La función Ello.

La función Ello.

Deseo, necesidad, cuerpo, precontacto.

"No hay nada que no tenga que ver con la función Ello."
Pierre-Yves Goriaux

La función Ello es el fondo del que surgen las necesidades. Incluye los contactos que ``damos por sentado'' y que no necesitamos explorar (por ejemplo, el contacto con la silla), y las necesidades fisiológicas que sentimos en el cuerpo: apetitos, deseos, pulsiones, situaciones inacabadas. 

La función Ello, a diferencia de la función Personalidad, no se percibe como responsable. Si me entra hambre, me entra hambre. No soy responsable de que me haya entrado hambre, aunque sí lo soy de lo que hago para saciarla. 

Como parte del self, la función Ello es una función del campo organismo/entorno. No es sólo una función del organismo. Es la combinación de organismo y entorno la que hace que emerjan unas necesidades u otras. Hablar del ``ello de la situación'' es una forma de nombrar esta interacción. En cualquier relación (incluyendo la relación terapéutica) la necesidad de una persona no es algo que surge ``de su organismo'' exclusivamente, sino que surge de la propia situación. Una situación distinta produciría un ``ello de la situación'' distinto, aún con las mismas personas. 

En el precontacto es precisamente este ``ello de la situación'' el que hay que rastrillar (y no sólo el ``ello del paciente''). Todo es potencialmente parte de ese ello, aunque hay que indagar para encontrar cuál es la necesidad que tiene sentido en cada momento. Respecto a esto, quiero citar un pasaje del PHG que me parece muy bello y revelador: ``Sabemos que debajo de las ``defensas'' características, realmente en las defensas características en sí mismas, existe siempre un sentimiento infantil de afirmación muy hermoso: la indignación en la desconfianza, la admiración leal en el aferrarse, la soledad en el aislamiento, la agresividad en la hostilidad, la creatividad en la confusión. Y esa parte no es del todo irrelevante en la situación presente. Ya que, incluso ahora y aquí, hay muchas cosas de las que indignarse, algunas cosas a las que ser leal y admirar, y un maestro al que destruir y asimilar, y una oscuridad en la que solamente el espíritu creador puede percibir un atisbo de luz.'' [PHG, II, 4, 10] Bajo mi punto de vista, el amor al prójimo y la comprensión del otro consiste en gran medida en mirar más allá de lo que hace la persona para ver al niño necesitado que lucha por vivir.
 

En terapia

El terapeuta puede ayudar a expresarse a la función Ello del paciente. Para eso hacen falta dos cosas. En primer lugar, hay que seguir al paciente, dejarse llevar a donde éste quiera ir. La curiosidad del terapeuta por saber de qué está hecha la figura, cuál es la necesidad que emerge, puede animar al paciente a ``desplegarse''. En segundo lugar, el terapeuta ha de realizar una cierta función maternal, de contención y apoyo, para que la persona pueda explorar la función Ello con la suficiente seguridad, con excitación y no con angustia. El terapeuta no sólo se ha de preguntar de qué está hecha la figura, sino también cuáles son las condiciones que hacen posible que emerja.
 

En mi experiencia

La implicación en el ``ello de la situación'' es también del terapeuta. Yo siento dificultades como terapeuta a la hora de intervenir con mis propias aportaciones y creo que es una de la cosa que más me debo trabajar. ``¿Cúal es la realidad de una entrevista en la que uno de los participantes, el terapeuta, inhibiera lo mejor de su poder, lo que sabe y lo que este saber le permite evaluar?'' [PHG, II, 4, 11] Dice Jean Marie Robine, ``la fenomenología [...] nos aparta radicalmente de la creencia en una neutralidad del terapeuta [...]; yo reivindico mi ``estar afectado'' como útil para la comprensión del otro''. [Jean Marie Robine, La intencionalidad, en carne y hueso, cap. 6 de Manifestarse gracias al otro, Los Libros del CTP, 2006]