El amor que lastima la individualidad

El amor que lastima la individualidad

La necesidad atestigua el vacío y la falta en el necesitado, su dependencia frente al exterior, la insuficiencia del ser necesitado, precisamente porque no posee enteramente su ser y por lo tanto, no está, propiamente hablando, "separado". Emmanuel Lévinas.

 

Conociendo la codependencia.

 

En la actualidad el consumo de drogas se ha convertido en un problema social que cada día va en aumento de manera vertiginosa, a la par del problema de consumo de drogas emerge una condición alterna denominada codependencia. El consumo de drogas ha lastimado a millones de familias que sufren cada día al ver a su familiar enfrentar una batalla que no parece tener fin, al vivir ese sufrimiento muchos familiares se desconectan de su propia vivencia para alienarse con el sufrimiento de su familiar con adicción.

 

El concepto de codependencia surgió en la década de los setentas a partir de la experiencia clínica en el tratamiento de personas con problemas de dependencia al alcohol, se observó que dentro del entorno familiar de las personas con alcoholismo se configuraba una relación de profunda dependencia por parte de algunos familiares. Las personas que fueron identificadas con esta condición buscaban una relación dependiente al considerar al usuario de drogas como incapaz de afrontar las dificultades de la vida, por lo tanto, centraban su vida en cuidar, vigilar y sobretodo salvar a la persona con problemas de dependencia a las drogas.

 

En el año 1973 se acuño el término de co-alcoholismo, posteriormente en los años ochenta el termino codependencia se popularizo hasta el punto que se creó  la organización CoDA ( Codependents Anonymous) y en 1990 se funda el Consejo Nacional sobre Codependencia( National Council on Codependence). Estas organizaciones fueron creadas ante la creciente de necesidad de atender a los integrantes de las familias donde algún miembro desarrollaba un comportamiento codependendiente.

 

Las personas que desarrollaban esta condición de codependencia presentaban actitudes y conductas tendientes al mantenimiento del comportamiento adictivo de la persona con dependencia a las drogas. Generalmente las personas con un problema de codependencia asumen una postura de negación ante la adicción de su familiar. El auto engaño que desarrolla la persona con un problema de codependencia se sustenta en la negación, victimización, engaño, encubrimiento, sobreprotección, invalidación, hipervigilancia, abnegación y complicidad.

 

Además de su actitud de negación y complicidad, la persona con problemas de codependencia  realiza de manera inconsciente acciones  que se contraponen al tratamiento para la recuperación del familiar con adicción. Cabe señalar que en todo momento el familiar con problemas de codependencia busca el bienestar de la otra persona, lamentablemente sus limitaciones personales lo llevan a obstaculizar el proceso de recuperación.

 

Las personas codependientes se enajenan de tal manera que buscan aliviar su angustia existencial al apropiarse de la experiencia de la persona con adicción. La postura existencial de la persona con problemas de codependencia inicia con un Yo estoy bien y Tu eres incapaz para posteriormente convertirlo en un nosotros sufrimos. Generalmente mantienen la creencia de ser los únicos que se preocupan realmente por el bienestar de la persona con adicción. En un inicio su conducta de abnegación es celebrada por su contexto próximo como un acto estoico de amor al otro, pero conforme esta relación dependiente se va convirtiendo en patológica la persona con problemas de codependencia se va aislando de su entorno al recibir críticas por su comportamiento.

 

La relación de alienación que existe en la persona con adicción y el familiar con codependencia se mantiene a través de una experiencia de complicidad e identificación en la vivencia de sufrimiento. Ambas persona se consideran incapaces de superar su vivencia de sufrimiento, y por ese motivo crean una relación confluente donde son incapaces de diferenciar los límites entre uno y otro, todo esto con el propósito de apoyarse mutuamente para mantener su conducta de evitación al sufrimiento emocional.

 

Paradójicamente la complicidad confluente que existe en la relación de codependencia lleva a las personas a aislarse de las relaciones interpersonales significativas. La persona con problemas de codependencia presenta comorbilidades semejantes a las de la persona con problemas de adicción, como trastornos de ansiedad, depresión, baja tolerancia a la frustración, pobre control de impulsos, autoconcepto disminuido, trastornos de personalidad, etc.

