Confluencia en la relación de pareja: una agresividad incompleta (Yo-nosotros-Tú)

Confluencia en la relación de pareja: una agresividad incompleta (Yo-nosotros-Tú)

A lo largo de las décadas, se le ha dado mayor énfasis al “contacto”, que a la “retirada”. Sin embargo éste contacto no es tal, sino que es más parecido a una fusión a un “unimismarse” con lo no-yo, que se enmascara de contacto y presumiblemente de “amor” hacia la otra persona, con lo cual separarme implicaría una traición.

 

Fritz ya mencionaba que no todo contacto es sano, ni todo retraerse es enfermo. Justamente una característica del neurótico, es que no puede establecer un buen contacto ni a su vez puede organizar su retiro. Es muy probable que la retirada sea satanizada, porque aparentemente nos deja en soledad y despoja de aquello que estamos deseando y deseamos. Esa soledad en donde puede ser una oportunidad de encontrarnos a nosotros mismos y de encararnos, cómo estamos llevando nuestra vida, lo convertimos sin embargo en un obstáculo hacía mí mismo y en mi relación con el otro. Al tener angustia a la soledad y a quedarnos solos, la retirada se nos presenta como un demonio que nos quiere llevar a la ruina, al estancamiento, al desamor, al desapego, al sufrimiento,  pero que, en última instancia nos presenta una figura que no somos más que nosotros mismos. y que si bien hay una interdependencia con el medio, pareciera que la situación nos señalara de manera confrontantiva si tenemos la capacidad de decir: “Yo soy yo, y tú eres tú …”.

 

Éste mensaje de Fritz, puede ser mal interpretado pecando de subjetivismo y de fomentar el egoísmo,  sin   tener en cuenta a un otro. Creo que el real mensaje es que nos encontremos a nosotros mismos, para poder ir al encuentro del otro, en donde no sólo existe el “yo” sino que el “tú” le da sentido y peso, y viceversa. En la línea de Buber no existe un “Yo” sin un “Tú”. El Yo del Yo-Tú se refiere al “tú” la otra persona es interpelada directamente como persona. Así mismo se puede unilateralmente tratar a otra con una actitud Yo-Tú, pero la forma más elevada del Yo-Tú es entre dos personas, cada uno refiriéndose al “tú”, siendo así mutuo y completo. De manera tal que podemos ser nosotros por un momento, sin perder nuestra individualidad.

La confluencia entonces se nos presenta con una de sus mejores caretas, y que se camufla muy bien en el ámbito emocional, llamándose “enamoramiento”, hasta inclusive “amor”, siendo socialmente aceptado, distorsionando a su vez el término “nosotros”, como una dependencia, un apego, una simbiosis, en donde sin el otro no hay sentido para mi vida y que, en definitiva, puede ser mortal: “Si no eres mío, no eres de nadie”.

 

Contacto no es fusión:

Antes de introducirnos y profundizar sobre la confluencia propiamente dicha, creo que es necesario tocar algunos conceptos que nos ayudarán a entender mejor esta dinámica en la relación de pareja. El campo organismo/ambiente y la díada contacto-retirada.

El individuo es un ser social. Vive en un entorno del que no se le puede abstraer a no ser artificialmente. La Terapia Gestalt enfoca al individuo desde el punto de vista del campo organismo/entorno; con lo cual se consideraría el comportamiento como una resultante de esta interacción con el campo, manifestando así la no-separación entre ser individual y ser social del hombre. Yontef definiría el campo como una red sistemática de relaciones, en la cual el campo, “es una  totalidad de fuerzas que se influencian recíprocamente y que en conjunto forman un todo interactivo unificado”. De esta premisa se desprende que la conducta es el resultado de interacciones entre dos o más hechos, en donde se necesita de un “Yo” y un “Tu”. En suma el comportamiento del hombre (individuo/social) es un fenómeno de campo, en donde hay una afectación mutua entre el individuo y el ambiente.

De las afirmaciones anteriores  podemos decir que necesitamos de un ambiente para intercambiar sustancias esenciales, sea en el ámbito físico (aire, alimentos, etc.) social (amistad, amor, rabia), etc. lo cual nos lleva a la autoconservación de la especie, y no sólo ello, sino también al crecimiento, es decir, al ajuste creativo a las situaciones siempre nuevas en un mundo cambiante, experiencias que transforman a la vez el entorno y al individuo; lo cual nos muestra que el individuo es, inevitablemente en todo momento, parte de un campo. La auto-preservación y el crecimiento son los dos polos de un mismo proceso: sólo lo que se preserva puede crecer por asimilación, y sólo lo que asimila la novedad puede preservarse, no degenerar.

