referencia a los procesos actuales. De esto, se deduce que  en Gestalt la enfermedad la trabajamos en función de la salud. 

En cuanto al concepto de salud, la Gestalt la refiere de la  forma siguiente: Una conducta sana en los seres humanos debe ser una conducta integral. Cuando se tiene salud  el individuo está a tono con todas las capacidades y con el proceso que hace ser lo que es. La persona se identifica con todas estas funciones vitales, al funcionar holísticamente, todo nuestro ser es una parte de nuestra actividad en movimiento. 

Tres aspectos fundamentales en el proceso salud - enfermedad en la teoría gestalt: un ritmo de contacto y retirada fluido, la capacidad de autorregulación organísmica, y el tránsito del apoyo ambiental al auto-apoyo. 

Perls nos habla de cinco capas o estratos, que hay que atravesar para eliminar las barreras de evitación y desmontar la neurosis

  • La primera capa es la de las máscaras, los clichés;  son señales sin significado, propias de un encuentro casual. Es el ser superficial que banaliza las relaciones humanas.
  • La segunda es la capa donde jugamos y representamos roles, la capa de roles y juegos psicológicos, el niño bueno, el importante, el matón, la niña encantadora, cualquier rol que queramos representar. Son los estrato superficiales, sociales, los estratos del “como sí”. Es lo que nos hacemos que somos. Esta capa sintética es donde hacemos un show de lo que no somos para manipular el entorno. En el trabajo terapéutico es el encuadre inicial, hablar en primera persona y responsabilizarse.   
  • Si trabajamos  y atravesamos este estrato de jugar roles, vivenciamos la antiexistencia, la nada, la vaciedad, es el tercer estrato, el del  impasse, la sensación de estar atascado y perdido. Este impasse está marcado por una actitud fóbica: la evitación. Evitamos el sufrimiento de la frustración. Al no atravesar esta capa permanecemos inmaduros y con la necesidad de manipular el mundo.  La nada no existe para nosotros, está basada en el darse cuenta de la nada, con lo que hay que darse cuenta de algo, luego algo hay ahí. Encontramos que al aceptar y atravesar esta nada, este vacío, el desierto empieza a florecer. Nada equivale a real, verdadero.

 

La nada es nada  mientras estamos bajo la compulsión de hacer de ella un algo. Una vez que aceptamos la nada, todo se nos da por añadidura. La nada entonces, se convierte en una pantalla sobre la que podemos ver todas las cosas, “un fondo” ante el cual surgen libremente todas las figuras.

Una vez que no tenemos que ser creativos,  cualquier cosa que hagamos es nuestra creación, una vez que no tenemos que estar iluminados, nuestra toma de conciencia del momento es iluminación, una vez que dejamos de estar preocupados de esto o aquello y sentimos una nada con respecto a tales estándares, nos percatamos de que somos lo que somos. En el trabajo terapéutico hay que sostener el malestar. 

  • Detrás está el estrato de la muerte o fase implosiva,  es la muerte o el temor a la muerte, es el contacto con lo muerto de dentro de nosotros, aparece como muerte por la parálisis catatónica: nos encogemos, nos contraemos y comprimimos, en una palabra: implotamos. Una vez que logramos un contacto verdadero con lo muerto de este estrato  implosivo
  • Se convierte en una explosión, la capa de la muerte retorna a la vida y esta explosión es el nexo con lo auténtico de la persona, que es capaz de vivenciar y expresar sus emociones auténticas. Es la resurrección después de la muerte.  Hay cuatro tipos fundamentales de explosiones desdel estrato implosivo:
  1. La explosión de la pena genuina, se trata del trabajo sobre una pérdida importante o una muerte que no ha sido asimilada.
  2. La explosión hacia el orgasmo, en el bloqueo sexual
  3. La explosión hacia la ira
  4. La explosión hacia la alegría                                                                                       

La mayor parte de nuestro representar roles está diseñado para controlar justamente estas explosiones, la capa de la muerte. El temor a la muerte es que si explotamos creemos que ya no podremos sobrevivir (no nos querrán mas, nos castigarán, nos ignorarán, no nos valorarán), la persona completa es aquella que es capaz de explotar en las cuatro emociones.

Todas las perturbaciones  neuróticas surgen de la incapacidad del individuo para encontrar y mantener el balance adecuado entre él mismo y el resto del mundo.

