Del Sufrimiento a la excitación y crecimiento en la experiencia adictiva.

Del Sufrimiento a la excitación y crecimiento en la experiencia adictiva.

El camino al crecimiento puede iniciar con un profundo sufrimiento.

-Francisco Díaz

La experiencia adictiva se caracteriza por el sufrimiento, este sufrimiento altera considerablemente las funciones de contacto de la persona produciendo una restricción existencial a través de un tridente que se compone de experiencias traumáticas, vergüenza y aislamiento. En esta ocasión realizaremos un análisis de orden existencial en la experiencia adictiva para desde la óptica de la psicoterapia Gestalt  aportar a los procesos de crecimiento el sufrimiento que  produce la dependencia a las drogas.  

Sören Kierkegaard realiza su trabajo filosófico con base en las experiencias de temor, angustia y desesperación. En esta ocasiones busco promover una mirada compasiva a la experiencia de sufrimiento que acontece en el acto del consumo de drogas. El psicoterapeuta necesita establecer conexión con el dolor ajeno para reestructurar su presencia ante el rosto doliente del otro. A partir del sufrimiento ajeno se alimenta nuestro crecimiento personal y surge la posibilidad de encontrar luz donde todo parecía oscuro.

La experiencia adictiva es restrictiva en cuanto a los procesos volitivos y las alternativas para ejercer su capacidad de elección. El psicoterapeuta necesita establecer un contacto profundo con la herida que emerge de la experiencia de campo donde el sufrimiento  puede ser sostenido por una relación fraterna que contenga al otro por el hecho de ser humano.

La psicoterapia Gestalt no le brinda un rol protagónico al terapeuta, al contrario se enfoca en la co-creación de una relación que propicie situaciones que promuevan un contacto profundo. Un terapeuta Gestalt necesita realizar un gran trabajo personal para evitar moralizar las conductas de la persona que está viviendo la experiencia adictiva; esto con el propósito de aceptar la experiencia de sufrimiento que surge del campo fenoménico.  El sufrimiento es una gran posibilidad de crear un vínculo de intimidad emocional que permita re significar el dolor y brindar la posibilidad de encontrar alternativas existenciales.

La persona que se encuentra en la experiencia adictiva llega buscando una relación de ayuda donde no haya juicios ni recriminaciones. El psicoterapeuta Gestalt necesita dejar de ver a la otra persona como solo un cliente para aceptar el compromiso de explorar la experiencia partiendo del sufrimiento actual y tomando conciencia de su condición de ser y estar interesado profundamente en la experiencia del otro.

Dentro del proceso psicoterapéutico es necesario tener presente que frente a nosotros esta la humanidad misma y tomando en cuenta este elemento la fraternidad surge de manera espontánea ante el sufrimiento de la humanidad. Cuando un humano sufre la humanidad misma sufre por ello, en este caso el fenómeno de campo nos permite experimentar el proceso de alteridad intersubjetiva que se presenta durante el acompañamiento psicoterapéutico.

Debido a esto, el psicoterapeuta Gestalt necesita proporcionar un contacto en los momentos en los que la persona necesita un soporte ante aspectos que son amenazantes a nivel emocional, posteriormente el psicoterapeuta mantendrá un contacto proporcionado a la situación emergente en el campo teniendo claro los procesos que acontecen en la frontera de contacto entre él y la persona consultante.

El psicoterapeuta buscara comprender las dificultades presentes entre la lucha entre ser como se espera y el quiebre existencial de vivir con una conciencia temporal. Es necesario que tomemos en cuenta el sufrimiento presente en la experiencia adictiva y saber que en este proceso existe un camino de interioridad e interdependencia. Aunque parecieran caminos antagónicos son complementarios; porque para que la persona desarrolle alternativas para su crecimiento personal es necesario tener en cuenta el apoyo y alteridad que produce la presencia del otro.

La experiencia adictiva manifiesta una vivencia de  vulnerabilidad que impacta en toda la complejidad del ser de lo humano. La conciencia de campo sobre la experiencia de vulnerabilidad es una posibilidad para el desarrollo de la fraternidad y del proceso de quiasmo donde toda experiencia pertenece al campo dando paso a la complementariedad para el crecimiento de la humanidad misma.

Es tiempo que la clínica gestáltica pueda superar la ceguera que mantiene la sociedad sobre la experiencia adictiva. Por el contario, considero que el psicoterapeuta Gestáltico necesita comprender la experiencia a partir de una visión fenoménica donde el proceso no se enfoque en las acciones que realiza el otro, sino en la experiencia de sufrimiento que implica el acto existencial y la intencionalidad propia del proceder existencial de la persona que se encuentra implicada en el consumo de drogas. Existen momentos donde el terapeuta necesita mantener en el fondo todos los conocimientos que tiene sobre adicciones para centrarse en la esencia de los modos de manifestación de la otra persona.

Las personas que están viviendo la experiencia adictiva comúnmente vienen muy lastimadas emocionalmente y con un pobre autoconcepto. El psicoterapeuta necesita mantener un acompañamiento que atienda a las cualidades estéticas de la relación terapéutica, de modo que la persona pueda identificar y reconocerse a través de la situación presente y no de las creencias preconcebidas que posee debido a su historia de vida. Esto permite que la persona se actualice y apoya su intencionalidad de establecer contacto con las experiencias emergentes en el aquí y ahora, superando los discursos tóxicos o las autocríticas.

