La función Personalidad

La función Personalidad

Responsabilidad, actitudes, lenguaje, lealtades, moralidad, actitudes retóricas.

"Siempre fuisteis enigmático 
y epigramático y ático 
y gramático y simbólico, 
y aunque os escucho flemático, 
sabed que a mí lo hiperbólico, 
no me resulta simpático."

Don Mendo

``La función Personalidad (FP) expresa la capacidad del organismo de contactar con el entorno sobre la base de la definición que da de sí mismo.'' [Margherita Spagnuolo Lobb,La teoría del self en psicoterapia de la Gestalt, sec. 2.2. Cap. 5 de Psicoterapia de la Gestalt. Hermenéutica y clínica, Ed. Gedisa, 2002] Nos permite responder a la pregunta ``¿quién soy yo?'', y usar la respuesta para orientarnos en el mundo, en especial en el mundo social: ¿Qué se puede hacer y qué no? ¿A quién he de ser leal? ¿Cómo me debo comportar? ¿Cómo puedo conseguir cosas de los demás? ``La Personalidad es el sistema de actitudes asumido en las relaciones interpersonales''. [PHG, II, 10, 8] Es el resultado del contacto social creativo y se construye en la relación con los demás. 

Al mismo tiempo, la Personalidad es, esencialmente, ``una réplica verbal del self''. [PHG, II, 10, 8] Tiene que ver con el lenguaje y la palabra, con la conciencia reflexiva (conciousness). Siempre que hablamos, lo hacemos mediante, o a través de, la FP. Esto incluye lo que los otros perciben de mí (la personalidad aparente), lo que yo considero ser (mi autoconcepto), o lo que digo ser (la personalidad enunciada). 

La FP es la que otorga identidades y la que puede atribuir responsabilidades a las acciones. Según el PHG: ``la Personalidad es responsable y puede tenerse a sí misma como responsable, mientras que el self creativo no lo es.'' La responsabilidad es el cumplimiento de un acuerdo con el otro; necesita que podamos ver al otro. Sin FP no podemos ser sensibles a los valores humanos del prójimo ni experimentar sentimientos.
 

En terapia

Según el PHG, la personalidad la forman las lealtades [PHG, II, 13, 6], la moralidad [PHG, II, 13, 7] y las actitudes retóricas [PHG, II, 13, 8]. Las lealtades nos hacen plantearnos como terapeutas, en especial cuando una actitud patológica se perpetúa, a quién se está protegiendo, a quién se está siendo leal. La moralidad nos invita a fijarnos en los introyectos sobre qué es ``bueno'' y qué es ``malo'', así como en las lealtades de grupo. Laactitud retórica es la manera que tiene uno de manipular las relaciones interpersonales, actitud que a menudo opera de forma no consciente intentando expresar una necesidad inacabada importante. La lectura (en el sentido de la hermenéutica) de los signos que nos da el paciente y de su retórica nos puede permitir acceder a necesidades no explicitadas. 

Las perturbaciones de la FP son, sobre todo, el exceso y el defecto. El exceso de personalidad es sinónimo de rigidez. La autosuficiencia de las ``personalidades fuertes'' esconde una gran decepción ante la dependencia del otro y un deseo de esa dependencia. La interdependencia te iguala con el otro: ambos nos necesitamos, somos importantes el uno para el otro. 

Por otro lado, cuando hay demasiado poca personalidad el ello toma todo el campo y me muevo por impulsos, por deseos, sin un coordinador que evalúe la adecuación de la expresión de estos deseos al contexto. Otras dos perturbaciones de la FP son mantener un rol inapropiado a la situación y mantener una representación de mí mismo que no corresponde a quién soy.

En el proceso de contacto, la FP entra en juego en dos momentos principalmente: 1) informa a la función Yo durante la toma de contacto de cuáles son las posibilidades permitidas en el campo; 2) lleva a cabo la asimilación del postcontacto. Después de un contacto pleno salimos transformados, y esa transformación incluye un cambio en las representaciones. Como mínimo, paso a ser ``alguien que ha tenido esta experiencia de contacto''. En la terapia hay que tener en cuenta que esta asimilación puede llevar su tiempo. Las reorganizaciones de la FP no son inmediatas.
 

En mi experiencia

Salirse del discurso ``de cabeza'', verborreico, de la pura personalidad es bastante difícil. Es pegajoso, para uno mismo y para los demás. Como paciente puedo hablar y hablar y no decir nada nuevo, y como terapeuta, me resulta muy complicado impedir que la sesión se convierta en un puro parloteo. 

Por otro lado, he sentido a menudo bastante dificultad para ``actualizar'' los cambios de mi autoconcepto. Las nuevas comprensiones de aspectos de mi vida han necesitado tiempo para convertirse en nuevas formas de comportarme. Han hecho falta experimentos, tanteos y prospecciones precavidas.

 

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