El psicoterapeuta Gestalt acompañando en la experiencia adictiva.

El psicoterapeuta Gestalt acompañando en la experiencia adictiva.

Cuando tus prejuicios nublen tu vista, confía en la mirada de tu corazón.

-Francisco Díaz

 

La psicoterapia Gestalt al ser un enfoque holístico no limita su intervención a un aspecto de la persona, sino que busca atenderla de manera integral. Cuando se propone un abordaje especializado en la experiencia adictiva no es porque todo el trabajo psicoterapéutico se enfoque únicamente en el tema del consumo de drogas: por el contrario, es importante que el psicoterapeuta conozca características que son propias de la experiencia adictiva sin olvidar que las personas son mucho más que su consumo de drogas.

 

El proceso terapéutico está basado en la relación que se establece entre el psicoterapeuta y la persona con la finalidad de promover la creación de nuevas alternativas y que la persona pueda recuperar su capacidad de elección. El psicoterapeuta tiene la función de promover el incremento de conciencia en la persona a través de un acompañamiento que favorezca la creación de situaciones terapéuticas que promuevan la experimentación de nuevas conductas y vivencias en la persona.

 

La psicoterapia Gestalt no le brinda un rol protagónico al terapeuta, al contrario se enfoca en la co-creación de una relación que propicie situaciones que promuevan un contacto profundo. Un terapeuta Gestalt necesita realizar un gran trabajo personal para evitar moralizar las conductas de la persona que está viviendo la experiencia adictiva; esto con el propósito de lograr un contacto con la experiencia de campo de tal manera que sea capaz de darse cuenta de sus sentimientos y reacciones emocionales en conexión con la experiencia que emerja del campo.

 

En algunos momentos la persona con problemas de adicción llega buscando una relación de ayuda donde no haya juicios ni recriminaciones. Debido a esto el psicoterapeuta Gestalt necesita proporcionar un contacto en los momentos en los que la persona necesita un soporte ante aspectos que son amenazantes a nivel emocional, posteriormente el psicoterapeuta mantendrá un contacto proporcionado a la situación emergente en el campo teniendo claro los procesos que acontecen en la frontera de contacto entre él y la persona consultante.

 

Una vivencia que generalmente se presenta en la relación terapéutica dentro del proceso de abordaje en la experiencia adictiva es la vergüenza. El psicoterapeuta necesita reconocer sus propias emociones para realizar autorrevelaciones en el momento que dichas aportaciones sean nutricias para el apoyo al self de la persona consultante. Estas acciones serán ajustes creativos promovidos por el terapeuta que modificaran el campo promoviendo la creación de ajustes creativos más saludables en el consultante.  Cabe mencionar que las intervenciones de autorrevelación se utilizarán de manera genuina y estratégica con el propósito de apoyar el contacto y la expresión auténtica en la persona.

 

Cuando la persona consultante se mantiene en un proceso de discurso deflexivo evitando establecer contacto con las emociones que considera dolorosas, el psicoterapeuta mantiene una actitud de acompañamiento que atienda a los procesos fenomenológicos en lugar de atender al contenido del discurso. Cuando el psicoterapeuta identifica algún cambio a nivel fenomenológico requiere apoyar la incertidumbre (el vacío fértil) de tal manera que la persona pueda movilizar la energía a favor de la expresión genuina de sentimientos y la satisfacción de necesidades.

 

Las personas que están viviendo la experiencia adictiva comúnmente vienen muy lastimadas emocionalmente y con un pobre autoconcepto. El psicoterapeuta necesita mantener un acompañamiento que atienda a las cualidades estéticas de la relación terapéutica, de modo que la persona pueda identificar y reconocerse a través de la situación presente y no de las creencias preconcebidas que posee debido a su historia de vida. Esto permite que la persona se actualice y apoya su intencionalidad de establecer contacto con las experiencias emergentes en el aquí y ahora, superando los discursos tóxicos o las autocríticas.

 

Cuando la persona ha actualizado su vivencia a través de la presencia del otro, es necesario que el psicoterapeuta desarrolle de manera intuitiva, creativa y estratégica experimentos que atiendan a la situación propia del campo. Una vez que la persona establece un contacto profundo la con figura; el psicoterapeuta apoyará a través de una presencia cálida  manteniendo la contemplación terapéutica para apoyar la asimilación de la nueva experiencia en el cliente hasta el punto que pueda rescatar un nuevo aprendizaje que promueva su crecimiento y transformación.

 

La psicoterapia Gestalt se fundamenta en la integración de los aspectos que se encontraban alienados en la persona (huecos de la personalidad). En ese sentido, la experiencia adictiva generalmente se encuentra ligada a experiencias traumáticas en la infancia, por esa razón, el psicoterapeuta apoyará la manifestación de expresiones que surjan del fondo y que emerjan como figura en ese momento aunque resulten sumamente dolorosas. Es importante que el psicoterapeuta tenga presente que las experiencias se manifiesten de manera proporcionada porque en el caso de las personas con tendencia histriónica o borderline estas pueden expresarse de forma desproporcionada a tal grado que pueden poner en riesgo el estado mental de la persona.

 

Cuando el psicoterapeuta observe manifestaciones que sean desproporcionadas es importante que realice un proceso de análisis de los fenómenos de contacto surgidos de la relación terapéutica y pueda asistir a un proceso de supervisión como medida de autocuidado y de cuidado a la salud mental de su cliente.

 

La comorbilidad psiquiátrica es una de las condiciones más comunes en las personas que viven la 

experiencia adictiva. Generalmente condiciones como la depresión, trastornos de ansiedad, trastornos de personalidad, etc., acompañan al consumo de drogas. Incluso en muchas ocasiones el consumo de drogas se origina como una medida de automedicación para disminuir el malestar que provocan las condiciones patológicas.

