La Naturaleza Cura: Los Ensayos Psicológicos de Paul Goodman

La Naturaleza Cura: Los Ensayos Psicológicos de Paul Goodman

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Introducción a la edición de The Gestalt Journal Press de

Nature heals: The psychological essays of Paul Goodman (Natura sanat non medicus) [Ndtt: "La naturaleza sana, no los médicos."]

Editado por Taylor Stoehr
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Paul Goodman: La poética de la teoría

Por Michael Vincent Miller

Paul Goodman fue incuestionablemente brillante, proféticamente adelantado a su tiempo, combinaba un inmenso saber con un sentido común expresado de forma llana, raro entre los intelectuales. Fue un crítico social, poeta, novelista y dramaturgo, urbanista utópico, educador, psicoterapeuta y psicólogo teórico, y publicó libros en todas estas áreas. Pero pasó la mayor parte de sus días --en todo caso hasta los 48 años (murió a los 60)-- viviendo la vida como un empobrecido artista erudito. Continuamente fue minusvalorado y malinterpretado a lo largo de su carrera de treinta y tantos años como escritor.Hubo una notable excepción: por algún encantamiento, durante la década de los 60 Goodman conectó con una generación de universitarios que compartía su alienación de la sociedad establecida y sus esperanzas de un cambio social. Paul sólo tuvo que publicarGrowing Up Absurd [Ndtt: Edición en español, Problemas de la Juventud en la Sociedad Organizada. Ediciones Península], el libro que le trajo algo de fama, y muchos de esta generación encontraron en este texto un convincente análisis de sus experiencias. Hacia el final de la década, no obstante, tanto los estudiantes radicales, frustrados y muy divididos entre sí, como la contracultura, cada vez más envuelta en una nube de drogas y misticismo, perdieron en su mayoría el interés por Goodman. Así, su influencia fue disminuyendo una vez más.

¿Por qué pasó por momentos tan difíciles? ¿Fue su carrera otro ejemplo de la difícil situación del artista moderno -- un dato en la sociología de la cultura? ¿O existía algo en la naturaleza de Goodman que era marcadamente demasiado individual y por tanto conseguía alejar a la gente? ¿Era demasiado declamatorio, demasiado insistente en público sobre su anarquismo y homosexualidad, sobre su decidida falta de reverencia hacia la autoridad y las celebridades, incluso sobre su ternura y su inquietante sentido del fracaso? Ciertamente su estilo de escritura es cualquier cosa menos distante. El hacía más enérgica la lectura que las abstracciones laboriosas de Herbert Marcuse o la mitificacion misteriosa de Norman O. Brown, contemporáneos con los cuales compartió cierto énfasis intelectual. La escritura de Goodman, por el contrario, es sumamentete auto-reveladora, lo cual puede ser más de lo que los lectores esperan o toleran de sus profetas y teóricos radicales, a pesar de que vivimos en una era de poesía confesional, historias de casos de los propios pacientes, novelas que apenas son disfrazados diarios de los problemas conyugales de sus autores. Existe drama personal en la escritura de Goodman, así como drama intelectual. Uno siente siempre que él se descubría a sí mismo con cada nuevo modo de caracterizar la neurosis u otra faceta de la opresión social. 

Muchas personas pueden haber sido disuadidas por la chispeante presencia personal de Goodman, aunque yo, por mi parte, no puedo ver porqué. En dos ocasiones pasé algún tiempo con Goodman -- una en 1964, cuando ambos éramos los encargados de escribir artículos pasa Dissent sobre The Berkeley Free Speech Movement [Ndtt: El movimiento para la libertad de expresión]; y de nuevo en 1970, cuando él vino al MIT [Ndtt: Massachusetts Institute of Technology], donde yo estaba enseñando en esa época, para dar un recital de poesía y un discurso a los estudiantes radicales. Lo encontré suave y receptivo, nada pretencioso, intelectualmente entusiasta y abierto. Es cierto que algunos tonos de amargura entraban en su voz de vez en cuando en aquellas fechas. La muerte de su hijo Mathew a los 20 años por un accidente en una excursión 3 años atrás lo había dejado profundamente conmocionado. Además, el distanciamiento entre Goodman y los estudiantes fue ampliándose, especialmente desde que Goodman deploró la reciente tendencia hacia la violencia de algunas facciones del movimiento estudiantil. En una charla que le escuché dar, los estudiantes activistas militantes le interrumpieron todo el tiempo. Recuerdo con qué paciencia y minuciosidad lidió con sus desafíos. De cualquier modo, sentí un afecto inmediato por aquel hombre.

