Método dialogal.

Método dialogal.

Método dialogal

Escucha con pasión y habla con prudencia.

El diálogo en terapia Gestalt ocurre en el aquí y ahora, y asume las características de un encuentro Yo-Tú, creando un encuentro único e irrepetible. Cuando el terapeuta dice Yo, implícitamente le está diciendo Tú al cliente; la diferencia entre un encuentro Yo-Tú y Yo-Ello es que en el primero son dos subjetividades que se encuentran en un mismo plano, y en el segundo es una subjetividad con un objeto o persona desubjetivada, en una relación asimétrica. En el encuentro terapéutico ambas personas participan en la modificación de la experiencia del otro, creando una relación recíproca.

Un diálogo terapéutico es un encuentro entre dos personas que están dispuestas a compartir lo que hay en sus corazones de forma espontánea donde ambas personas se transforman a partir de las palabras y atenciones del otro hacia su experiencia. El diálogo crea un espacio donde solo tienen cabida las  personas que conforman la relación terapéutica, y es entonces cuando la atmósfera creada por el cliente y el terapeuta genera el espacio de sanidad y desarrollo.

El terapeuta Gestalt dialogal participa de manera activa en la relación con el cliente, asumiendo una posición de congruencia emocional e interés genuino. El terapeuta está muy enfocado en respetar la experiencia del cliente, evitando generar más dolor del que ya tiene por sí mismo el cliente. Para lograr esto el terapeuta requiere ser consciente de las palabras que utiliza en el diálogo con el cliente, teniendo cuidado de que lo que dice y hace no sea lesivo para el cliente ni para la relación dialogal.

El terapeuta gestáltico necesita asumir una actitud de empatía y ser responsable de sus estados emocionales dentro del proceso terapéutico. Para lograr que la actitud del terapeuta sea nutricia para la relación, se requiere que el terapeuta cuente con las habilidades de escucha activa y de intervención.

La terapia Gestalt dialogal enfatiza la autonomía del paciente, su capacidad de autorregulación organísmica y su independencia emocional, pero sobre todo su interdependencia a nivel relacional en el proceso de crecimiento y desarrollo personal. Un diálogo terapéutico se produce cuando el cliente y el terapeuta se encuentran como personas, dentro de una relación simétrica Yo-Tú, donde cada uno de los individuos se ve transformado por la presencia de la otra persona. En este proceso la persona flexibiliza los modos de relación para permitirse estar plenamente en la experiencia y aprender nuevas formas de ver la vida y lograr satisfacción.

Dentro del proceso terapéutico, es importante señalar que el terapeuta necesita trabajar en la confianza con el cliente para que se pueda crear una relación Yo-Tú que se enfoque en un diálogo íntimo donde ambas personas contactan con lo más profundo de su ser, depositando su confianza plenamente en la relación para crear una atmósfera de contacto y sanidad emocional.

La terapia Gestalt dialogal toma como punto fundamental la frase de Martin Buber “Toda vida verdadera es encuentro”. La relación Yo-Tú es la base de la experiencia humana, porque cuando nos centramos en relaciones cosificadoras dejamos de crecer como seres humanos porque no podemos enriquecernos de la experiencia de la otra persona. Cuando el método dialogal es bien empleado por el terapeuta, la relación lleva a ambas personas a un proceso de inclusión, confirmación y ayuda mutua. En esta relación se limitan los juicios a priori; al contrario de eso, se busca la creación de una relación horizontal en la que la persona es valorada y aceptada tal y como es.

La relación terapéutica se fundamenta en el método dialogal, es decir cuando el terapeuta asume una actitud de apertura hacia lo que sucede en el encuentro terapéutico realizando una serie de acciones que favorezcan el contacto emocional con la experiencia del cliente. En la experiencia interpersonal es fundamental que el cliente sea consciente de la función que tiene la otra persona en su proceso de reflexión existencial a partir de la relación dialogal.

La terapia Gestalt centrada en el diálogo considera que la curación no se da por la implementación de técnicas por parte del terapeuta, sino por la creación de un diálogo nutricio que genera una atmósfera de sanidad, favoreciendo el surgimiento de ajustes creativos y una tendencia actualizante. 