Tienen en común el hecho de que en la neurosis, el límite social y ambiental se siente extendiéndose demasiado sobre el individuo. El neurótico es la persona sobre quien la sociedad actúa con demasiada fuerza. Su neurosis es una maniobra defensiva para protegerse a sí mismo de la amenaza de ser aplastado por un mundo avasallador. La neurosis es su técnica más afectiva para mantener su balance y su sentido de auto-regulación en una situación en la que  siente que la suerte no le favorece.

El problema del neurótico no es que no pueda manipular, sino que sus manipulaciones son dirigidas hacia la preservación y el cultivo de su impedimento, en lugar de estar dirigidas a deshacerse de él. Si logra aprender cómo dedicar tanta inteligencia y energía al apoyarse en sí mismo como lo pone en hacer que su ambiente le apoye, entonces tendrá que tener éxito. Su capacidad para manipular es su mayor logro, su punto fuerte, y su incapacidad para enfrentar su crisis existencial es su punto flaco.

Otra reformulación de nuestra tesis básica acerca de la génesis de la neurosis: la neurosis surge  si coexisten simultáneamente imperativos de índole social y personal que no pueden ser enfrentados mediante la misma acción. Si tanto la exigencia como la cosa exigida son aceptables, la gestalt se halla cerrada. Pero si hay una resistencia y el imperativo se ejecuta de todas maneras, tendremos resentimiento y neurosis, si por otro lado, el imperativo ha asumido la categoría de ley natural, como en el caso de “honrarás a tu padre y a tu madre”, y a pesar de todo es rechazado, tendremos criminalidad o tendremos el neurótico sentimiento de culpa. 

Un proceso neurótico  que trabajamos en gestalt es la polaridad perro de arriba-perro de abajo, la parte controladora y la parte controlada, cada una le da un sentido a la otra, obviamente el de arriba el  superyó de Freud, y el de abajo es el reprimido, es el mandón y mandado de Naranjo, o amo y esclavo, opresor y oprimido, uno es autoritario, perfecto, virtuoso y ejemplar, es la norma interiorizada, y el contexto en el que se mueve, social, es el “tú deberías”, el otro se muestra defensivo y adulador, se justifica y no sume sus compromisos, posponiéndolos, está relacionado mas con lo emocional, lo organísmico.                       

Ambos se necesitan y uno intenta controlar al otro,  y así lo que hacen es no encarar la realidad, se dejan controlar por la situación. Es una fractura de la autorregulación con el entorno. El perro de arriba es una manera de protegernos, como un padre que hemos creado dentro de nosotros, que quiere que mejoremos inmediatamente con independencia de la situación de la persona, el de abajo responde con autocomplacencia o sabotaje. Los dos representan dos roles inútiles ante un yo ineficaz y tolerante.

La autorregulación organísmica es el antídoto de la neurosis, la restauración de la sabiduría interna y la buena orientación externa, siempre Perls nos remite a la autorregulación como solución de la neurosis, ya que entraña una fe en lo organísmico frente a lo social o intrínseco.

El comportamiento humano estaría regulado por el proceso llamado homeostasis. La homeostasis es el proceso por medio del cual el organismo satisface sus necesidades y por el cual mantiene un equilibrio. En el actuar del organismo a cada momento existe algún suceso que puede perturbar su equilibrio y, de manera simultánea y regulada por el proceso homeostático, una tendencia contraria surgiría para recuperar ese equilibrio. El metabolismo fisiológico es el ejemplo más claro de la tendencia innata de cada organismo a lograr un equilibrio. Si, por ejemplo, en el curso de sus actividades el organismo consume gran parte del agua ingerida aparece la sed. De manera inmediata este organismo buscaría la forma de restablecer el nivel óptimo de agua en el sistema. En los organismos vivos cuando hay deficiencias o excesos el sistema orgánico los remedia. 

Las deficiencias del organismo humano no son exclusivamente de naturaleza biológica. La cultura o civilización ha creado en el hombre un cierto número de necesidades adicionales. Cuando este proceso falla parcialmente, y el organismo mantiene en el tiempo un estado de desequilibrio, se produce la enfermedad. Cuando el proceso homeostático falla completamente, lo que resulta es la muerte del organismo. A pesar que el principio de autorregulación no asegura la satisfacción de las necesidades del organismo, garantiza que los organismos harán todo lo posible para regularse de acuerdo a sus necesidades y los recursos del ambiente (tendencia a la actualización).

 

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