Perls, Hefferline y Goodman describen el contacto en los términos que siguen:

“… Fundamentalmente, un organismo vive en su medio manteniendo sus diferencias y, lo que importa aún más, asimilando el medio a sus diferencias. En la frontera es donde se rechazan los peligros, se superan los obstáculos y se selecciona y apropia lo asimilable. Ahora bien, lo seleccionado y asimilado es siempre nuevo; el organismo subsiste asimilando lo nuevo, mediante el cambio y el desarrollo. Primordialmente, el contacto es la conciencia de las novedades asimilables y el comportamiento correspondiente hacia ellas, y el rechazo de la novedad inasimilable. Lo que invade, lo que se mantiene siempre igual o lo indiferente, no es objeto de contacto”.

Para contactar con el “mundo”, actuamos mediante dos sistemas: Lo Sensorial (Orientación) y lo Motor (Manipulación). Para satisfacer sus necesidades el organismo tiene que encontrar sus suplementos  necesarios para su sobrevivencia en el ambiente. La Orientación, nos servirá entonces para  descubrir lo requerido del ambiente que satisfagan sus necesidades. Eso quiere decir que dentro de muchos objetos se elige el de principal interés, que es la figura emergente en ese momento. Inmediatamente una vez reconocido el objeto para la satisfacción, el organismo tiene que Manipular el objeto que necesita del ambiente, tomando acción para satisfacer su necesidad y así el balance organísmico se restablece, la gestalt se completa.

Por ejemplo cuando un deportista corre una maratón, y al culminar la carrera, necesita rehidratarse (Orientación: descubrir lo que necesita en ese momento, que es agua) y al ir a una tienda lo primero que hará es adquirir una bebida (Manipulación: irá caminando hacia la tienda y beberá la botella de agua), sin confundirse con un alimento sólido.

El  Contacto entonces nos servirá no sólo como medio de supervivencia sino también como crecimiento, tanto en el plano biológico como mental. Para un pleno contacto, la consciencia activa es un requisito indispensable, así puedo reconocerme como alguien único, tanto en mi percepción de mi mismo, de mi cuerpo, de mis sentimientos y de mi ser. Y a su vez definir al otro como un no-yo, con el que puedo entrar en contacto. Marie Petit menciona respecto al contacto:

 “Hay contacto  cuando dos figuras bien diferenciadas, definidas cada uno por sus propios límites, están unidas en su periferia por una relación dinámica”.

Entonces cuando soy consciente que el otro es un no-yo y que existe apreciación de nuestras diferencias, puedo entrar en contacto con el otro. Un ejemplo simple del contacto, es el de la relación que me une a algún elemento sólido (pan), en donde para comerlo, tendré que haber fijado los límites del pan (volumen, textura, color, olor, etc.) y a su vez habré definido mis propios límites, es decir, localizar el lugar tanto de mi boca, como de la posición de mi dedos al sujetar el pan. Si no existiera este estado de vigilancia en la relación con el objeto, correría el riesgo de morderme la mano. Tanto si el contacto tiene lugar con un elemento del mundo exterior como si lo tiene con un elemento del mundo interior, necesita la intervención de la conciencia activa que sitúe los límites, las fronteras de uno y/u otro objeto.

Para los Polster (Erv y Miriam) el contacto es la savia vital del crecimiento, el medio de cambiar uno mismo y la experiencia que uno tiene del mundo. El cambio es producto forzoso del contacto, ya que apropiarse la novedad asimilable o rechazar la inasimilable conduce inevitablemente a cambiar. Si una persona que dice que es igual a su padre, y no lo cuestiona, y no cuestiona sus mensajes (introyectos), no habrá establecido un contacto, ya que el contacto es implícitamente incompatible con el hecho de seguir siempre igual. No es necesario que uno se proponga cambiar a través de él, porque el cambio se produce de todos modos. Entonces el contacto difiere de sólo un mero acoplamiento ya que se mantiene un sentido tal de separatividad que la unión no amenaza avasallar a la persona. Solo puede existir entre entes separados, que siempre necesitan independencia.