Desde la perspectiva dialogal se considera que la relación que se genera en un principio con el cliente es un reflejo fiel de la dinámica que sigue el cliente en su vida cotidiana. Por su parte la relación terapéutica trastoca todas las estructuras relacionales del cliente favoreciendo la generación de nuevas formas de interacción personal y la flexibilización de los modos de relación habituales en la persona.

Domínguez, X. (2011) considera que el proceso terapéutico tiene las siguientes condiciones para ser viable.

  1. Que acompañado y terapeuta hablen el mismo lenguaje.
  2. Aceptación por parte del acompañado de que la terapia no es un ritual mágico y que supone la sanación automática.
  3. El acompañado debe hacerse responsable de sí mismo.
  4. Producir alivio sintomático, bien por eliminación de síntomas o por afrontamiento distinto de los mismos (p. 268).

Tomando en cuenta lo planteado por Xosé Manuel Domínguez, podemos decir que el método dialogal asume plenamente esas condiciones porque su modelo de intervención consiste en un presencia e interés genuino por la relación con la otra persona, es por este motivo que la terapia es considerada principalmente relacional porque, desde este enfoque, consideramos que la relación de persona a persona es más importante que cualquier protocolo de tratamiento. Al crear una relación de ayuda las personas experimentan una sensación de comunión que les permite modificar sus procesos de conciencia y contacto emocional.

Los seres humanos somos sociales y de naturaleza relacional, por eso la base de la salud emocional está en las relaciones interpersonales. Desde nuestra perspectiva la sanidad personal ocurre cuando una persona es capaz de contactar con otra y explorar nuevas alternativas en esta nueva relación.

En el proceso terapéutico se propicia un encuentro de persona a persona, creando un terreno fértil para la creación de nuevas formas de relacionarse y de dialogar. El proceso dialogal cuenta con siete elementos que permiten el desarrollo de una relación satisfactoria, estos elementos son:

  1. Empatía.
  2. Reciprocidad relacional.
  3. Motivación a la relación.
  4. Presencia terapéutica.
  5. Inclusión terapéutica.
  6. Compromiso dialogal.
  7. Contemplación terapéutica.

Empatía.

La empatía busca que el terapeuta pueda percibir de manera clara el mundo interno de la otra persona con la mayor exactitud posible, tomando en cuenta los aspectos y vivencias emocionales que le pertenecen, es decir como si fuese la otra persona, pero sin perder la conciencia de sí mismo.

El terapeuta necesita ser consciente de su propia vivencia para poder diferenciar la empatía de la confluencia, y evitar confundirse con la experiencia del cliente. La empatía consiste no solo en los aspectos sensitivos y emocionales, sino también en tener una comprensión cognitiva del marco de referencia de la otra persona.

Dentro del método dialogal se requiere contrastar la empatía con la interpretación. La empatía busca comprender profundamente el mundo del otro a partir de la experiencia relacional presente, mientras la interpretación busca predecir el comportamiento del cliente con elementos teóricos y experiencias pasadas que haya tenido el terapeuta.

La interpretación puede ser un apoyo para el terapeuta, sin embargo debe ser cuidadoso de utilizarla como una herramienta dentro del proceso terapéutico y no como la base de su intervención. El terapeuta Gestalt dialogal necesita fundamentar su proceder en un estilo empático para propiciar una relación igualitaria. Sin embargo cuando el terapeuta decide centrarse en la omnisciencia y en el estilo interpretativo se crea una relación distante de tipo experto-paciente.

Reciprocidad relacional.

La reciprocidad dentro del proceso terapéutico es muy importante para que tanto el cliente como el terapeuta participen plenamente en el diálogo. La reciprocidad es la responsabilidad de brindar al nivel que se recibe. Este principio del método dialogal es fundamental para que el terapeuta aporte todo lo valioso de su ser, y no solo sus conocimientos y habilidades técnicas.

En teoría la reciprocidad garantiza que cualquier recurso que la persona comparte dentro de la relación, le será devuelto por la otra persona cuando lo necesite. Dentro del proceso terapéutico es importante que la reciprocidad se viva por ambas partes. La actitud de reciprocidad se manifiesta cuando el cliente expone sus situaciones problemáticas y el terapeuta después devuelve su experiencia para acompañar al cliente de la mejor manera posible en ese momento.

Motivación al diálogo.

La psicoterapia es un proceso donde se busca que el cliente logre la motivación para establecer nuevos modos de relación y actitudes que le permitan tener una vida más satisfactoria. El proceso de motivación es complicado cuando la persona ha instaurado hábitos y actitudes estereotipadas que hasta el momento le han permitido funcionar socialmente, aunque esas actitudes le produzcan malestar emocional.

