Libertad, un camino hacia el crecimiento personal y una responsabilidad inamovible.

Libertad, un camino hacia el crecimiento personal y una responsabilidad inamovible.

Cada vez que se toca el concepto de libertad queda entre dicho que es un concepto vago que de hecho no se puede definir sin embargo se vive, se cree que la libertad tiene que ver con un estado de movimiento, de interactuar con lo otro, de la capacidad de desplazarse, de tener ciertas responsabilidades aun no definidas, incluso estar al margen del castigo o juicio moral.

El hombre se forma en 3 momentos, dos de ellos son de origen histórico- social, esta influencia bien podemos llamarla circunstancias exógenas, gran parte del desarrollo se da dentro del sistema familiar donde se nutre la vida y da origen a la expansión a círculos sociales más extensos creando a partir de las primeras experiencias cualidades que lo hacen único e irrepetible.

A la vez que esos momentos antes mencionados desarrollan aquellas cualidades con las que nos identificamos, con lo que convergemos y nos comunicamos con el mundo y comúnmente llamamos personalidad. La forma que nos sentimos respecto a nosotros mismos, en la forma en que nos dirigimos hacia el mundo, constituyen la esencia de lo que somos, este desarrollo siempre va encaminado al cambio y a la realización de la libertad.

La personalidad se desarrolla sobre una base que dura para toda la vida, la familia, ese grupo común donde vamos internando formas de ver y sentir el mundo y de expresarnos, es donde primeramente formamos nuestra vida, aquellos tiempos pasados duran hasta el fin de la existencia independientemente de su naturaleza. La familia, no hay que olvidar que es componente de una organización social o sistema social- económico que influye directamente en las creencias, aptitudes y cualidades que la forman, esas dos influencias directas sobre el hombre son circunstancias en las que vivimos y tenemos nula capacidad de elegir, a esto habría que sumarle las necesidades más básicas como ser humano y una carga genética particular.

Pero ¿A caso el hombre se constituye necesariamente de una historia de vida y un cumulo de instintos y la suma genética? ¿será, la búsqueda del placer es el fin de todo hombre? La respuesta a estas preguntas sería un tanto compleja analizarla desde una realidad histórica.

Actualmente el hombre tiene cubiertas prácticamente sus necesidades instintivas y cada vez más se cree independiente por que la modernidad nos orilla a un desprendimiento de las raíces sociales, familiares y este espíritu de caridad, tratando de adaptarse a un estándar establecido por la sociedad.

La última parte con la que se constituye el hombre, es el sí mismo, el hombre en sí mismo es libertad sin atadura, la libertad humana y personal. Hombre el cuál en una visión humanista, atraviesa obstáculos en una dirección que en un fin último llevan inequívocamente a la existencia y a la realización. La libertad es ante las circunstancias exógenas, pero también se es libre de su estrato animal y genético llamado instintos y herencia que sirven como guía para subsistir. Los instintos a base de estímulos nos mueven para buscar la necesidad más apremiante y la genética nos acerca a ciertos niveles emocionales atreves del temperamento entre otras circunstancias que nos comprometen a ciertas experiencias

Al respecto, Elisabeth Lukas menciona que las neurosis actuales no son producto de las insatisfacciones de nos instintos sino más bien de la falta de un sentido y ese sentido solo se ajusta y se encuentra con la libertad misma. Concluyendo que el hombre actual oscila entre el estrés y el ocio, el estrés viene por una falta de seguridad ante la falta de algo y la incertidumbre de lo que viene. El ocio como una pasividad que puede llevar al hombre a un nihilismo y desprecio de la actividad trascendente.

La insoportabilidad de la vida se funde con un pensamiento determinista donde sucesos que no somos capaces de contener porque suceden en el exterior de nosotros nos pueden llevar a un fatalismo si no hacemos valer nuestra existencia en términos de libertad, el alma sujeta a un determinismo tan puro solo expresa una pereza del existir que arranca del camino a la expresión máxima del ser. En el determinismo y la falta de responsabilidad es una falta de amor propio y amor exterior, el hombre está llamado a la libertad de elecciones, como ya decía Sartre, libertad ante todo sino el para qué de la existencia, tomando en cuenta una existencia elevada, es decir lo que nos ata a la vida como seres humanos, en pocas palabras un sentido a través del otro.

Sin embargo, la libertad, no es libertad de una u otra circunstancia, sería fácil y una forma de justificar los actos humanos simplemente con el artificio de que el hombre es libre por naturaleza, sino hay un componente igualmente elevado, “la responsabilidad”. El sentido de la libertad desde el punto de vida del logos se dirige hacia la vida y los valores que establecen un contacto humano con el otro, es ver al otro como un espejo donde a la vez que dirige su mirada hacia el Tú y se acepta y valida la individualidad del otro, a la vez que a través del otro llega a un encuentro con el Sí mismo. Cuan equivocados están aquellos que se creen el centro del universo y tratan de encontrar la felicidad en el placer momentáneo y no echan un vistazo a aquello que llama al sentido.

Hay que cuestionarse de vez en cuando quien es el que toma las riendas de nuestras vidas y recordar que siempre somos los que tomamos una decisión final que guía el futuro y si estás decisiones quedan cegadas por una treta del destino, aún tenemos la libertad de crecer y ser libres desde lo más alto, del lado espiritual, como la analogía que nos presenta E. Lukas, los arboles de copas altas en un bosque numeroso, que no tiene otra opción de crecer sino hacia arriba igualmente de eso se trata la superación de muchos hechos de nuestra existencia, no el ser libres de que, sino una libertad más profunda, una libertad hacia dónde y hacía quienes.