 

Profundizando en la experiencia codependiente.

 

 La codependencia es definida como “ trastorno individual específico, configurador de la identidad del individuo, caracterizado por un intenso temor al abandono (exclusión o des-calificación) y un girar en torno a otro. Su génesis se asocia a una dinámica interaccional, que surge frente a una respuesta familiar disfuncional ante un determinado tipo de enfermedad o trastorno de otro de sus miembros” (A. Coddou, M. Chadwick, 1996).

 

Las personas que presentar actitudes codependientes han generado una inflexibilidad de sus procesos de frontera que les provoca serias dificultades relacionales. Esta rigidez se manifiesta en comportamientos uniformes donde se procura apropiarse de la experiencia del otro como una forma de no establecer contacto. Las fronteras relacionales de las personas con actitudes codependientes han perdido su flexibilidad generando así una permeabilidad rígida que no le permite diferenciarse del otro.

 

Para comprender como mayor claridad como es un funcionamiento saludable de los procesos de frontera es importante conocer cómo funcionan las fronteras de contacto de una persona. De acuerdo con Swanson  Las fronteras eficaces tienen necesidad de bastante permeabilidad para permitir al alimento entrar, y suficiente impermeabilidad para mantener la autonomía y no dejar entrar los elementos tóxicos. (Swanson 1988 p. 4). Por lo tanto, la persona codependiente necesita mantener activa la polaridad contacto-retirada de un proceso rítmico que le permita construir un campo relacional que sea nutricio y que cuente con la capacidad de retirarse cuando la configuración relacional sea toxica.

 

Las fronteras de las personas codependientes se han visto afectadas por una  fobia en el proceso de retirada de la experiencia del otro. Han perdido la capacidad de ser consciente de sus necesidades y diferenciarlas de la persona con adicción, esto trae consigo una pérdida de la autonomía que genera una confusión en la relación, donde las fronteras son tan permeables que no se puede diferenciar las necesidades personales, la  persona codependiente se mantiene en un estado de no soy yo- para vivir tu experiencia.

 

La confluencia al mantenerse como un estado de frontera inflexible en la persona genera una pauta neurótica de carácter que le impide tener consciencia de su ser en el mundo, su vida afectiva y sus necesidades. Al vivir cegado por su temor la persona  con actitudes codependientes se aferra a sufrir por la experiencia del otro. De acuerdo con Robine (1997), hoy en día la confluencia hace referencia a aquel fenómeno que no es ni contacto ni darse cuenta debido a la falta de una experiencia clara de la frontera de contacto.

 

Las personas con problemas de adicciones desarrollan algunas pautas inflexibles como:

 

Perspectiva de incapacidad

Inconsistencia motivacional,

Expectativas patológicas.

Baja tolerancia a la frustración

Incapacidad para aceptar el sufrimiento.

Negación de las consecuencias del consumo.

Continuo auto engaño.

Aislamiento.

 

Es importante mencionar que estas características generalmente se presentan en las personas con problemas adictivos, sin embargo estas características no siempre están presentes en todas las personas ni tampoco las definen, solo son parte de su condición y se han establecido como una generalización basada en la experiencia clínica.

 

Las características que generalmente se presentan en personas con adicciones son compartidas por sus familiares con actitudes codependientes, debido a que no hay límites entre ellos y la experiencia del otro, se fusionan por esta razón en muchas ocasiones presentan características similares. Estas características interfieren en el proceso de recuperación del familiar con adicción.

 

La persona dependienta no obstaculiza el proceso de recuperación de su familiar de manera deliberada, sino como una manifestación de su confusión experiencial e incapacidad de diferenciación. Al encontrarse fusionados el familiar con adicción y el codependiente crean un campo indiferenciado donde cualquier acción de cambio es visto como una amenaza al estado de frontera confluente que han mantenido hasta ese momento.

