La toma de contacto

La toma de contacto

Contacto, conflicto, seguridad, función Yo.

"Experiencia es el nombre que damos a nuestras equivocaciones."
Oscar Wilde

El contacto en terapia Gestalt designa algo más fundamental que la relación y creo que es importante hacer la distinción. El contacto es ``un esquema sensoriomotor, modos de sentir y moverse, de un '''ir hacia y coger'', o, para decirlo con otras palabras gestaltistas, un proceso de orientación y manipulación''. [Jean Marie Robine, El Contacto, experiencia primera, Cap. 4 de Contacto y relación en psicoterapia, p. 42, Ed. Cuatro Vientos, 2002] Es decir, el contacto es ``la realidad más básica''. La relación objetal o la relación Yo-Tú son nociones más complejas: están construidas a partir de contactos básicos. En una metáfora informática el contacto serían las funciones de nivel más bajo, que ponen los datos del ordenador en el nivel físico, en los cables, y la relación serían los protocolos de comunicación entre ordenadores que permiten el intercambio de datos. En la operación ``relación'' nos movemos en un eje Yo--Prójimo, mientras que en la operación ``contacto'' el eje es Yo--No-yo. [Jean Marie Robine, Teorizar lo que nunca llegará a entenderse, Cap. 11 de Contacto y relación en psicoterapia, p. 202., Ed. Cuatro Vientos, 2002]

El contacto siempre tiene lugar en el presente. ``Solo podemos experimentar lo que estamos haciendo ahora, y lo que estamos haciendo ahora es siempre un contacto.'' [Margherita Spagnuolo Lobb, en la revista Studies in Gestalt Therapy, vol. 1, n.1, p. 77] El contacto es orientación y manipulación, awareness y respuesta motriz. 

La fase de ``toma de contacto'' es precisamente la de orientación y manipulación. Después del precontacto, hay una necesidad que pide ser satisfecha y en la toma de contacto movilizamos las energías para acceder al entorno y lograr la satisfacción. Si tengo hambre, busco y preparo comida; si necesito una caricia, busco a quien me la pueda dar y lo ``preparo'' para ello (por ejemplo, pidiéndoselo). En la orientación buscamos y en la manipulación ``preparamos'' el entorno para que posibilite el contacto final. 
 

En terapia

Durante la toma de contacto, el Self utiliza la función Yo para poder identificar y alienar, para ``decir que sí'' a unas cosas y ``decir que no'' a otras. Puede darse el caso de que diferentes figuras entren en conflicto. Hay varias opciones y no sabemos por cuál decidirnos. La solución ``fácil'' a esto puede ser hacer una elección rápida por la opción aparentemente menos problemática. Esto, sin embargo, puede producir la formación de una gestalt débil; en otras palabras, podemos acabar poniendo en marcha una solución que realmente no nos moviliza, aunque sea más cómoda. 

La forma de conseguir una implicación fuerte es centrarnos en el propio conflicto. [PHG, II, 12, 8] Ahí es de donde el Self puede extraer la energía necesaria para el cambio. Como terapeutas nos interesa el cambio y, por tanto, nos interesa más el conflicto de fondo que las elecciones en sí. Incluso cuando una persona nos presenta un conflicto entre diferentes opciones muy en primer plano, en terapia no conviene discutir la bondad o maldad de las opciones, pues puede dar lugar a una racionalización infinita, sino indagar qué función está cumpliendo el propio conflicto. Una de sus funciones puede ser ocultar otro conflicto de fondo diferente, que constituye la fuente real del problema, al que queremos acceder.

Quiero añadir un comentario respecto a la repercusión que tiene centrarse en el contacto y no (solo) en la relación. El contacto que se da en terapia es fundamentalmente un contacto relacional, pero no exclusivamente. Un ejemplo de Jean Marie respecto a esto era el siguiente: una persona que se deja importunar por los demás puede también no ser capaz de cambiar de posición en el sillón si un rayo de luz le da en la cara. Eso también es su forma de contactar, es una muestra de la modalidad de contacto que la persona pone en marcha, y puede ser puesto en evidencia en la sesión de terapia para ganar conciencia sobre su forma de hacer.

El ``rastrillar el campo'' del precontacto sirve para hacer emerger necesidades y movilizar los recursos. En el proceso de lograr que emerja una figura fuerte y que se pueda llegar al contacto, es decir, en la toma de contacto, se puede producir una interrupción. De hecho, es lo habitual. Por eso vamos las personas a terapia, porque hay interrupciones y el contacto no llega así como así. El trabajo consiste en abrir más posibilidades para que el proceso no se detenga en la interrupción y pueda ir hacia un contacto más pleno y más nutritivo. Las interrupciones del contacto son muy importantes en terapia y están tratadas en otros capítulos de esta memoria: las interrupcionesel egotismola confluencia.
 

En mi experiencia

El PHG cita otra fuente de dificultad para el contacto: la falsa seguridad. ``La timidez para ser creativo tiene dos fuentes: el dolor de la excitación creciente en sí mismo y el miedo a rechazar o a ser rechazado, a destruir, a hacer cambios; estas dos fuentes se refuerzan mutuamente y en el fondo son lo mismo. Aferrándose al statu quo, a los ajustes realizados en el pasado, se vive, por el contrario, una sensación de ``seguridad'' que la nueva excitación amenaza con romper y hacer pedazos.'' [PHG, II, 12, 9]

Reconozco en mí este apego a la ``seguridad''. El miedo a la excitación es un factor muy poderoso. He tenido momentos de gran creatividad muy excitantes, en los que un corte externo, o incluso el mero hecho de acabar lo que estaba haciendo me ha producido una gran ansiedad. Es fácil acabar viviendo la propia excitación con miedo: ¿Hacia dónde va a ir esa excitación? ¿Qué me va a pasar? Los momentos, tanto en terapia como fuera de ella, en los que la excitación ha subido los he vivido como peligrosos. El ejemplo más obvio que tengo es el del miedo escénico que vivo cuando canto o toco el piano ante alguien. La rigidez que me aparece en los brazos o en la garganta es una forma de impedir que aumente la excitación. Curiosamente, cuanto mayor es la rigidez, más mecanica es mi forma de tocar y ¡menos nervioso me pongo! Lamentablemente, también expreso menos y escucharme resulta mucho más aburrido. 

El miedo a rechazar o ser rechazado también juega un gran papel. Recuerdo, como ejemplo, un ejercicio que hicimos en uno de los talleres. Había que hacer un círculo entre todos nosotros cogiéndonos de las manos, cerrar los ojos y fijarnos en qué sentíamos. Era un ejercicio de awareness. Durante un rato tuve sensaciones corporales muy agradables e imágenes de sentirme unido al grupo. Era excitante. Cuando nos soltamos las manos, empecé a sentir miedo de mi propia excitación y el miedo tomó la forma de una fantasía: todos mis compañeros estaban con la formadora delante de mí, que tenía aún los ojos cerrados, riéndose y apuntándome con el dedo. Esta imagen duró solo un instante y no le dí carta de realidad. Sabía que eso no estaba pasando. Aún así, fue suficiente para que me cambiara totalmente la sensación corporal y me ``armara'' de nuevo: volví a mi postura más rígida y las sensaciones agradables desaparecieron.

 

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