 

El terapeuta Gestalt necesita tener una formación en psicología clínica para que sea capaz de identificar condiciones que puedan poner en riesgo a la persona consultante. Aunque el psicoterapeuta Gestalt mantiene una línea de trabajo basada en la fenomenología, es importante que no desatienda las propuestas de diagnóstico clínico con la finalidad de canalizar al paciente a atención psiquiátrica cuando sea conveniente.

 

Dentro del trabajo psicoterapéutico es necesario que el terapeuta mantenga una idea clara de las condiciones presentes del cliente y las necesidades que se manifiestan en el aquí y ahora. De este modo, es capaz de crear una relación nutricia con el consultante. Para esto el terapeuta necesita mantenerse en la experiencia de campo y consciente de la condición de la persona en el aquí y ahora, además se deben eliminar las etiquetas que el propio cliente trae a la relación terapéutica para enfocarnos en el proceso actual y en el fenómeno de campo. 

 

El terapeuta mantiene su atención a los procesos de contacto que acontecen en la situación terapéutica ateniendo a las manifestaciones fenomenológicas y los procesos estéticos acontecidos a favor del crecimiento y en la integración de los aspectos saludables. Tomando en cuenta que toda manifestación patológica que ha tenido la persona ha sido un ajuste creativo que le ha permitido responder a las demandas del entorno.

 

El psicoterapeuta Gestalt es capaz de ver más allá de las limitaciones que manifiesta el consultante que asiste a terapia por problemas con el consumo de drogas. Por eso, necesita identificar y apoyar la integración de los recursos de la persona consultante presentes en la situación terapéutica. Es necesario que el terapeuta pueda identificar las experiencias emocionales que son significativas y que han permanecido en el fondo, apoyando su manifestación a través de la creación de experimentos de incrementen la capacidad de expresar los aspectos saludables presentes en la persona.

 

El terapeuta Gestalt es capaz de co-crear un campo que sea nutricio para el establecimiento de contacto con la figura emergente en la situación terapéutica. Acompañar la manifestación corporal genuina es fundamental para la expresión de cualidades de contacto como la energía, alegría, fortaleza que permita la asimilación e integración de aspectos nutricios. Esto ayuda a superar los discursos dramáticos y de autorrecriminación de la persona para dar paso a nuevas experiencias existenciales que fortalezcan una nueva forma disfrutar la vida.

 

La atención en la experiencia adictiva consiste asumir la vivencia presente en el campo formado en el proceso psicoterapéutico. Es decir, el psicoterapeuta asume las manifestaciones fenomenológicas presentes en el campo promoviendo en todo momento una dinámica que permita la excitación de la energía contenida presente en la experiencia para encausar las necesidades hacia acciones vinculadas a la satisfacción.

 

En el trabajo terapéutico es necesario respetar el ritmo que surja de la experiencia de campo y que permite a cada persona manifestarse de manera genuina e intuitiva para re-descubrirse en el encuentro. El contacto con la experiencia presente, el cierre de asuntos inconclusos y la atención a experiencias obsoletas permite a la persona lograr la asimilación e integración de nuevas posibilidades en los procesos del self que permitan encauzar la energía que se había acumulado debido a las autointerrupciones del contacto en favor del crecimiento de nuestra personalidad. 

 

Cuando aparecen los procesos y estados de frontera el psicoterapeuta necesita donar su persona al campo en favor de posibilitar la creación de un entorno que brinde asistencia hacia el surgimiento de la creatividad existencial con un ritmo adecuado de contacto/retirada que integre aspectos de la personalidad que se encontraban disminuidos y flexibilizar los que se mantenían rigidizados.

 

La experiencia adictiva se caracteriza por la búsqueda incesante del placer pero de una manera rígida y estereotipada. La propuesta de atención se centra en la búsqueda de la co-creación de experiencias novedosas donde el apoyo el psicoterapeuta permita un ajuste en los procesos de autorregulación para propiciar el contacto que ayude a la transformación de la vida en relación.

 

El abordaje de la experiencia adictiva desde el enfoque Gestalt atiende a la ampliación de conciencia sobre la capacidad de manejar un gran número de polaridades que correspondan a lo que está sucediendo en el campo. Las personas con problemas de adicción generalmente han permanecido muy arraigadas a polaridades rígidas que por lo común surgen de experiencias traumáticas u obsoletas en el momento presente.

 

La psicoterapia es un espacio donde los estigmas del pasado se liberan para configurar un espacio nutricio donde la persona se atreva a vivir de manera espontánea integrando las novedades y reconocimiento polaridades que estaban negadas o disminuidas. Esto permite que la persona desarrolle confianza en sí misma y desarrolle la capacidad de tener una presencia nutricia en las relaciones de su vida cotidiana.

 

El respeto a la experiencia del otro es fundamental para que la persona pueda realizar los ajustes necesarios para alcanzar un estado saludable con base en el rescate de aspectos valiosos de sí misma. Las personas con problemas de adicción están acostumbradas a recibir malos tratos o confrontaciones en sus tratamientos, por eso en un principio puede prevalecer la desconfianza. Esto se supera creando un instante que posibilite la expresión genuina de las emociones hacia el descubrimiento de nuevas posibilidades de vida.

 

Durante mucho tiempo he escuchado la palabra amor adulto dentro de los procesos de recuperación en los centros de rehabilitación o clínicas de tratamiento. Pero ese amor adulto consiste en juzgar, humillar y ofender a las personas por su comportamiento adictivo. En su búsqueda de ayudar las personas pueden llegar a lastimar lo más profundo de un individuo. En lo personal, creo que el amor adulto es compasivo, aceptante y sobre todo respetuoso de los recursos y potencialidades del otro. 

 

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