Es más, pienso que Goodman se consideraba a sí mismo una especie de exiliado de todo grupo, incluso en lo más alto de su fama en los años 60. Existe un pasaje muy conmovedor en un ensayo tardío que escribió en Life, llamado "The Politics of Being Queer" [Ndtt: "Los Cánones de Ser Extraño"] (incluido en esta colección de sus escritos psicológicos), que muestra de qué manera tan penetrante sentía Goodman su aislamiento: "Fracamente, mi experiencia de comunidad radical es que ésta no tolera mi libertad. No obstante, soy todo para la comunidad porque es algo humano, solamente parezco condenado a ser excluido." ¡Esto por parte de un pensador social que se entregó a una visión utópica de los seres humanos libres, viviendo y trabajando juntos de manera satisfactoria!

Encaja perfectamente en este patrón el que Goodman sea un padre fundador de la Terapia Gestalt no reconocido, aunque él es aún tal vez la más elocuente e importante voz teórica. Por supuesto, todos los que estuvieron sobre el mapa del terreno original de la Terapia Gestalt -- Laura Perls, Isadore From, y otros, incluyendo a Goodman -- tendieron a desvanecerse de la vista pública tras la sombra de Fritz Perls, quien además de ser un clínico habilidoso e inventivo fue un astuto publicista para su nueva terapia. La influencia de Goodman no hizo un gran camino lejos de New York entre los terapeutas gestalt en ciernes (excepto en Cleveland -- los fundadores del Instituto Gestalt fueron entrenados por el grupo original de New York). Estaban demasiado impresionados por el genio carismático de Perls; además, muchos fueron arrastrados sobre las mareas de la religiosidad del movimiento del "potencial humano". El humanismo anticuado de Goodman -- sus escritos psicológicos están llenos de referencias a Aristóteles y Kant, así como a Freud y Reich -- y su insistencia sobre las implicaciones políticas de la Terapia Gestalt no interesaron mucho a la espiritualista visión interior de Esalen, por ejemplo.

El tipo de mentalidad del propio Goodman es probablemente responsable en parte de la falta de reconocimiento que tuvo como un teórico innovador de la psicología. Nada de lo que escribió se encaja claramente dentro de las categorías convencionales. Abarca las humanidades y las ciencias sociales en su propia manera idiosincrásica y las trae a colación para referirse a cualquier tema que trata. Hay algo un poco irritante e intransigente sobre el hecho de citar a todos, desde Yeats hasta Federn y hasta Gandhi, en su tratado sobre la Terapia Gestalt, como también lo había en su hábito de invocar a Sócrates o a Milton delante de una audiencia de estudiantes activistas a punto de ir a recibir gases lacrimógenos en las barricadas (aunque Goodman tambien pagó su cuota de barricadas). Goodman hace un comentario encantador sobre esta propensión en un ensayo concerniente a su propio método literario. "He encontrado delicioso", anuncia, "cuando estaba siendo más extravagante, citando a Aristóteles o a Spinoza, sentir que yo era el más ortodoxamente inocente." Como de costumbre, un principio serio se esconde detrás del tono casual. Fue así como trató de trasmitir a las personas su conexión con las tradiciones humanistas, las cuales siempre sintió como soporte a su radicalismo.

Así, pues, sospecho que muchos psicoterapeutas no saben qué hacer con la forma en que se presenta Goodman cuando escribe sobre terapia. Por un lado, puedo imaginar que los profesionales burocráticos de la salud mental podrían considerar sus escritos psicológicos más "literarios" que "científicos", y de este modo podrían tener problemas para tomarlos en serio. Es extraño que una profesión tan emotivamente atractiva deba formularse, con pocas excepciones (siendo Freud una de ellas --basta leer sus historias de casos), en una terminología tan fría y engorrosa. Por otra parte, la energía de alto voltaje liberada por los terapeutas a menudo parece más interesada en las nuevas técnicas para animar a sus pacientes hacia la victoria, que en enriquecer su conocimiento teórico. Goodman no encaja muy bien en ningún molde. Más de su rechazo al compromiso.