Este “contactarse con” y “retirarse del” ambiente, mencionaba Fritz que son las funciones más importantes de la personalidad integral. El contactar el ambiente es en cierto sentido la formación de una gestalt. El retraerse es cerrarla  completamente, o bien reunir sus propias fuerzas para posibilitar el cerrar la gestalt. El boxeador hace contacto con la mandíbula de su contrincante, pero no deja su puño ahí. Lo retira  para dar el próximo golpe. Si el contacto es demasiado prolongado se torna inefectivo o doloroso; si el retiro es demasiado prolongado, llega a intervenir en el proceso de la vida, eso quiere decir que la retirada cumple una función que autoriza, una vez satisfecha la necesidad, a alejarse de su objeto, a tomar la medida de su ser, la consciencia de su totalidad, consciencia que le permitirá ocupar su lugar a un nuevo proceso de contacto.

El contacto y el retiro, en su forma rítmica, son nuestros medios de satisfacer nuestras necesidades, de continuar los procesos siempre en transcurso que constituyen la vida misma. Entonces qué podríamos decir acerca de cuál sería su antítesis del contacto/retirada o qué impide su normal funcionamiento. Al verse interrumpido este ciclo necesario para nuestro organismo, al no poder entablar un nuevo contacto e ir hacia el entorno, ¿qué nos limita para un buen contacto con la pareja? Como hemos mencionado el contacto difiere  totalmente de un sentido de acción física, minimizando así su potencial.

Cuando una persona decide establecer una relación de pareja (sobre todo en la fase del enamoramiento), comienza a preocuparse más por la otra persona que por sí misma, dejando en un segundo plano, sus propias necesidades y procurando satisfacer las necesidades de su pareja, a pesar de que eso vaya en contra de sus principios, valores, inclusive de su propia integridad. Así pues la relación llega a un punto tal, que la satisfacción como pareja (Nosotros) está totalmente disminuida, y el mismo efecto recae en la individualidad (yo), en donde el temor por mostrarse como se es o lo que se desea según sus necesidades, termina dependiendo del otro y por si fuera poco, también lo responsabiliza de su propia felicidad.

En este tipo de relaciones, el sentido de pareja perdió su función nutritiva y de crecimiento, sin embargo los vínculos permanecen a pesar de ser tóxicos, algo los une, quizás su patología sea el imán. Fritz mencionaba que no hay que olvidar el hilo que conduce del síntoma a la gestalten escondida/inconclusa y como todos venimos de una historia, somos hijos de nuestra historia y lo que me está sucediendo aquí y ahora, cuando no es resuelto, se constituye en una actualización de aquello que nos pasó, siendo ahora nosotros responsables de ello.

Así pues cuando hablamos de este tipo de relación de pareja nos estamos refiriendo a un bloqueo del contacto que podríamos tener con el otro, es decir, hablamos de la confluencia.

 

La confluencia:

 “Te veo, te toco, te doy, te deseo. Tú y yo somos nosotros por un momento. Pero si continuamos demasiado tiempo, nos perderemos el uno en el otro. Ya no hay contacto sino una fusión que a la larga se hace mortal, puesto que me impide instaurar otros contactos necesarios para mi crecimiento. Si quiero vivir es preciso que te deje, nos encontraremos más adelante”.

 (Fritz Perls)

Si la confluencia es definida por Perls y Goodman como “la condición de no-contacto (no hay fronteras del self), aunque otras interacciones importantes continúen desarrollándose, por ejemplo, el funcionamiento fisiológico, la estimulación ambiental, etc.”, entonces es pertinente considerar que “confluencia” y “no-conciencia” coinciden esencialmente en un solo y mismo fenómeno, llamado “no-contacto”. Se hace referencia  al no-límite entre uno y el otro, las partes se hacen indistinguibles entre sí. No sabe hasta dónde llega él/ella mismo(a) y dónde comienzan los demás.

Fritz menciona y hace una clara distinción entre la confluencia patológica y una confluencia “sana” “no- crónica” o “normal”. La confluencia “Sana”  se da en los niños recién nacidos en donde no hay una distinción entre ellos mismos (bebé) y el otro (Madre). En los rituales religiosos, en donde hay una identificación con el grupo, y ésta disolución temporal es experimentada como algo muy impactante. Jean Marie Robine al respecto menciona que la confluencia sana se refiere a este fondo movilizable, accesible al contacto, accesible a y por la conciencia.” Además remite a lo que ha sido asimilado, eventualmente olvidado, y en adelante forma parte integrante del individuo, constituyendo así su sistema de sostén necesario para el comienzo de nuevos contactos.

