Fenómeno, fenomenalismo y campo fenoménico

Fenómeno, fenomenalismo y campo fenoménico

Eventualmente publicado en la revista de la Asociación Mexicana de Psicoterapia Gestalt en el 2016

Fenómeno y fenomenalismo

El término “fenómeno” se refiere a todo aquello que aparece a nuestros sentidos. A diferencia del “noúmeno”, que es la realidad en sí misma tal y como es, el fenómeno es la realidad puesta en la persona tal y cómo la puede sentir, percibir o entender en función de su condicionantes contextuales, físicas y biográficas. Esta diferenciación la realizó el filósofo Imannuel Kant (1724-1804) quien sostuvo la existencia de una realidad objetiva pero inaccesible al individuo excepto cómo fenómeno. Es decir, como una experiencia simultáneamente subjetiva y objetiva, y no “inventada” como sería la propuesta del idealismo; como el resultado de la aprehensión (impresiones intuitivas sensibles) y de la apropiación que realiza la persona desde el momento en que la  traduce, en virtud de ciertas estructuras cognitivas, a los lenguajes que posee. Conocer entonces, en una primera instancia,  es más bien “traducir” parcialmente el mundo, debido a la imposibilidad de la equivalencia entre el lenguaje de la vivencia, por ejemplo,  y el lenguaje verbal.  El mundo no lo asimilamos como “es” sino como “puede ser” para nosotros. Y ello redunda en crear una versión particular…desde la que nos relacionamos inevitablemente con “los otros”. A esta manera de explicar cómo se da el conocimiento se le llama fenomenalismo.

Fenomenología

Siguiendo esta línea Edmund Husserl (1859-1938) funda lo que él llama la Fenomenología Trascendental:

“que es ante todo un proyecto de renovar a la filosofía para hacer de ella una ciencia estricta y una empresa colectiva. Como forma de entender la filosofía, la fenomenología asume la tarea de describir el sentido que el mundo tiene para nosotros antes de todo filosofar.1 Para cumplir con esta tarea parte de un método y de un programa de investigaciones”. https://es.wikipedia.org/wiki/Fenomenolog%C3%ADa_trascendental

Ese método se le conoce como fenomenología e impactó a diversos filósofos principalmente los llamados existencialistas.

Husserl propone un concepto de conciencia en el que obligadamente hay un “algo” de lo que se es consciente, no se puede dar la conciencia en abstracto y de manera independiente sin un contenido determinado (paisaje, aroma, sentimiento, etc.). En tal caso la conciencia tiene una dirección, que puede ser hacía un estímulo del ambiente, hacia una motivación personal, hacia una conexión entre dos eventos, un proceso, una contradicción. Por lo tanto,  conocer presupone entonces, además del binomio obligado sujeto/objeto ( o persona/mundo; organismo/entorno), una disposición para “ir hacia” que articula lo que vamos conociendo (viviendo) y que puede mutar de momento a momento. A esto Husserl lo llamó “intencionalidad” y antecede y se distingue de la “intención” en tanto que aquella marca una dirección mientras que está última fija una acción concreta, una de las tantas posibilidades que la intencionalidad abre como opción. Si esto lo ponemos entonces como un mecanismo omniprescente en nuestro inevitable transcurrir de vida, somos seres en permanente diálogo con el mundo, que estamos organizando nuestra experiencia según nuestras intencionalidades e intenciones y, simultáneamente, somos “contenidos”, “constreñidos”, “acotados”, “direccionados” y “catapultados” por las condiciones materiales de las cuales dependemos para sobrevivir física, intelectual y emocionalmente.

Campo fenoménico

En la Psicología la noción de “campo”, tomada de la física cuántica, es explicada por primera vez con cierta precisión por el psicólogo gestaltista Kurt Lewin (1890-1947), quien postula que:

“ las variaciones individuales del comportamiento humano con relación a la norma son condicionadas por la tensión entre las percepciones que el individuo tiene de sí mismo y del ambiente psicológico en el que se sitúa, el espacio vital”. https://es.wikipedia.org/wiki/Kurt_Lewin

Esta manera de abordar el estudio de los fenómenos psicológicos dio pie a una formulación teórica más elaborada que implica una forma diferente de abordar y entender el mundo psicológico, respecto al paradigma determinista, el cual reduce todo a una relación líneal causa y efecto.  