La poesía es un modo de hablar que fusiona las ideas con la revelación personal del sentimiento, y la escritura de Goodman nunca estaba lejos del acto de hacer poemas, incluso cuando estaba lidiando con algún tema abstruso o sutil sobre la formación del carácter infantil. Durante su temprana fase freudiana, escribió sobre el complejo de Edipo de un modo más relacionado con las parábolas de Kafka que con la usual exégesis de los psicoanalistas profesionales. (Mirar "The Golden Age" y "Eros", o "Drawing of the Bow" enNature Heals.) En cambio, Goodman publicó un libro en 1947 llamado Kafka's Prayer, una meditación psicoanalítica exploratoria de los trabajos de Kafka.

De hecho, para mi gusto, la crítica social de Goodman y los escritos psicológicos son más satisfactorios poéticamente que su poesía. Sus saltos son más inspirados; le surgen metáforas de mayor alcance. Como crítico social, Goodman tuvo pocos colegas en EE.UU. Divulgó obstinadamente una visión de la auto-realización individual a través del amor y el trabajo contra las presiones deshumanizadoras que producían la burocracia y la tecnología. Ésta no era una visión darwiniana de la independencia ni del fuerte individualismo americano; sí lo era, no obstante, de comunidad anarquista. Goodman creía que los grupos de personas, tratando directamente entre ellos en pequeña escala, podrían iniciar artesanalmente una nueva comunidad humana decente, alejada de la creciente masa sobre-centralizada de la sociedad post-industrial. Escribió acerca de estas cuestiones -- tanto sobre los males como sobre las posibilidades de corregirlos -- con una inteligencia que, en su precisión, sentido común y convicción apasionada, a menudo se eleva a alturas líricas.

No pretendo dar a entender en lo más mínimo que Goodman fuera incapaz de un pensamiento riguroso o sistemático. Pocos podrían analizar las implicaciones del modelo del ego freudiano o el "masoquismo primario" de Reich mejor de lo que él pudo. Su ataque a los revisionistas psicoanalíticos -- Horney y Fromm -- es un argumento bellamente sostenido que involucra las relaciones entre la vida instintiva humana, la psicoterapia y el orden social, y es devastador para los blancos a los que apunta. Este ensayo fue publicado originalmente en Politics, la revista anarquista de los 40 de Dwinght Macdonald, y esto incitó al sociólogo de la nueva izquierda C. Wright Mills y a Patricia Salter a colaborar en un artículo inusualmente repugnante de ataque contra Goodman en el siguiente número de la revista. Goodman se encargó de ellos y, por lo que tengo entendido, les hizo picadillo intelectualmente hablando. Afortunadamente, Taylor Stoehr ha reimpreso el ensayo originalThe Political Meaning of Some Recent Revisions of Freud [Ndtt: "Las significaciones políticas de algunas revisiones recientes de Freud"] y el debate subsiguiente en Nature Heals. Pienso que éste es uno de los debates importantes en la reciente historia intelectual norte-americana.

Sin embargo, el logro teórico central de Goodman, lectura indispensable para los terapeutas Gestalt, es el segundo volumen del Gestalt Therapy. Excitement and Growth in the Human Personality [Ndtt: Terapia Gestalt: Excitación y Crecimiento de la Personalidad Humana. Libros del CTP], el cual Goodman escribió hace 40 años. En él, reunió sus conocimientos sobre Freud, Reich, Rank y sobre los psicólogos del Yo, sus propias innovaciones y las nuevas ideas de su colaborador Perls y lo hiló todo en una mirada comprehensiva y deslumbrantemente original de la naturaleza humana y el desarrollo del carácter, del funcionamiento humano saludable y la psicopatología. Éste es todavía hasta la fecha el texto de mayor autoridad sobre la teoría de la Terapia Gestalt. Entre otras cosas, explica cuidadosamente los procesos del crecimiento y el cambio, y las resistencias a ellos, y por consiguiente deja claro lo que se puede lograr en la terapia. Éstas son páginas que deben ser digeridas a conciencia por todo aquel que se considere a sí mismo o a sí misma un/a terapeuta Gestalt.