 

Cabe la posibilidad que el estado de confluencia se vea favorecido por procesos de introyección, proflexión y retroflexión. Esto puede ser observado en la práctica clínica cuando la persona codependiente presenta estados depresivos, culpa excesiva, vergüenza y enfermedades psicosomáticas. La codependencia generalmente se presenta en mujeres ya sea madres de personas con adicciones o sus parejas. Esto podría ser una manifestación de la introyección que reciben las mujeres a nivel cultural con respecto al cuidado del otro, el amor incondicional o la vieja frase “ una madre da la vida por su hijo” o “Tu eres mi vida, mi todo”.

 

La introyección acompaña continuamente al proceso de confluencia porque mantiene una gran cantidad de hábitos debeistas que interfieren con la capacidad de satisfacción y diferenciación de la persona. Cuando la persona codependiente mantiene introyectos relacionados con el entorno se le dificulta diferenciarse del otro, por ejemplo si una persona considera que debe ser una buena madre, esto la llevara a desatender sus propias necesidades anteponiendo las necesidades del entorno.

 

En la cultura mexicana las madres y las esposas han sido educadas para cuidar a sus hijos o parejas hasta el punto de negarse a sí mismas o apropiarse de los problemas del otro como si fueran suyos. Las telenovelas y películas mexicanas nos enseñan cómo ser una madre o mujer mexicana, es un destino de sufrimiento y abnegación para ser el pilar de su casa o la responsable del bienestar de su familia.

 

En este contexto cultural donde generalmente las mujeres asumen responsabilidades de otros, los hijos o parejas recurren a la confluencia porque de lo contrario la otra persona entraría en un conflicto al no cumplir con su demandas debeista. En el caso de la codependencia cuando el familiar con problemas de adicción se intenta diferenciar del otro, recibe rechazo y es cuestionado sobre sus propias capacidades para estar a salvo en el mundo.

 

El introyecto de la cultura mexicana sobre la responsabilidad de la mujer en cuidar, mantener y salvar a la familia por encima de cualquier cosa incluso sus propias necesidades es una factor para que viva un continuo sufrimiento cuando  se presenta un problema de adicción en en algún miembro de su familia.

 

Este introyecto  limita  su capacidad de ajuste y actualización en su relación con el entorno, en este caso, la mujer se convierte en alguien que acepta cualquier cosa con tal de mantener su imagen de buena madre o de esposa leal. Es ahí, cuando se dañan las fronteras de contacto para cumplir esta expectativa debeista la persona se nulifica en la relación para fusionarse con el otro y su experiencia.

 

Cuando la persona confluente estable contacto con sus necesidades e intenta diferenciarse del otro generalmente aparece una malestar emocional caracterizado por la culpa, angustia, vergüenza y el resentimiento. Los introyectos familiares y culturales resuenan en la experiencia emocional de la persona confluente hasta el grado llevarlos a procesos retroflexivos de sacrificio, auto crítica y actitudes auto-punitivas. El malestar que produce la incapacidad de diferenciación perpetúa las actitudes codependientes con el familiar con problemas de adicción.

 

Psicoterapia Gestalt una luz en la oscuridad. 

 

El ambiente y el organismo están en una relación de reciprocidad. Ninguno es víctima del otro. Su relación es de hecho una relación de opuestos dialécticos”. (Fritz Perls)

 

La psicoterapia Gestalt ofrece una luz de esperanza a las personas que sufren la experiencia de codependencia. La intervención se centra en que la persona pueda fortalecer sus fronteras de contacto y la espontaneidad para establecer un proceso rítmico de contacto-retirada donde  sea capaz de diferenciarse de la experiencia del otro para atender sus necesidades y encontrar la regulación relacional necesaria para nutrirse en la experiencia de campo, posteriormente retirarse y establecer nuevas relaciones que le permitan tener un crecimiento.

 

El trabajo terapéutico para una persona con problemas de codependencia no es buscar sanarla a trabes de técnicas catárticas o intervenciones directivas por parte del psicoterapeuta. Por el contrario el proceso sanidad del estado de confluencia se produce en la actualización de la experiencia a través del establecimiento de un contacto profundo que genere la creación de un  campo nutricio que permita a la personas establecer una regulación relacional donde cada uno se nutra, se transforme al ser en relación y se retiren cuando se haya logrado satisfacción.