La confluencia patológica por el contario se caracteriza por la no-accesibilidad de algunas de nuestras experiencias. Cuando es crónico el individuo es incapaz de ver la diferencia entre él mismo y los demás. Algunas características de la confluencia “patológica” (que llamaremos de aquí en adelante simplemente confluencia) que resalta Fritz son:

•Exigencia de similitud y negación de la tolerancia a las diferencias

•Utiliza el término “nosotros” indiscriminadamente.

•Pérdida de los límites de sí mismo.

•Cero contacto y retirada.

Exigencia de similitud y negación de la tolerancia a las diferencias.- La exigencia en la similitud parte de la idea de que necesito en el otro un “complemento” para ser un “ser total” es decir completarme, no siendo diferentes, sino por el contrario siendo “iguales”, es decir, la necesidad de una otredad para introyectarlo y convertirlo en un sustituto del yo. Así pues para sentirse comprendido, se necesita de alguien que piense, sienta, hable, etc., como uno mismo, negando cualquier asomo de diferenciación entre la pareja, ya que eso significaría indicios de independencia que sería una amenaza latente para la relación confluente.

Pérdida de los límites de sí mismo.-  Es decir, se ha perdido el sentido del “Sí mismo” y no es figura y no está definido por la afirmación personal y la clara conciencia que el sujeto tiene de sí y del ambiente. No hay una retribución intrínseca en sus actos, ya que lo que hace está determinado por la otra persona, además de ser la única capaz de valorar ello. No hace las cosas porque le guste: no tiene suficiente contacto consigo mismo ni de sus límites, para saber cuándo le gusta lo que hace. Su preocupación decanta y está condicionada si a otros les gusta lo que hace.

Cero contacto y retirada.- En la confluencia, su ritmo de contacto-retirada  está descompuesto. No puede decidir por sí mismo cuando participar y cuando retirarse, porque todos los asuntos inconclusos de su vida, todas las interrupciones de los procesos en transcurso, han perturbado su sentido de la orientación y ya no puede distinguir, ni sabe cuándo o de qué retirarse, no puede escoger medios apropiados para cumplir sus metas, porque no tiene la capacidad de ver las opciones que tiene por delante. Se ha pensado como menciona Jean Marie Robine que en la confluencia hay un aferramiento al contacto, sin embargo en lo que el sujeto se aferra es al acabamiento de una situación anterior que le facilitaba satisfacción y seguridad, que se ha vuelto caduca. El crecimiento se interrumpe,  pues la novedad se rechaza. No hay contacto, no hay figura que se destaque de un fondo.

La confluencia se remite además a la introyección, mensajes que hacían que  la necesidad de retirada sea sumamente criticada por el entorno. Aquí algunos ejemplo que menciona Marie Petit respecto al tema:

 “Jamás abandonará a su querida mamá”, dice la madre al pequeño

“¡Así que ya no quiere a su nona!”, reprocha la abuela al niño que rechaza el apapacho para marcharse a jugar con sus cochecitos.

“Acaba la sopa, come tu puré”, gritan las personas mayores al pequeño que ya no tiene hambre y quiere abandonar la mesa.

Y, como se es amable, un poco temeroso y no se quiere hacer daño a nadie, uno “se pega” a su mamá, a su abuela, a su puré y más tarde a su cónyuge. Y con éste último un posible diálogo sería.

-“Tengo ganas de estar solo”

-¡Ay, ya no me quieres!

Utiliza el término “nosotros” indiscriminadamente.- la figura sería como una carrera de tres piernas, concertada entre dos personas que consienten en no disentir, un contrato en donde las cláusulas están en letras muy pequeñas, aunque posiblemente no lo sepa más que una de las partes. El “nosotros” sin previamente definirse y limitarse como un “yo” o un “tú”, convertiría la libertad de una persona, en dependencia exclusiva del consentimiento de otra, así pues se pierde el sentido del poder que debe ejercer para definir su propio espacio psíquico y defenderlo contra las incursiones naturales. El “nosotros” puede llegar a ser la excusa  perfecta (que no es más que un auto-engaño) para dejar en manos del otro, la toma de decisiones y eligiendo así, cuales son las necesidades que debo cumplir, sin importar, claro está, mi verdaderas necesidades. Su frase sería “Eres responsable de mi vida y de mi felicidad”

 