Nature Heals podria ser pensado como un suplemento diverso altamente legible para el segundo volumen de Terapia Gestalt. Si Terapia Gestalt muestra a Goodman en el medio de un sistema en construcción, la colección de escritos psicológicos de Stoehr lo representa en sus facetas más líricas, coléricas, sensibles, polémicas y autobiográficas, además de sus facetas teóricas. Escrito hace más de un cuarto de siglo, desde 1945 a 1969, estos ensayos, reseñas, discursos, etc., raramente se limitan a asuntos estrictamente clínicos. Hay fragmentos sobre la guerra, la ineficacia social, el racismo, la realización de películas, la opresión de los homosexuales, y el proceso literario, así como sobre la culpa, la agresión, la profunda pena, la crianza de los hijos, el sexo, Freud, Reich y la Terapia Gestalt. A veces puede parecer como si Stoehr hiciera algunas elecciones bastante arbitrarias colocando en este volumen ciertas piezas que tienen un énfasis literario o político. Pero, de ese modo, demuestra el alcance al que llegó el pensamiento de Goodman en todas las disciplinas.

Puedo pensar inmediatamente tres razones por las que todo terapeuta Gestalt debe leerNature Heals. Primero que todo, los escritos incluidos en él le brindan a uno un vívido sentimiento de la evolución de la Terapia Gestalt desde la Segunda Guerra Mundial hasta el presente. En segundo lugar, están llenos de profundos insights directamente aplicables sobre el carácter y la psicopatología que agudizan la propia conciencia clínica. Y en tercer lugar, extienden los horizontes propios sobre las ramificaciones sociales de la psicoterapia, al mismo tiempo que nos corrigen dejando claras, tanto como en cualquier literatura de las que conozco, las limitaciones de la terapia cuando se da un entorno social insatisfactorio. 

La excelente introducción de Stoehr es particularmente útil para remontar el desarrollo de Goodman entre las corrientes y tendencias en la psicoterapia después de la Segunda Guerra Mundial. Los propios cambios teóricos de Goodman -- desde el inconsciente de Freud a la armadura caracterológica y economía sexual Reichiana, hasta la fenomenología de la frontera-contacto -- recapitula el desarrollo de la Terapia Gestalt en sí. Sus cambios de pensamiento eran un movimiento de integración intelectual, no saltos de conversión de doctrina en doctrina. Él nunca abandonó algo útil a lo largo del camino, sino que le añadió, modificó, y sintetizó.

Éste es un punto importante. Goodman fue claramente un pensador psicológico innovador, pero nunca llegó a desarraigarse de su tradición. Uno puede ver en sus páginas, incluso más claramente que en Perls, la deuda que la Terapia gestalt tiene con Freud. Perls, aunque se formó como psicoanalista y fue cercano a los miembros tempranos del círculo freudiano, tenía sentimientos complicados hacia Freud; y después de su primer libro Ego, Hunger and Aggression [Ndtt: Yo, Hambre y Agresión, Libros del CTP, 2007], el cual es fuertemente psicoanalítico en muchos sentidos, a menudo forzaba diferencias en las divisiones y roturas aparentes con la tradición freudiana (como muchos otros terapeutas originales y heterodoxos que crecieron con una dieta de asociaciones psicoanalíticas). Finalmente, decidió conectar la Terapia Gestalt con el movimiento de encuentros de grupo en Esalen, donde fue idolatrado.

Pero Goodman estaba libre de sentimientos edípicos sobre Freud, y de este modo, teniendo poca necesidad de rechazarlo, tendía a buscar lo mejor en él. Siempre insistía sobre el contenido radical de las doctrinas freudianas, aunque sostuvo que el propio Freud, asediado y protector de su joven movimiento, cada vez más cansado y viejo, se alejó de las implicaciones revolucionarias de sus descubrimientos. En los dos primeros ensayos en la colección de Stoehr, Goodman trata esta parte de Freud con una mezcla encantadora de reverencia y patetismo. A Goodman le gustaba el hecho [Ndtt: negrilla en el original] que Freud hubiera arraigado la psicología en la biología, a diferencia de los conductistas, los psicoanalistas revisionistas, y la mayoría de los psicólogos sociales. Tal y como lo vio Goodman, la implicación era que los humanos entran al mundo portando una serie innata de disposiciones -- como los instintos freudianos de Eros y de agresión -- y estos dictan lo que la gente debe conseguir del ambiente con el fin de sobrevivir y crecer. Por consiguiente la propia naturaleza humana pone restricciones absolutas a la naturaleza de la comunidad: una mala sociedad es la que no responde a los ritmos y necesidades animales naturales del individuo, o los distorsiona. Éste es un principio básico goodmaniano que aparece una y otra vez en sus escritos. Nutre su posición moral acerca de cómo debería ser la buena sociedad y, por tanto, enlaza su psicología con su política. Es también un valor importante en el desarrollo de la Terapia Gestalt.

