El precontacto

El precontacto

Excitación, necesidad, contacto, "ello" de la situación.

"La princesa está triste. ¿Qué tendrá la princesa? 
Los suspiros se escapan de su boca de fresa.''
Rubén Darío

Siempre  estamos estableciendo contactos. La descripción del proceso de contacto que proporciona la teoría del Self no es más que una abstracción, una simplificación que intenta explicar qué tipo de fenómenos pesan más en un momento u otro. No hay un momento de puro precontacto, ni de puro postcontacto, ni de ninguna otra fase, más aún teniendo en cuenta que nuestra experiencia es mayoritariamente neurótica y no solemos ser capaces de involucrarnos en un contacto pleno. Siempre hay varios procesos a la vez, en los que nos implicamos de forma más o menos parcial. 

Aún así, cuando el entorno nos apoya y podemos recorrer el camino de la satisfacción de una necesidad de forma intensa, o al menos más intensa de lo habitual, resulta útil distinguir las fases en las que esto se puede llevar a cabo. 

El precontacto, en este esquema, es la primera fase, lo primero que pasa. ¿Qué es lo primero que pasa? Que notamos ``algo''. Pasamos de no notar nada a notar algo. Dicho técnicamente, aparece una excitación y empieza a cobrar forma una figura. Hay diferentes razones que pueden hacer emerger una figura. Por ejemplo, hay una serie de necesidades del organismo que llaman su atención de forma periódica: el hambre, la sed, el deseo sexual, etc. Podemos tener algún tipo de necesidad puntual, como un dolor en el cuerpo por una herida, o necesidades de readaptación a cambios en el entorno, como por ejemplo un luto o una frustración afectiva. [Margherita Spagnuolo Lobb, Psicoterapia de la Gestalt, p. 118, en Psicoterapia de la Gestalt. Hermenéutica y clínica., Ed. Gedisa, 2002]

Además, tenemos todo un fondo de situaciones inacabadas, de necesidades frustradas que están fuera de la conciencia y pueden hacer su aparición en un momento en que el entorno sea propicio y algún estímulo las active. Estar ante una persona dispuesta a escuchar, por ejemplo, puede despertar una necesidad de ser escuchado que haya estado frustrada en alguna ocasión anterior y haya quedado como situación inacabada. 

Esta necesidad emergente se manifiesta como un principio de excitación, que a menudo se percibe como un malestar corporal. ``La persona sana siente sus emociones, el neurótico siente el cuerpo''. [PHG, II, 12, 2] En una persona sana (o en una persona cualquiera ante un estímulo que no considere ``peligroso'') la excitación produce rápidamente una emoción que le lleva a buscar una satisfacción. En la neurosis esta emoción espontánea está inhibida, y las zonas del cuerpo que participan en la inhibición se ``quejan'' cuando la excitación emerge. Antes de la emoción hay sensaciones. Por ejemplo, ante una persona dispuesta a escucharme puedo sentir que se me hace un nudo en la garganta. 

En cualquier caso la necesidad empieza siendo vaga a menos que sea extrema. Va cobrando forma según vamos encontrando algún objeto que, potencialmente, la pueda satisfacer. A veces sentimos hambre cuando olemos comida o sentimos que necesitamos afecto cuando alguien nos lo ofrece. 
 

En terapia

La terapia es esencialmente un encuentro interpersonal. El paciente se encuentra con una persona, el terapeuta, dispuesta a involucrarse en una relación en la que el contacto sea posible. Ese encuentro entre dos personas en el que hay una intención de contacto (apremiada por el ``contrato terapéutico''; no estamos aquí para que no pase nada), configura un campo particular donde se juntan muchas cosas: el fondo de necesidades interpersonales insatisfechas del paciente, las características personales del terapeuta, la percepción que tiene el paciente del terapeuta, los acontecimientos recientes en la vida de ambos, el entorno físico en el que están, el tiempo que llevan de relación... Todo esto y más que está presente configura el ``ello de la situación''. ¿Qué necesidad del paciente emerge como prioritaria en una sesión determinada? Depende de todos estos factores y habitualmente no se va a dejar ver con facilidad. El trabajo terapéutico del precontacto, el ``rastrillar el ello'' de Jean Marie Robine, o el ``batir el ello'' de Carmen Vázquez, consiste en apoyar la emergencia de la necesidad. Qué nota la persona en el cuerpo, cómo se presenta cuando entra en la sesión, qué comentarios hace sobre el terapeuta o su consulta, qué asunto dice traer en mente, ¿ha soñado algo?... Todo ello son pistas para ir, entre los dos, dando energía a una figura, una necesidad que pueda proseguir hacia, quizá, una satisfacción en un contacto final. El trabajo de la terapia será averiguar qué pasa en ese camino. El precontacto es el arranque del viaje.
 

En mi experiencia

Gracias a mi terapia personal he podido entender la importancia del precontacto. En mi caso puedo decir que siempre ha habido alguna necesidad que quería satisfacer, pero raras veces he sido consciente de cuál era hasta que ha ido cogiendo forma a lo largo de la sesión. He visto muchas veces en mis propias carnes lo importante que es dedicar tiempo a averiguar qué es lo que empuja con más fuerza; explorar el primer tema que aparece o lo que el paciente trae preparado de antemano puede ser estéril si no responde a una necesidad real. He visto a menudo como yo mismo aportaba temas aparentemente importantes sin darme cuenta de que en realidad servían para esconder una necesidad más apremiante que no me atrevía a exponer.

 

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