Factores que favorecen la confluencia:

Según resultados de una investigación sobre confluencia en la relación de pareja (Revista Mal-estar e Subjetividade – Fortaleza – Vol. IX – Nº 4 – p. 1103-1119 – dez/2009) se halló tres principales factores que favorecen a la relación confluente que son: Historia personal, baja autoestima y falta de límites.

a) Historia personal

Aunque ha sido parte de la teoría de la terapia gestalt, los clichés del aquí y ahora que han sido distorsionados y mal definidos, llevaron muchos a considerar que sólo los sentimientos acerca de las situaciones presentes en este momento y lugar eran en el aquí y ahora, dejando de lado y restándole atención a la historia y eventos de la vida, que son huellas que se reconocen en el presente.

Para Yontef la recuperación de los antecedentes ha sido uno de los aspectos  del cambio de la actitud clínica. Nos dice que: “En los últimos años la terapia gestáltica se ha dirigido hacia una síntesis entre el contexto de los antecedentes  y la figura del momento. He descubierto  un mayor valor en el guión vital del paciente y de la relación que da contexto y significado al aquí-ahora. Esta preocupación por los antecedentes es consecuente con una comprensión precisa del significado que da la terapia gestáltica al aquí-ahora. El aquí y ahora es en el tiempo y en el lugar del darse cuenta. El propio darse cuenta es aquí y ahora, pero su objeto es con frecuencia, un evento que está fuera de la sala, en el pasado, o es una anticipación”.

La historia personal resaltará dos aspectos importantes, que son: El modelo de pareja presentado por los padres y la falta de aceptación de personas significativas durante la infancia. En el primer caso, se da la actualización con la pareja, según el modelo con el que creció y aprendió a relacionarse con los demás. El segundo aspecto, la persona intentará busca satisfacer con su pareja, necesidades interrumpidas durante la infancia. Tratando de llenar con “ayuda” del otro sus propios agujeros.

• La participante “A” mencionó: “las cosas en mi casa no estaban bien, mis papás peleaban mucho, pues mi papá tomaba y eso a mi mamá no le gustaba”.

La participante “B” dijo al respecto, “mi papá murió hace 5 años…su vicio eran las mujeres, le fue infiel a mi mamá y llegó a tener hijos con ellas… y yo creo que era eso, me sentía sola pues no tuve hermanos varones y mi papá falleció”.

La participante “C” comentó “yo crecí con mi mamá, nada más, siempre quise tener también a mi papá… yo esperaba que alguien me quisiera, yo gritaba que alguien me quisiera, porque ni siquiera mi mamá ni ningún hombre me lo dijo, y como que era mi necesidad de encontrar quien me quisiera y que yo le importara”.

b) Baja autoestima

 La autoestima o el amor a uno mismo es la base primordial para que exista una relación verdaderamente saludable entre dos personas; por lo que la falta de ella puede llegar a influir para que la persona establezca una relación confluente, en la que sea más importante la otra persona que uno mismo. Justamente la persona de baja autoestima recurrirá, a una persona que le brinde amor y aparente seguridad, esa seguridad que vemos en el otro, es aquella polaridad que no reconocemos en nosotros mismos.

•La participante SO comentó “a mí me hacía ver que nadie me iba a querer, que el único valor que yo tenía era porque él estaba conmigo… que él me va a aceptar, que él es mi amigo, mi novio... “Siempre me consideré moldeable y débil, y bastante sensible”.

La participante NI expresó: “Soy débil, en cierta manera, pero soy también una persona que está como muy sentida con la vida… Hay muchas cosas en mí que me hacen sentir mal, no me siento nada fuerte, siento que cualquier persona me lastima, aunque no sea así”.

c) Falta de límites

Como ya hemos mencionado, la falta de límites está relacionado con la incapacidad de identificar las fronteras que existen entre lo que se quiere y necesita de lo que quiere la pareja, para poder definir y respetar las propias ideas y proyectos. En la investigación se encontró que no existe una distinción clara entre lo que ellas necesitan y lo que necesita su pareja. Así mismo el miedo de establecer límites dentro de la relación, se debe a la preocupación por el abandono por no ceder a las peticiones de su pareja.

• La participante ES dijo: “la relación era inestable, pues nunca supe que fuimos, amigos o novios, nunca hubo estabilidad.”

SO mencionó: Para él, la solución a las discusiones era tener sexo, y para mí no, era necesario hablar, entonces yo siempre termine cediendo en esa relación, en todo, en todo.

