Agresividad y destrucción

Agresividad y destrucción

Agresividad, destrucción, aniquilación, conflicto, asimilación, creatividad.

Apoptosis: conjunto de reacciones bioquímicas que ocurren en las células de un organismo pluricelular, encaminadas a producir la muerte de la célula de manera controlada.
Definición de Wikipedia

Tal y  como dice la cita de arriba, el organismo dispone de mecanismos para producir la muerte de células y tejidos. Paradójicamente, este mecanismo es fundamental para la propia vida. Por ejemplo, la formación del sistema nervioso utiliza la muerte neuronal como mecanismo de estructuración. El feto y el bebé recién nacido tienen una sobreabundancia de neuronas, muchas más que las que tiene un sistema nervioso maduro. Según el sistema va creciendo, las neuronas que no son necesarias mueren espontáneamente y dejan el sitio, por decirlo así, a las conexiones de las neuronas que sí son activas. Son las conexiones, y no la sobreabundancia de neuronas, las que dan sus propiedades al sistema nervioso.

La agresividad y la destrucción son también necesarias para la vida del organismo en niveles más complejos que el de la célula. Para comer necesitamos agredir el alimento, es decir, ir hacia él, y destruirlo mediante la masticación para que pueda ser tragado. El sistema digestivo se encarga de continuar troceándolo en partículas cada vez más pequeñas hasta llegar a las moléculas que las células del cuerpo pueden utilizar. Para resolver un conflicto entre amigos o de pareja, es necesario agredir el conflicto, ir hacia él sin evitarlo, y destruirlo, es decir, trocearlos en partes más pequeñas que se puedan asimilar: ¿Qué te hace sentir mal respecto de mí? ¿Qué me quieres decir con esto? ¿Qué te reprocho? ¿De qué me culpas? ¿Qué necesitamos el uno del otro?

Así, la agresividad y la destrucción son necesarias para la creatividad. ``La creatividad que no está continuamente destruyendo y asimilando un entorno dado por la percepción y resistiendo la manipulación, es inútil para el organismo y permanece como algo superficial y falto de energía; no se convierte en algo profundamente excitante y pronto languidece.'' [PHG, II, 12, 5] En la escritura de esta memoria, por ejemplo, he tardado tiempo en decidir qué temas consitutirían los diferentes capítulos y en qué orden los colocaría. Ese proceso creativo ha necesitado mucha destrucción. Si la solución no me satisfacía, un obstáculo para encontrar una solución nueva es el ``enganche'' a la vieja. Ha sido preciso borrar lo hecho, fundir temas o separarlos, o prescindir de una cierta ordenación, para poder elaborar una solución realmente nueva que no adoleciera de los defectos de la antigua.

La aniquilación y la destrucción son diferentes. La destrucción implica ``morder'' y separar en trozos más pequeños el objeto con el fin de asimilarlo. La aniquilación, sin embargo, ``consiste en reducir a la nada, en rechazar el objeto y borrarlo de la existencia''. [PHG, II, 8, 5] Por ejemplo, huir de un peligro es una forma de aniquilación ya que consigue que la amenaza desaparezca del entorno. Ante una problema con una persona, por ejemplo, puedo desinteresarme por la relación y distanciarme. La relación deja de ser un problema pero yo no consigo ningún crecimiento. Cuando no se puede huir o eliminar el objeto, el organismo recurre a disminuir su propia sensibilidad, apretando los dientes o mirando para otro lado. Esto pasa, por ejemplo, en relaciones de pareja en las que los miembros no están a gusto pero al mismo tiempo no se sienten capaces de dejar la relación ni de abrir un conflicto real que la pueda reformular. En esos casos, a menudo las personas se desensibilizan y adoptan un actitud de resignación desvitalizante.

Otra diferencia entre la destrucción y la aniquilación es que la destrucción es, de alguna manera, ``caliente'' y la aniquilación es ``fría''. En la destrucción no perdemos el contacto con la figura; es más, la destrucción posibilita el contacto final con la figura. Hay un placer en destruir, en ``hincar el diente'', una calidez en el acercamiento hacia la asimilación de la novedad. La aniquilación, por contra, es ``fría'' ya que, una vez el objeto ha sido aniquilado, una vez ha desaparecido del campo, nos quedamos igual que estábamos. No ha habido ninguna asimilación de novedad, ningún crecimiento, ningún placer. 
 

En terapia

La destrucción de gestalts fijas es necesaria para la asimilación, para poder llegar a soluciones creativas de problemas antiguos y ``pasar a otra cosa''. En terapia ésta es una parte bastante importante. El terapeuta puede colaborar a esta destrucción de varias formas. Por ejemplo, puede cuestionar introyectos o lealtades: ¿Quién te ha dicho que eso tiene que ser de esa forma? ¿Tiene sentido seguir haciéndolo ahora? ¿Para qué sigues siendo leal a esa persona? Puede proponer al paciente llevar a cabo experiencias nuevas que necesiten destruir la visión de sí mismo que tuviera: una persona que se considere incapaz de agredir puede ser solicitada para empujar al terapeuta o golpear un cojín. 

Las dificulades para la agresión y la destrucción, para afrontar el conflicto, suelen ser muy grandes. Parte de la labor del terapeuta consiste en educar en una visión dignificadora del conflicto. A menudo, confundimos destrucción con aniquilación. La agresión produce mucho miedo al rechazo y al abandono. En terapia se pueden explorar las diferencias y los límites de todo esto, y el paciente puede llegar a vivir su agresividad como algo necesario y positivo.
 

En mi experiencia

El trabajo en el grupo de la formación me ha brindado ejemplos una y otra vez de lo necesario que es abordar el conflicto en las relaciones. El grupo ha vivido varios procesos de conflictos más o menos latentes que iban enrareciendo el ambiente y dificultando el trabajo progresivamene. Sólo cuando esos conflictos pudieron salir a la luz y hubo una confrontación se ha podido aclarar las cosas y seguir adelante, normalmente con una cohesión reforzada y un mayor entusiasmo. El conflicto ha necesitado agresividad y destrucción, no aniquilación. La agresividad es atreverse a ir hacia el otro y hablar del asunto. La destrucción es confrontar las opiniones y estar dispuesto a reconocer los propios errores. La aniquilación sería zanjar el tema con un ``vete a la mierda, no quiero saber más de ti''. 

También he tenido conflictos con miembros del grupo, con mi terapeuta, con mi pareja, con mi familia y mis amigos. Me suele dar bastante miedo el conflicto y tiendo a huir de él. Sin embargo, he ido comprobando cómo a veces es la única via para lograr una transformación. Si se llega a un contacto real entre las personas, surgen nuevas formas de relacionarse.

 

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