 “Los enunciados básicos de una teoría del campo son: a) La conducta ha de deducirse de una totalidad de hechos coexistentes. b) Estos hechos coexistentes tienen el carácter de un «campo dinámico»; el estado de cada una de las partes del campo depende de todas las otras”. Ibidem

“… es imposible conocer el comportamiento humano fuera de su entorno, de su ambiente. La conducta ha de entenderse como una constelación de variables interdependientes, las cuales formarían el campo dinámico”.

https://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa_del_campo

 

Al entender así las cosas, cuando hablamos del “campo fenoménico” nos referimos a la resultante del cruce entre los sistemas de organización experiencial (esquemas perceptuales, motrices, afectivos, cognitivos)  que la persona ha desarrollado a lo largo de la vida en virtud de ese diálogo constante con el entorno (físico/químico/social/cultural). Dicho campo antepone entonces un orden mixto de  realidad a la inquietud de “ir hacia”:  las limitantes y posibilidades cognitivas del sujeto por una parte, y las fuerzas condicionantes y liberadoras propias de un contexto determinado por la otra. No sólo estamos direccionados por la intencionalidad (curiosidad, deseo, sentido) sino que organizamos y reorganizamos el flujo de información que proviene de fuentes meramente corporales (propioceptivas) y/o ambientales (exteroceptivas). El campo fenoménico es la matriz dinámica donde se estructura y desestructura continuamente lo que siento, veo, oigo, huelo, degusto; la base primordial de la que emergen los significados y los sentidos de la experiencia. Es la matriz donde se asientan los aprendizajes,  las creencias, preferencias, recuerdos, imágenes, diálogos, hábitos, y de la cual partimos para afrontar las novedades que momento a momento se nos presentan y, se asimilan o descartan, según la situación concreta en la que estamos.

Tener una “mirada de campo” supone entonces que:

  1. Todo lo perceptible se puede relacionar entre sí de múltiples maneras.
  2. La relevancia de un factor dentro de la situación muta de momento a momento.
  3. Todo está ocurriendo en el aquí y ahora, incluyendo sensaciones, percepciones,  pensamientos, recuerdos y anticipaciones.
  4. El campo fenoménico es una matriz dinámica de significados ajustados a cada individuo en su situación.
  5. La situación incluye a todos los sujetos/objetos participantes. Constituye un momento del campo, una organización peculiar diferenciable de otros momentos.
  6. El análisis de la situación implica tanto aspectos del organismo (corporalidad, fantasía, lenguaje) como del contexto en el que se encuentra.
  7. La diferencia entre entorno y contexto es que este último consiste en un entorno impregnado de significados y por lo tanto socializado.
  8. El campo fenoménico sufre diferenciaciones y jerarquizaciones importantes que obedecen al principio de Figura/Fondo.
  9. La configuración de dicho campo se desplaza a lo largo de un continuo de posibilidades.
  10. Los elementos que lo integran tienen diversos grados de nitidez y coherencia, de tal suerte que puede haber una figura predominante muy evidente en contraste con un fondo nebuloso o una figura ambigua de “bordes” desdibujados respecto a un fondo bien definido (incertidumbre, duda)…o una figura donde se encuentran mezclados elementos aparentemente inconexos (confusión).
  11. El campo fenoménico puede verse desde tres perspectivas: lo explícito (directamente observable), lo implícito (potencialmente observable) y lo latente (lo implícito detectado en un momento, que aparece posteriormente de manera explícita y, al hacerlo, completa y da sentido a la experiencia).

Esto conduce entonces a requerir siempre de “lo otro”, lo que no soy yo, para reconocernos, y por ende reorganizar constantemente  nuestro campo fenoménico. Así, la silla me permite sentir mi trasero. El paisaje que aprecio y descubro como cambiante según el ángulo en que lo observe me habla de la aptitud de mi sentido de la vista o de sus limitaciones. La melodía que escucho una y otra vez me informa cómo van apareciendo nuevos sonidos cada vez y cómo me van impactando de diferente manera tanto perceptual como corporal (tensión/relajación) y emocionalmente (tristeza, inquietud, euforia).

