La excitación

La excitación

Excitación, ansiedad, angustia, confluencia, proceso de contacto

"La excitación es la experiencia de la realidad."
PHG, 1, 9

El crecimiento se produce a través del contacto con el entorno: lo que comemos y lo que aprendemos lo tomamos de fuera de una forma u otra. Cada contacto pasa por la formación de una figura de interés que se destaca contra el fondo del campo organismo/entorno [PHG, II, 1, 6]. El proceso del contacto es un movimiento de la excitación. La aparición de la figura necesita excitación. Cuando algo capta nuestro interés, cuando una figura se empieza a formar, movilizamos energías para acercarnos a ello, para manipularlo, para agredirlo y contactarlo. Después del contacto la excitación decae; la asimilación es fisiológica, pasiva para el self. 

Esta excitación creciente está llena de sentimiento y de implicación; y al revés, lo que no me implica, presente en uno mismo, no es psicológicamente real [PHG, II, 1, 9]. Sin excitación, implicación y sentimiento, no hay contacto, y sin él, no podemos conocer la realidad que nos circunda. La visión ``científica'' tan extendida que considera que la realidad es neutra no es cierta. No podemos saber de ninguna realidad si no es a través de nuestra excitación, y por tanto ninguna realidad nos puede ser indiferente o neutra

La excitación y la confluencia bailan la una con la otra: la confluencia es la indiferenciación, la falta de excitación; cuando emerge una figura la excitación sube y la confluencia baja; cuando se destruye la figura y comienza la asimilación, la excitación baja y la confluencia sube.

Cuando el proceso de contacto se interrumpe la excitación se ha de inhibir o bloquear y se convierte en ansiedad. Si la ansiedad es mucha aparece la angustia. La percepción de falta de apoyo en el proceso de contacto es angustiosa: bien porque nos falta el soporte del entorno para pasar a otra etapa, bien porque se produce una interrupción patológica del contacto. En ambos casos, no conseguimos los recursos para continuar y sobreviene la angustia. [Jean Marie Robine, Ansiedad y construcción de las gestalts. Cap. 7 de Contacto y relación en psicoterapia, Ed. Cuatro Vientos, 2002]
 

En terapia

El terapeuta debe apoyar a la persona, pero entendiendo esto en gran medida como el apoyo a la construcción de la gestalt. El contexto de la sesión de terapia permite establecer unas condiciones para provocar un ``estado de urgencia segura'' [PHG, II, 4, 12]: el terapeuta apoya la formación de una figura de interés para el paciente, intentando ir más allá del punto donde éste inhibe la excitación. El apoyo debe permitir que el paciente ``dé un paso más'' sin que el suelo se caiga bajo sus pies. Dependiendo de dónde esté el paciente el apoyo será uno u otro. 

La percepción del proceso con todos sus detalles es esencial para poder proporcionar el apoyo. La excitación se instaura en el campo y no sólo la percibe el paciente. El terapeuta debe estar aware de sus propias emociones, de su propia excitación, para saber qué está pasando, cómo moverse. La activación que produce la excitación, así como la angustia de la interrupción, se sienten en el cuerpo: cambios en la respiración, en la circulación sanguínea, en tensiones musculares o sensaciones internas. Todas ellas indican que la excitación está en marcha. 
 

En mi experiencia

El miedo a la excitación hace su aparición a la que menos me lo espero. Como paciente es bastante evidente: conforme entramos en algo que me ``remueve'', se me produzce una mezcla de excitación y angustia, de expectativa deseosa y de rechazo por la novedad. Como terapeuta también es así. El aumento de la excitación que se produce en el contacto también me produce miedo. Aunque el ``protagonista'' sea el paciente, el terapeuta también está totalmente implicado en lo que pasa, también le aumenta la excitación, también le puede sobrevenir la angustia y también puede llegar a un contacto, o no. Todo esto también lo vivo con miedo: miedo al fracaso, miedo a lo desconocido, miedo a producir angustia en el otro, miedo a mi propia angustia. 

Por otro lado, si en algo noto mi fascinación por la terapia y si en algo se sustenta mi deseo de ser terapeuta, es en la excitación que me produce el trabajo terapéutico, la curiosidad, la implicación, la emoción de compartir, de entender, de contactar. Como dice el bolero: ``No me cansaría de decirte siempre, pero siempre, siempre, que eres en mi vida ansiedad, angustia, desesperación. Toda una vida me estaría contigo.''

 

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