Cada vez que se toca el concepto de libertad queda entre dicho que es un concepto vago que de hecho no se puede definir sin embargo se vive, se cree que la libertad tiene que ver con un estado de movimiento, de interactuar con lo otro, de la capacidad de desplazarse, de tener ciertas responsabilidades aun no definidas, incluso estar al margen del castigo o juicio moral.

El hombre se forma en 3 momentos, dos de ellos son de origen histórico- social, esta influencia bien podemos llamarla circunstancias exógenas, gran parte del desarrollo se da dentro del sistema familiar donde se nutre la vida y da origen a la expansión a círculos sociales más extensos creando a partir de las primeras experiencias cualidades que lo hacen único e irrepetible.

A la vez que esos momentos antes mencionados desarrollan aquellas cualidades con las que nos identificamos, con lo que convergemos y nos comunicamos con el mundo y comúnmente llamamos personalidad. La forma que nos sentimos respecto a nosotros mismos, en la forma en que nos dirigimos hacia el mundo, constituyen la esencia de lo que somos, este desarrollo siempre va encaminado al cambio y a la realización de la libertad.

La personalidad se desarrolla sobre una base que dura para toda la vida, la familia, ese grupo común donde vamos internando formas de ver y sentir el mundo y de expresarnos, es donde primeramente formamos nuestra vida, aquellos tiempos pasados duran hasta el fin de la existencia independientemente de su naturaleza. La familia, no hay que olvidar que es componente de una organización social o sistema social- económico que influye directamente en las creencias, aptitudes y cualidades que la forman, esas dos influencias directas sobre el hombre son circunstancias en las que vivimos y tenemos nula capacidad de elegir, a esto habría que sumarle las necesidades más básicas como ser humano y una carga genética particular.

Pero ¿A caso el hombre se constituye necesariamente de una historia de vida y un cumulo de instintos y la suma genética? ¿será, la búsqueda del placer es el fin de todo hombre? La respuesta a estas preguntas sería un tanto compleja analizarla desde una realidad histórica.

Actualmente el hombre tiene cubiertas prácticamente sus necesidades instintivas y cada vez más se cree independiente por que la modernidad nos orilla a un desprendimiento de las raíces sociales, familiares y este espíritu de caridad, tratando de adaptarse a un estándar establecido por la sociedad.

La última parte con la que se constituye el hombre, es el sí mismo, el hombre en sí mismo es libertad sin atadura, la libertad humana y personal. Hombre el cuál en una visión humanista, atraviesa obstáculos en una dirección que en un fin último llevan inequívocamente a la existencia y a la realización. La libertad es ante las circunstancias exógenas, pero también se es libre de su estrato animal y genético llamado instintos y herencia que sirven como guía para subsistir. Los instintos a base de estímulos nos mueven para buscar la necesidad más apremiante y la genética nos acerca a ciertos niveles emocionales atreves del temperamento entre otras circunstancias que nos comprometen a ciertas experiencias

Al respecto, Elisabeth Lukas menciona que las neurosis actuales no son producto de las insatisfacciones de nos instintos sino más bien de la falta de un sentido y ese sentido solo se ajusta y se encuentra con la libertad misma. Concluyendo que el hombre actual oscila entre el estrés y el ocio, el estrés viene por una falta de seguridad ante la falta de algo y la incertidumbre de lo que viene. El ocio como una pasividad que puede llevar al hombre a un nihilismo y desprecio de la actividad trascendente.

La insoportabilidad de la vida se funde con un pensamiento determinista donde sucesos que no somos capaces de contener porque suceden en el exterior de nosotros nos pueden llevar a un fatalismo si no hacemos valer nuestra existencia en términos de libertad, el alma sujeta a un determinismo tan puro solo expresa una pereza del existir que arranca del camino a la expresión máxima del ser. En el determinismo y la falta de responsabilidad es una falta de amor propio y amor exterior, el hombre está llamado a la libertad de elecciones, como ya decía Sartre, libertad ante todo sino el para qué de la existencia, tomando en cuenta una existencia elevada, es decir lo que nos ata a la vida como seres humanos, en pocas palabras un sentido a través del otro.

Sin embargo, la libertad, no es libertad de una u otra circunstancia, sería fácil y una forma de justificar los actos humanos simplemente con el artificio de que el hombre es libre por naturaleza, sino hay un componente igualmente elevado, “la responsabilidad”. El sentido de la libertad desde el punto de vida del logos se dirige hacia la vida y los valores que establecen un contacto humano con el otro, es ver al otro como un espejo donde a la vez que dirige su mirada hacia el Tú y se acepta y valida la individualidad del otro, a la vez que a través del otro llega a un encuentro con el Sí mismo. Cuan equivocados están aquellos que se creen el centro del universo y tratan de encontrar la felicidad en el placer momentáneo y no echan un vistazo a aquello que llama al sentido.

Hay que cuestionarse de vez en cuando quien es el que toma las riendas de nuestras vidas y recordar que siempre somos los que tomamos una decisión final que guía el futuro y si estás decisiones quedan cegadas por una treta del destino, aún tenemos la libertad de crecer y ser libres desde lo más alto, del lado espiritual, como la analogía que nos presenta E. Lukas, los arboles de copas altas en un bosque numeroso, que no tiene otra opción de crecer sino hacia arriba igualmente de eso se trata la superación de muchos hechos de nuestra existencia, no el ser libres de que, sino una libertad más profunda, una libertad hacia dónde y hacía quienes.

Referencias Bibliograficas

  • Elizabeth Lukas, Curación a través de la logoterapia (2007)
  • Elisabeth Lukas, Logoterapia, La búsqueda del sentido.
  • Viktor Frankl, Psicoterapia al alcance de todos: editorial Herder, Barcelona (1995)
  • Viktor Frankl, La presencia ignorada de dios.
  • Jean Paul Sarte- El existencialismo es un Humanismo (1946)
 

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