 

Con relación a la intervención psicoterapéutica los fundadores de la psicoterapia Gestalt nos dicen lo siguiente:

 

No se trata de curar alguna cosa del pasado, ni de salvarlo de la defensa de una coraza, sino de hacer un ajuste creador en la situación actual. Para completar la Gestalt en la situación actual es necesario destruir y asimilar el obstáculo de la falta de awareness”. (Perls, Hefferline y Goodman 2002).

La persona con problemas de codependencia ha perdido su capacidad para lograr el autoapoyo y por lo tanto se considera incapaz de enfrentar el sufrimiento que produce el continuo transcurrir de la vida. Por lo tanto, el psicoterapeuta requiere realizar intervenciones que brinden apoyo a la persona en los momentos en que experimente mayor temor. El apoyo no se realiza de manera arbitraria sino que surge de la experiencia relacional en el campo organismo-entorno.

La persona confluente a perdido la capacidad de responder de manera  espontánea a lo que sucede en el campo relacional, la forma en que responde a lo que sucede está restringida por creencias debeistas producto de los introyecctos y de la incapacidad para diferenciarse de la experiencia de su familiar con problemas de adicciones. La teoría de la psicoterapia Gestalt nos brinda una luz de esperanza en la oscuridad del sufrimiento que vive la persona codependiente.

Cada acto de contactar es una totalidad formada de conciencia inmediata, respuesta motora y sentimiento (una cooperación de los sistemas sensorial, muscular y vegetativo), y este proceso de contacto se produce en la frontera-superficie en el campo organismo / entorno. Preferimos esta formulación rara, más que decir "en la frontera entre el organismo y el entorno", ya que, como hemos dicho , la definición del animal incluye a su entorno. Por esto no tiene ningún sentido definir a un ser que respira sin hablar del aire, a un ser que camina sin hablar de la gravedad y del suelo, a un ser irascible sin los obstáculos que se encuentra, la definición de un organismo es la definición de un campo organismo / entorno. (Perls, Hefferline y Goodman 2002).

Al revisar los fundamentos de la teoría del campo aplicados a la psicoterapia Gestalt nos permite conocer la función que tiene el contacto en la actualización del Self. Cuando la persona comprende la diferencia entre la confluencia y la interdependencia que se produce en la experiencia de campo a través del contacto es capaz de actualizarse y flexibilizar el estado de confluencia.

 El psicoterapeuta promueve intervenciones que brinden un apoyo específico ante los procesos de frontera de que se encuentran arraigados patológicamente en los procesos relacionales de la persona con codependencia, el terapeuta participa en la  co-construcción de un campo que permite la actualización a través del contacto necesario con su entorno.

El proceso estará centrado en permitirle a la persona experimentar de manera vivencial alternativas relacionales que sean mas congruente con su conciencia sensorial y emotiva. Esto le  permitirá clarificar sus necesidades para diferenciarse del otro, para esto, el terapeuta participara brindando apoyo para superar el miedo y permitir que la persona establezca un contacto profundo con la experiencia de campo y se nutra hasta quedar satisfecha.

La persona con problemas de codependencia presenta un estado de confluencia inflexible por la fobia a la retirada que le impide salir de la experiencia del otro, además de esto recordemos que los introyectos se hacen presentes a través creencias debeistas que generan culpa y sufrimiento. Por ese motivo, el psicoterapeuta necesita brindar el apoyo suficiente a la persona para que su intervención ayude a mitigar el miedo y establecer un contacto creativo con su entorno.

 

De acuerdo con Margarita Spagnuolo el objetivo de la intervención psicoterapéutica es:

 

Favorecer la diferenciación entre organismo y entorno, sin negar la experiencia previa, con la que el paciente se encuentra aún en confluencia pero, permitiendo a éste último, probar la propuesta del terapeuta, como del mismo modo, descubrir la excitación unida a la transgresión, a la ruptura de la simbiosis. (Spagnuolo 2016)

 

Para lograr esto el psicoterapeuta debe acompañar a co-crear una relación de confianza donde sea posible que la persona pueda manifestarse espontánea y genuinamente de acuerdo a su sentir en el aquí y ahora. El camino que sigue el terapeuta es explorar en la zona de darse cuenta interna a través de la cimentación de las sensaciones que son expuestas en el experiencia de campo con el propósito de ayudar a la persona a profundizar en su emoción hasta el punto de alcanzar la energía suficiente que le permita flexibilizar su proceder relacional.