Así que Goodman volvió a Freud para descubrir una teoría de la naturaleza humana compatible con su anarquismo. En un irónico giro, Goodman fue capaz, en el ensayo sobre los revisionistas, de usar al propio Freud contra estos psicoanalistas y contra los ingenieros sociales liberales, ciertos marxistas sociológicos, y todo aquel que mantenía que la naturaleza humana es indefinidamente maleable y simplemente requería ser rediseñada para encajar en un orden social, orden armado por expertos por el bien de las masas.

O tomemos un asunto pertinente de una forma más inmediata para la práctica clínica de la terapia Gestalt. Goodman fue capaz de conservar lo que hay de valioso en el gran descubrimiento de Freud de la transferencia, esa sombra que la situación inacabada del pasado proyecta sobre el presente. Pero Goodman extendió la idea para indicar por qué interpretar la transferencia no es ir suficientemente lejos. Goodman vió que la noción de Freud implicaba que realmente la palanca vivaz para trabajar en terapia es la compulsión de repetición. El problema es que el paciente permanece tratando de terminar la situación antigua del mismo modo ineficiente, es decir, manteniendo síntomas neuróticos. En ello reside tanto el corazón de la patología como el empuje innato hacia la salud. La "cura", afirmaba Goodman, la verdadera disolución de la transferencia, implica "un nuevo intento experimental con una persona real". Aquí, en pocas palabras, está el cambio desde la explicación psicoanalítica del pasado al énfasis de los terapeutas Gestalt sobre el aquí y ahora.

Un ejemplo más de la reinterpretación de Goodman sobre Freud. Goodman insistía contra la habitual observación de que Freud fue un psicólogo social, de que todos sus conceptos básicos estaban empapados con significado social. Pienso que Goodman pudo haber estado exagerando un poco en esto -- por supuesto que Freud sabía que existía una familia y una cultura que tenían un impacto sobre la forma de la psique joven, pero su psicología no las mostró en una dimensión muy completa. Sin embargo, es importante ver lo que Goodman quería decir por "psicólogo social", pues su comprensión difiere de la de los conductistas y las definiciones de la teoría de rol todavía vigentes hoy en día. Para Goodman, toda buena psicología debía ser social en la medida que estudia lo que pasaentre el organismo y el entorno. Los síntomas, la formación caracteriológica, el crecimiento, todas tienen lugar en la frontera entre el self y lo otro. Éste fue un punto crucial para el desarrollo del enfoque de la terapia Gestalt para trabajar en la frontera-contacto (un concepto que Goodman trata por completo en su mitad de Terapia Gestalt).

Si bien Goodman localizó las raíces filosóficas de la terapia Gestalt y su posición anarquista en las formulaciones freudianas, volvió a Reich por motivos prácticos para conectar la psicoterapia y la revolución social. Aquí había una contradicción, le pareció a Goodman, entre la terapia de Freud, la cual tendía hacia la liberación de los instintos, y sus políticas conservacionistas, las cuales proclamaban la necesidad de mantenerlos reprimidos, para que solamente apareciera algún goteo de ellos en las sublimaciones. No había tiempo para alentar la sublimación, pensó Goodman; la sociedad ha ido demasiado lejos equivocadamente. Reich mostró más claramente que Freud cómo el orden social industrial llegó bajo la piel de la gente y colonizó sus psiques, principalmente a través de la familia y las escuelas. La crianza y la escolaridad llevan a los niños a ponerse en contra de sí mismos y enterrar sus necesidades animales espontáneas -- hasta aquí Freud y Reich estaban bastante de acuerdo. Este proceso de bloqueo, según seguía indicando Reich, tenía componentes anatómicos y psicológicos: se logra por sostener la respiracion y tensar los músculos contra el impulso de la expresión instintiva. Una vez esto se vuelve crónico se forma una coraza rígida de la personalidad, la cual Reich llamó armadura caracterológica. El resultado era una población pasiva, inhibida, con sus capacidades para entablar contacto a través del amor y el sexo, la ira y el trabajo, mermadas de forma miserable. Tales individuos difícilmente estaban en condiciones de empezar a construir la nueva sociedad que Goodman soñó, mucho menos para darse cuenta ellos mismos.