En el proceso de psicoterapia el terapeuta necesita tomar en cuenta la conciencia solipsista para lograr una profunda compresión del proceso intersubjetivo que trasciende los fenómenos intrapsíquicos para dar paso a los procesos relacionales. Porque los seres humanos nos definimos no solo de la propia conciencia, sino también de la presencia que nos modifica en cada uno de los encuentros que tenemos con otros.

En la psicoterapia somos co-sujetos que nos construimos a partir de las posibilidades y recursos existenciales presentes en la relación. Por este motivo,  la presencia del otro, es necesaria que el psicoterapeuta desarrolle de manera intuitiva, creativa y estratégica experimentos que atiendan a la situación propia del campo. Una vez que la persona establece un contacto profundo la con figura; el psicoterapeuta apoyará a través de una presencia cálida  manteniendo la contemplación terapéutica para apoyar la asimilación de la nueva experiencia en el cliente hasta el punto que pueda rescatar un nuevo aprendizaje que promueva su crecimiento.

La psicoterapia Gestalt no promueve la sanación del otro, sino el apoyo necesario para co-crear un campo donde la relación soporte el sufrimiento presente y cada miembro de la relación encuentre un camino de desarrollo para determinarse a partir de la intencionalidad presente en cada persona.

Dentro del trabajo psicoterapéutico es necesario que el terapeuta mantenga una idea clara de las condiciones presentes del cliente y las necesidades que se manifiestan en el aquí y ahora. De este modo, es capaz de crear una relación nutricia con el consultante. Para esto, el terapeuta necesita mantenerse en la experiencia de campo y consciente de la condición de la persona en el aquí y ahora, además se deben eliminar las etiquetas que el propio cliente trae a la relación terapéutica para enfocarnos en el proceso actual y en el fenómeno de campo. 

El terapeuta mantiene su atención a los procesos de contacto que acontecen en la situación terapéutica ateniendo a las manifestaciones fenomenológicas y los procesos estéticos acontecidos a favor del crecimiento y en la integración de los aspectos saludables. Tomando en cuenta que toda manifestación patológica que ha tenido la persona ha sido un ajuste creativo que le ha permitido responder a las demandas del entorno.

La experiencia adictiva más que una enfermedad física es una restricción existencial que se caracteriza por la condición patológica de la desesperación. Es un camino donde la persona siente tanto sufrimiento que en momentos experimenta idea de vivir un sufrimiento insoportable. A partir de esta experiencia de sufrimiento el terapeuta necesita tener una presencia que apoye el riesgo de explorar a profundidad la experiencia de sufrimiento para que la desesperación vaya encontrando un camino de posibilidades existenciales.

La psicoterapia Gestalt esta en favor de la vida y cuando la persona vive desesperada se aleja de la vida y se mantiene en un aislamiento que conduce a una condición patológica de incapacidad alcanzar satisfacción en la vida cotidiana.

La atención en la experiencia adictiva consiste asumir la vivencia presente en el campo formado en el proceso psicoterapéutico. Es decir, el psicoterapeuta asume las manifestaciones fenomenológicas presentes en el campo promoviendo en todo momento una dinámica que permita la excitación de la energía contenida presente en la experiencia para encausar las necesidades hacia acciones vinculadas a la satisfacción.

 La experiencia adictiva se caracteriza aparentemente por la búsqueda incesante del placer. Aunque en realidad la intencionalidad está centrada en atender a la experiencia de sufrimiento y desesperación que produce la falta de recursos y posibilidades en la vida del otro. La propuesta de atención se centra en la búsqueda de la co-creación de experiencias novedosas donde el apoyo el psicoterapeuta permita un ajuste en los procesos de contacto para propiciar la actualización experiencial necesaria.

La psicoterapia es un espacio donde los estigmas del pasado se liberan para configurar un espacio nutricio donde la persona se atreva a vivir de manera espontánea integrando las novedades y las polaridades que estaban negadas o disminuidas. Esto permite que la persona desarrolle confianza en sí misma a partir de la confianza generada en el campo y desarrolle la capacidad de tener una presencia nutricia en las relaciones de su vida cotidiana.

Las alternativas de la persona que vive la experiencia adictiva son pocas para superar su sufrimiento, así que para que pueda profundizar en este dolor es necesario que cuente con el apoyo suficiente para mitigar la desesperación. El terapeuta y el consultante necesitan co-crear una situación donde el sufrimiento sea una posibilidad de crecimiento y no hoyo de desesperación que lo hunda más en el aislamiento.

Frente al sufrimiento y la desesperación propone Kierkegaard que la pasión es el camino del crecimiento. Con respecto a esto, considero que desde la psicoterapia Gestalt la excitación y energización son proceso fundamentales para que la persona encuentre el valor de profundizar en la experiencia de sufrimiento y encontrar luz de vida a partir de los momentos que habían permanecido como experiencias traumáticas que oscurecían  la existencia de la persona.

Por eso, quiero concluir este escrito mencionando que esta propuesta de psicoterapia Gestalt en la experiencia adictiva no se enfoca en la manera en que debería vivir el otro, sino en la manera que encuentra la persona para enfrentar su sufrimiento desde la excitación que produce la vida  para lograr alcanzar la satisfacción y el crecimiento de la personalidad en la situación presente. Cabe mencionar, que este proceso el crecimiento no es exclusivo del consultante sino también del psicoterapeuta y de la humanidad misma.

 

 

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