 

La angustia existencial que experimenta la persona confluente al entrar en conflicto entre su necesidad y el temor a retirase en la experiencia del otro (impasse)  produce una experiencia emocional intensa que le permite la movilización de energía, en ese momento el terapeuta necesita brindar el apoyo necesario para que la persona  asuma el riesgo de centrarse en la experiencia presente formada en la relación organismo-entorno y con esto se actualice el self en la experiencia de campo.

 

En el caso de la codependencia es importante que el psicoterapeuta comprenda que una intervención rígida a través de una técnica especifica puede entorpecer su proceder y crear una resistencia técnica al realizar una intervención sin tomar en cuenta la experiencia de campo que se está configuran en la relación terapéutica invitando al cliente al asumir riesgos cuando aún la persona no se encuentra lo suficientemente energizada.

 

Entonces cuando el terapeuta busca realizar técnicas psicoterapéuticas para fomentar la diferenciación sin tomar en cuenta la experiencia del cliente se fortalece la confusión e incrementa la rigidez del estado de confluencia en la persona codependiente, al confirmarle su incapacidad para satisfacer sus propias necesidades.

 

Conclusión.

A los verdugos se les reconoce siempre. Tienen cara de miedo.

Jean Paul Sartre

Podemos concluir que las personas que han desarrollado problemas de codependencia han sido condenadas y señaladas por las expectativas sociales, al tal punto que sus fronteras de contacto han sido limitadas hasta llegar la confluencia donde se apropian de la experiencia del familiar con adicción. El tratar con actitud confrontativa o una responsabilización prematura puede provocar que el estado de frontera de confluencia se intensifique al ser confirmada la creencia de su incapacidad para actualizar su experiencia.

En el proceso psicoterapéutico lo más importante no es la explosión emocional del cliente como medio para superar su estado de confluencia, sino la regulación relacional que se produce a nivel energético entre la persona y el psicoterapeuta que le permita a la persona alcanzar el apoyo necesario para actualizarse y configurar un self que corresponda a la experiencia de contacto en un nosotros nutricio y no en un cautiverio emocional como en la codependencia.

La relación terapéutica permite a la persona con problemas de codependencia superar su miedo a través del proceso de interdependencia que co-construye  con el terapeuta. Esta experiencia de campo crea un self transformador que es nutricio y brinda un crecimiento saludable en la persona superando los miedos, vergüenzas y culpas que tanto dolor le han causado.

 

Bibliografía

Coddou, A., Chadwick. (1996). M., Evolución del concepto de codependencia, Tesis. Universidad de Chile.

Muñoz M. (2008) La sensibilización Gestalt en el trabajo terapéutico, México D.F.: Editorial Pax.

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Perls, F. ( 2013). El enfoque Gestalt y testigos de Terapia. Santiago: Editorial Cuatro Vientos.

Perls, F., Hefferline, R. y Goodman, P. (2002). Terapia Gestalt: Excitación y crecimiento de la personalidad humana. Madrid: CTP.

Polster, E. y M. (1976). Terapia gestáltica. Buenos Aires: Amorrortu.

Quitman H. (1989). Psicología Humanística. Barcelona: Herder.

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Robine J. (1998). Terapia Gestalt. Madrid: Gaia.

Robine J. (1997). Contacto y relación en psicoterapia. Santiago de Chile: Cuatro Vientos.

Spagnuolo M. ( 2016) Un apoyo específico para cada interrupción del contacto. Gestalnet.com

Swanson J. (1988). Procesos y estados de Frontera. Estados Unidos: Gestalt Journal.

Yontef, G. (1995). Proceso y diálogo en psicoterapia Gestalt. Santiago de Chile: Cuatro Vientos.

Zinker, J. (1980). El proceso creativo en terapia Gestalt. Buenos Aires: Paidós.

 

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