Aquí es donde la psicoterapia entró en escena. Goodman creía como Reich que una buena terapia podría liberar energías creativas de las personas desde la esclavitud de la hiriente formación caracterológica, y luego estos individuos liberados se moverían espontáneamente hacia la revolución social. La psicoterapia efectiva puede ayudar a recuperar la vivacidad perdida, la fuerza y la espontaneidad que caracteriza al funcionamiento humano saludable -- en otras palabras, a restaurar el poder para hacer un buen contacto. Pero ¿contacto con qué? Desde luego con otros individuos y con el propio trabajo. Uno puede tener verdaderas amistades, sexo satisfactorio, batallar cuando sea necesario, finalizar conflictos y moverse, ser productivo. Sin embargo, el mar en el que estos seres renovados tienen que nadar, desde la perspectiva de Goodman (y Reich), está todavía contaminado por instituciones basadas en la represión sexual y la agresión distorsionada, así como en la burocracia, la publicidad y la guerra. Obviamente la calidad de vida individual no puede ser aislada de lo que la cultura circundante pone a disposición. Mucha gente encauza su cariño y sentir sexual dentro del matrimonio, pero Goodman hizo notar que la monogamia, bajo nuestras condiciones sociales, se convierte más a menudo en un modo de opresión sexual que en un reflejo de compromiso amoroso natural. Si la opción propia es el amor homosexual, al menos cuando Goodman escribía, uno tenía que lidiar con la amenaza de cárcel, el escándalo, los brutales ataques, la pérdida del empleo. Y como nunca se cansó de señalar Goodman, el sustento propio, con pocas excepciones (la favorita de Goodman era el artista) equivale a gastar mucho del tiempo propio en trabajos aburridos, vacíos o inmorales.

A la vista de esta situación social, el sendero de liberación terapéutica individual no es fácil, y Goodman comentó sobre los peligros de asumirlo. Estaba de acuerdo con Reich en que las personas que recobraran algo que se acercara a su potencial humano completo, inevitablemente rehusarían vivir en un mundo semejante. Se sentirían impulsados a abandonarlo y crear alternativas o tratar de cambiar la estructura existente a través de la acción social. Dado que el orden social tiene un interés en su propia preservación, difícilmente podría esperarse que respondiera amablemente. "La psicoterapia agresiva es inevitablemente un riesgo social...," advertía Goodman, "la sociedad prohibe lo que es destructivo para la sociedad." Fue el mensaje revolucionario contenido en el análisis de Goodman, si es que no lo fue el énfasis en la terapia, lo que hizo su pensamiento tan grato a la generación de los sesenta-- a la gente joven que trataba de dar forma a nuevos estilos de vida, nuevos tipos de comunidad, escuelas alternativas, y que se implicaban en una protesta no violenta contra la guerra y el racismo.

Goodman consideró la tendencia de Reich de reducirlo todo a la liberación terapéutica del orgasmo como "excesivamente simple y rousseauniana", reductora de la rica complejidad de Freud. Señaló muchas veces en su ensayo sobre Reich que la teoría de Reich es una medida provisional; sin embargo, añade Goodman, en este momento en la historia, "tiene un enorme dinamismo revolucionario".

A partir de esta discusión, no sorprende que el ideal de terapia de Goodman nunca se limitara exclusivamente a la psicoterapia individual, sino que incluye lo que podría llamarse la terapia de la sociedad a través del análisis, la crítica y la acción. En este sentido, sus escritos psicológicos son inseparables de su pensamiento social, político e incluso, hasta cierta instancia, de su crítica literaria, como demuestra la amplia selección de Stoehr. El modo en el que Goodman se ocupa de cualquier cuestión de desarrollo humano o psicopatología siempre involucra al "Tú", así como al "Yo", al entorno social circundante así como al organismo individual. Este enfoque es totalmente compatible con los principios fundamentales de la terapia Gestalt, por ejemplo, el énfasis en la frontera-contacto -- aquel lugar de encuentro entre el self y lo otro, donde se impactan y cambian el uno al otro a través de la colisión, el amor, la influencia, el conflicto, la reconciliación -- o su concepto del self como la estructuración del campo organismo/entorno. Aunque los terapeutas gestalt siempre han declarado estos como los principios de contacto y trabajan con ellos en terapia, Goodman fue uno de los pocos que se acercó con toda seriedad a su sentido más amplio.

 

Michael Vincent Miller

 

Traducido en el Laboratorio de Traducción de Gestaltnet.net
Coordinador de la traducción: Alberto Guzmán Ferraro
Colaboradores: Eva Aroca BelmonteDavid Picó Vila

 

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