En el método dialogal la motivación juega un papel muy importante para lograr la permanencia plena de las personas en la relación terapéutica y en el diálogo. Durante el diálogo el terapeuta será el encargado de acompañar al cliente a identificar aspectos que le resultan motivantes, esto se logra a través de reflejos dialogales y fenomenológicos de aspectos que aparentemente generan emoción en el cliente. Estos mismos aspectos que identifica el cliente a través de la participación del terapeuta pueden servir como contrapeso ante estados de desánimo u obstáculos que cliente experimenta a lo largo de la terapia.

La motivación es un impulso que inicia, guía y mantiene un comportamiento en una persona fomentando el cumplimiento de las metas terapéuticas y la atención de necesidades emocionales. De manera que cuando el cliente se siente motivado, posibilita la experimentación de nuevas formas de afrontar los temas que le han resultado incómodos o difíciles a lo largo de su vida. Esto permite que el cliente pueda adentrarse en aspectos de su vida que hasta ese momento habían permanecido reprimidos u ocultos, pero que gracias a la motivación que siente en ese momento  logra  la convicción para contactar con sus asuntos inconclusos.

Los aspectos motivacionales también son importantes en la persona del terapeuta, pues este puede llegar a experimentar desánimo o aburrimiento dentro del proceso terapéutico. Por eso, el método dialogal busca fomentar que el terapeuta desarrolle la habilidad de actualizar su motivación por el diálogo y la relación terapéutica.

El terapeuta puede llegar a perder la motivación por el diálogo cuando se olvida de tener presencia plena en la relación terapéutica para centrarse en sus sensaciones, emociones, preocupaciones o juicios. Para mantener la motivación el terapeuta requiere desarrollar contacto intrapersonal e interpersonal de manera fluida para lograr una relación donde existe presencia y motivación en la relación con el cliente.

Presencia terapéutica.

El terapeuta requiere una presencia genuina ante el paciente para que este sienta apoyo y confianza para demostrar su verdadero yo. Dentro de otros modelos terapéuticos se busca que el terapeuta se enfoque en empatizar a nivel no verbal imitando algunas expresiones del cliente. Sin embargo en el modelo gestáltico dialogal se busca que el terapeuta permita que la conexión se produzca de manera natural con una presencia y motivación auténtica en la relación con el otro. Es importante que el paciente se sienta escuchado, comprendido, respetado durante todo el proceso terapéutico.

Dentro del proceso terapéutico no se busca lograr protocolos de atención sino actitudes favorecedoras de una verdadera relación de ayuda. Para esto, es conveniente que el terapeuta mantenga una escucha activa y sea capaz de realizar reflejos y retroalimentaciones que permitan al cliente darse cuenta de que el terapeuta está presente en el diálogo. Dentro del modelo dialogal la empatía y presencia se pueden manifestar con gran intensidad cuando el terapeuta maneja silencios de manera adecuada, sin interferir con el proceso de contacto del cliente.

En el método dialogal se le pide al terapeuta una presencia congruente, donde sea capaz de expresar sus limitaciones, sentimientos, dudas y opiniones. La presencia tiene que ver con una disposición para convivir de manera plena, lo que permite que el cliente sea más auténtico.

Inclusión terapéutica.

La inclusión es un elemento relevante del método dialogal y de la actitud fenomenológica, porque permite que el paciente y el terapeuta sean participantes del diálogo y la creación de una relación incluyente donde los procesos subjetivos de ambas personas confluyen sin juicios, predicciones,  ni interpretaciones. Esto permite que ambas personas compartan sus perspectivas de vida para comprender y aceptar a la otra persona tal y como es.

Para lograr la inclusión en el proceso dialogal se necesita identificar y responder a las necesidades del cliente a través del conocimiento y la comprensión empática. Además involucra acompañar al cliente en los cambios y modificaciones que va teniendo a lo largo de la terapia sin ser juicioso ante los cambios que sucedan.

La inclusión se basa en el principio de que cada cliente es particular y tiene características, intereses, capacidades y necesidades distintos, y la intervención terapéutica requiere incluirlos tal y como son.