• NI expresó lo siguiente: “Puedo decir que sí había cosas buenas, de cierta manera con él, mientras yo hacía lo que él decía”.

Estos tres factores que favorecen a la confluencia en pareja, coinciden en gran medida, de las características que se plantean en la teoría de la terapia gestalt, esto no quiere decir que sean fijos estos factores que promueven la relación confluente, seguro que hay más. A partir de ellos se generan también sentimientos que se darán en las relaciones confluentes. Erv y Miriam refieren que los sentimientos que acompañan generalmente son sentimientos de Culpa y Rencor.

Con la culpa, si una de las personas advierte que ha violado la confluencia, se siente obligada a disculparse o a pagar una indemnización por incumplimiento del contrato.

Con el rencor,  la que se siente víctima, experimenta una virtuosa resignación y amargo resentimiento. Está lastimada y ofendida. Tiene que obtener algo del ofensor. Exige por lo menos que se sienta culpable por lo hecho y que se esfuerce hasta la extenuación por disculparse y desagraviarla.

 

Confluencia como alteración en el metabolismo mental: una agresividad incompleta:

Los Polster nos dicen que un antídoto eficaz contra la confluencia es la díada contacto/retirada. El sujeto debe empezar a experimentar las elecciones, necesidades y sentimientos  que son exclusivamente suyos, y que no tiene por qué coincidir con los de otras personas. Debe aprender que puede afrontar el terror de separarse de esas personas y seguir vivo.

Si el contacto/retirada es el antídoto de la confluencia, y si por contacto además entendemos la asimilación de lo nuevo, mediante el cambio y desarrollo para un crecimiento biológico y mental, la confluencia sería entonces el resultante de una interrupción en ese desarrollo, una alteración en el metabolismo mental debido a una  agresividad incompleta, por el cual lo diferente, no ha sido asimilado sino más bien tragado, exigiendo similitud para ser parte de uno mismo.

Sabemos que por metabolismo biológico Fritz se refería a que, si una unidad quiere expandirse, como en el crecimiento de una personalidad individual, tal unidad necesita la agresión para destruir la resistencia con que se encuentre. A menudo pensamos que destruir es aniquilación, pero no podemos destruir una sustancia importante para nosotros de manera de hacer nada. “Destruir” significa desestructurar, romper en partes, para hacer asimilable la sustancia externa que incorporamos a nuestro organismo. El crecimiento del organismo se produce al integrar nuestras experiencias, esto es, con la asimilación al organismo de las sustancias físicas, emocionales e intelectuales que el ambiente ofrece y que satisfacen una necesidad. Si no hay asimilación, nos quedamos con los introyectos, las cosas son tragadas enteras, no hacemos propio el material foráneo. Así la agresión es esencial para la subsistencia y el crecimiento. No es una invención  del demonio, sino un medio de la naturaleza

Entonces el metabolismo mental tendría las mismas características del proceso organicista/biológico. Al verse alterado e interrumpido el proceso de contacto/retirada, la confluencia sería una agresividad incompleta, simbólicamente, un morder, un masticar y una digestión incompleta de la pareja, que podría remitirse al modelo de los padres, profesores, sociedad. Quizás parte de ese alimento no fue hecho para ese organismo, nunca debió probarlo siquiera, no masticó su realidad, no cuestionó sus no-diferencias, aceptándolo sólo con una condición: “ser iguales”; Se convierten de un posible “Yo-Tú” a un “Yo- sustituto del Yo” Introyectó a su pareja, y con ello sus ideas, pensamientos, necesidades, sin digerir. Quizás esa persona nunca tuvo real contacto con su pareja, quizás nunca fue una relación nutritiva; sin embargo lo tragó a la fuerza, Lo que sigue siempre igual no es objeto de contacto. Todo esto debe ser vomitado.

El organismo entonces entorpecido con esta introyección (la no-asimilación), pierde su apropiada discriminación; de reconocer quién soy yo y quién no soy yo, desensibilizándose y haciendo elecciones equivocadas, de acuerdo a necesidades “ajenas”.