En tanto seres gregarios, sociales, “lo otro” también se convierte en “el otro”. Un ser que pasa en el encuentro dialogal por el mismo proceso cognitivo que el nuestro pero cuya versión nunca será idéntica ni recíproca, ni equivalente a la nuestra. No obstante, lo buscamos, indagamos, respondemos; nos vinculamos a ese “otro” y generamos una organización compleja de afectos, gestos, palabras, imágenes e historias a lo largo del tiempo, que intercambiamos con soltura en virtud del aprendizaje de los códigos culturales de comunicación. De manera más simple…nos relacionamos.

Hasta aquí “relacionarse” con “el otro” supone:

  1. Una intencionalidad (dirección)
  2. Un encuentro de campos fenoménicos que se reconfiguran de manera no equivalente ni necesariamente recíproca durante el diálogo.
  3. Una manera “idiosincrática” de vivir el encuentro en virtud de esquemas, creencias, hábitos, costumbres, tradiciones derivadas de una biografía distintiva que influirá en la manera de “vivenciar” e interpretar dicho encuentro, más “lo que emerge” de la situación misma, a partir de la configuración dinámica de todos los factores que participan en ella.
  4. Una realidad mixta que supone tanto lo que ingresa por los sentidos sobre el mundo que me rodea y del que “el otro” forma parte, como lo que ocurre en mi organismo aún antes de articular algun tipo de lenguaje. Suponemos que “el otro” vive su propia versión del encuentro y el intercambio dialogal, y desde ahí la incertidumbre respecto al curso que dicho encuentro tome será una constante.
  5. Un entramado de significados previos y simultáneos a la aparición del   tema que el otro propone, y por lo tanto al que inevitablemente matizamos.

Tener una mirada de campo implica:

  1. Humildad para asumir que sólo tenemos una versión limitada de eso llamado “realidad” en la que estoy comprometido.
  2. Que dispongo de mi “conciencia de”…para cualquier decisión.
  3.  Que siempre estoy en una dirección (intencionalidad) que abre posibilidades y excluye otras.
  4. Que busco en “lo otro”…y en “el otro” señales para definir significados y sentidos (curiosidad).
  5. Que hay aspectos de mi “realidad” que mutan y otros aparentemente se mantienen estables…y que se puede invertir: lo que mutaba se vuelve estable y lo que era estable empieza a mutar.
  6. Que sólo cuento con mis certezas (supuestos generales) y son limitadas y falibles.
  7. Qué siempre estoy enfrentando diferentes niveles de incertidumbre.
  8. Que inevitablemente para sobrevivir requiero del diálogo con mi entorno.

Fuentes Bibliográficas de Internet

  1. http://definicion.de/eidetico/
  2. http://www.teccomstudies.com/numeros/revista-1/167-sobre-el-analisis-fenomenologico-del-documento-fotografico?start=5
  3. http://www.fyl.uva.es/~wfilosof/gargola/1997/sergio.htm

 

Bibliografía

Hessen, J. Teoría del conocimiento, Editorial Época, México

Wolman, B., Teorías y sistemas contemporáneos en Psicología, Ediciones Martínez Roca, España (1968)

Staemmler, F. Confusión Babilónica /Publicación del British Gestalt Journal, 2006, Vol 15 No. 2, pp. 64-83. (Copyright 2006, Gestalt Publications, Ltd.)

 

 

Colabora con el proyecto Gestaltnet

Necesitamos tu ayuda para continuar adelante.
Si te resulta útil e interesante que este proyecto continúe, haz un donativo.

¿Te parecen interesantes los artículos que publicamos en Gestaltnet?

¿Quieres colaborar a que esta página siga actualizada y al día?
Colabora con un donativo.

Gestaltnet quiere continuar dando servicio a la comunidad gestalt

Necesitamos tu ayuda para hacer este servicio sostenible.
Haz un donativo, sólo te llevará un minuto.