La inclusión dentro de la terapia es la base del proceso dialogal que facilita el desarrollo de ajustes creativos y de la tendencia actualizante en los clientes. Facilitando el autoapoyo y el fortalecimiento del autoconcepto que el cliente tiene de sí mismo. El terapeuta debe cerciorarse de que el cliente se sienta incluido en la relación terapéutica, además de ser consciente cuando alguna intervención que realiza pueda interferir con la alianza terapéutica

La inclusión significa posibilitar que los clientes tengan una participación plena y satisfactoria en su vida cotidiana, más allá de los obstáculos, traumas o asuntos inconclusos que hayan experimentado en el pasado.

Compromiso dialogal.

El compromiso hacia el diálogo se produce cuando tanto el cliente como el terapeuta asumen la responsabilidad que les toca como participantes del diálogo y la relación terapéutica. Desde el enfoque dialogal se busca una relación equitativa en cuanto a su participación en el diálogo, sin embargo se promueve que el cliente sea quien tenga mayor participación a lo largo de la sesión terapéutica. El compromiso no se demuestra con la participación, sino con la flexibilidad que tenga cada participante para tener una escucha activa al discurso del otro.

Podemos identificar falta de compromiso a la relación terapéutica cuando:

  • El paciente tiende a exigir al terapeuta respuestas a sus conflictos emocionales sin asumir la responsabilidad correspondiente.
  • El terapeuta interrumpe continuamente al cliente para demostrar su autoridad.
  • El terapeuta realiza continuas interpretaciones de las actitudes o gestos del cliente.
  • El terapeuta se muestra irrespetuoso al confrontar al cliente sobre algunos aspectos que le parecen incongruentes.
  • El cliente es demasiado intrusivo con la vida personal del terapeuta.
  • Detectamos una actitud de soberbia y omnisciente del cliente hacia su problemática.
  • Se realizan muchas preguntas por parte del terapeuta sin dar un pautamiento para escuchar la respuesta del cliente.

Contemplación terapéutica.

Contemplar tiene sus orígenes en la palabra griega teoría, que significa ver. Por lo cual podemos decir que contemplar significar tener una visión del fenómeno o persona que se observa. Dentro del modelo de la terapia Gestalt dialogal la contemplación terapéutica es fundamental para conocer y comprender la experiencia de la otra persona.

En la relación terapéutica la contemplación permite al terapeuta darle un espacio de privacidad al cliente para profundizar en el contacto que hace con los temas que le producen angustia o impacto emocional.

Cuando el terapeuta asume una actitud contemplativa puede alcanzar una mejor comprensión de las manifestaciones fenomenológicas y lograr un conocimiento de los significados subjetivos de la vivencia del cliente. La actitud contemplativa se aleja de la esfera intelectual para centrarse en un aspecto intuitivo, donde predomina la autenticidad y la espontaneidad ante la experiencia presente.

Dentro de la psicoterapia dialogal la contemplación es un ejercicio de paciencia que se conforma como una de las formas más complejas y trascendentes de interactuar con otro ser humano. Podemos decir que desde el enfoque dialogal la contemplación es el grado máximo de intimidad que se puede lograr con el cliente.

La contemplación se fundamenta en la actitud fenomenológica y busca el conocimiento de los significados trascendentes, debido a que corresponde al estadio estético de la existencia de la otra persona, connotando una libertad existencial y emocional en la vida práctica. El proceso contemplativo es esencialmente una escucha en el silencio y una expectación genuina por la experiencia del otro.

Cuando un terapeuta logra desarrollar una actitud contemplativa dentro de la terapia, es quizá cuando ha alcanzado una clase de escucha más elevada, donde se utiliza la receptividad intuitiva y la conciencia para lidiar con el instante terapéutico que se ha creado en el diálogo donde el cliente es capaz de encontrar el momento de sanidad y autoapoyo necesario para lograr un contacto pleno con la experiencia.

La actitud contemplativa no prepara su mente para recibir un mensaje en particular, sino que es capaz de lidiar en el silencio con la experiencia de la otra persona, permaneciendo vacío porque sabe que no puede anticipar su participación con palabras que obstaculizarían la experiencia de su cliente. En este proceso el terapeuta no pide, solo está presente y receptivo a lo que sucede en el campo fenomenológico y experiencial que se ha creado entre él y el cliente. El silencio por sí mismo es el camino espontáneo, genuino e inexplicable que releva el verdadero ser del cliente.  

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