Por otro lado, otra parte de ellos pudo haber sido potencialmente saludable, pero fue ingerido en el momento incorrecto o en dosis equivocadas, de modo que nunca llegó a ser digerido. Al decir que “fue ingerido en el momento incorrecto o en dosis equivocadas”, hago referencia a que no hay específicamente un momento correcto, sin embargo hay un momento incorrecto que sí podría ser de manera general, que es cuando aún no se han solucionado ni trabajado asuntos personales, gestalten inconclusas, aferramientos a situaciones pasadas, una vez superado podemos pasar al encuentro y entrar en contacto con otras personas y necesidades. Un cuento que grafica muy bien como a pesar del sufrimiento, y de un daño mutuo en la pareja, su aferramiento al otro sigue perenne e intacto.

Cuenta una fábula sufí que un joven llamado Nasrudín llegó a un pueblo después de muchas horas de travesía por caminos polvorientos. Estaba acalorado y sediento. Dio con el mercado y allí vio unas frutas rojas desconocidas, pero aparentemente exquisitas y jugosas. La boca se le hizo agua. Fue tanto su júbilo que se compró cinco kilos. Buscó la sombra de un buen árbol en una calle tranquila y empezó a comérselas. A medida que comía, sentía un calor más y más intenso en la cara y en el resto del cuerpo. Empezó a sudar copiosamente, y su rostro y su piel se volvieron de un rojo encendido. Pero él siguió comiendo. Un viandante pasó por su lado y, sorprendido, le preguntó:

  • Pero ¿qué haces  comiendo tantos pimientos picantes con este calor tan terrible?

Y Nasrudín contestó:

  • No estoy comiendo pimientos, me estoy comiendo mi inversión.

A menudo, las personas nos comemos nuestra inversión en la pareja aunque nos siente mal, aunque experimentemos la relación como equivocada o desvitalizante. Pero lo prudente y positivo puede ser abandonar el empeño, saber soltarse, deponer las armas, reconocer las señales de tensión del cuerpo cuando lo que vivimos no nos produce satisfacción ni nutre a la pareja. Porque una pareja mantiene su sentido mientras sigue siendo nutritiva, creativa, y un campo abonado para acoger los movimientos del alma profunda de sus miembros. Hay que rendirse, soltar lastre, desapegarse, aceptar. Rendirse es el acto más humano de todos, porque nos enseña los límites, aquello que se nos posibilita y aquello que se nos niega, aquello que no es posible a pesar del amor, y aquello que es posible más allá del amor.

Una sana relación crece a partir del contacto. A través del contacto las personas crecen y forman su identidad. El contacto es la experiencia del límite entre mi “yo” y mi “no-yo”. Es la experiencia de interactuar con el otro, manteniendo al mismo tiempo una identidad propia separada del no-yo. El contacto es el remedio natural para la relación confluente, se trata de asimilar al otro, es decir, apreciar lo mejor de él y saber que sus diferencias, no son defectos, sino que es lo mejor que puede pasar en una relación de pareja, ya que a través de esas diferencias pueden enriquecerse y aprender ambos. Una frase muy preciosa de Carmen Vazquez Bandín y que es el título de su último libro es “Sin ti no puedo ser yo”  es el aspecto relacional de la terapia gestalt que es aplicable en pareja, no se trata de ser entes individuales ni tampoco dependientes, se trata de encontrar un punto medio, en donde “Yo soy yo, también gracias a ti”  y de esta manera la relación de pareja, sea una co-creación y co-crecimiento, en donde el desarrollo de una actitud del ”tú” sea mutuo y que en definitiva es la forma de contacto más altamente desarrollado en la pareja.

 

BIBLIOGRAFÍA

Pacheco, B.; Reyes, C. & Villar, T. (2009) La confluencia en la relación de pareja como limitante para el crecimiento: una visión gestátlica. Revista Mal-estar e Subjetividade – Fortaleza – Vol. IX – Nº 4 – p. 1103-1119.

Perls, F. (1974). Sueños y Existencia. Chile: Editorial cuatro vientos editorial.

Perls, F. (1976). El enfoque gestáltico y testimonios de Terapia. Chile: Editorial           cuatro vientos.

Perls, F. Moralidad, límite del ego y agresión, en J.O Stevens, Esto es Gestalt, págs. 21-26.

Perls, F., Hefferline, R. & Goodman P. (2002). Terapia Gestalt. Excitación y crecimiento de la personalidad humana. Madrid: Sociedad de cultura Valle-Inclán.

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Polster, E. y  M. (1975). Terapia gestáltica. Argentina: Amorrortu editores.

Yontef, G. (1995).Proceso y diálogo en psicoterapia gestalt. Chile: Editorial           cuatro vientos.

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